Cherchesov, cómo poner el bigote de moda sin ser hipster

El seleccionador ruso, en un momento del partido de cuartos de final ante Croacia
El seleccionador ruso, en un momento del partido de cuartos de final ante Croacia

Si Kurban Berdyev hubiera dicho que sí a la oferta de la Federación rusa, Stanislav Cherchesov no sería hoy uno de los grandes nombres del Mundial. Pero el técnico que dirige los partidos desde el banquillo con un «rosario» en la mano dijo no y la opción Cherchesov volvió a activarse. Está claro que en Rusia buscaban un entrenador de esos que sacan mucho rendimiento a plantillas más bien limitadas y eso es lo que ha hecho este ex portero de famoso bigote y fuerte carácter. Podría ser algo así como el Tite ruso, es decir, un técnico que se limita, y no es poco ni fácil, a jugar de la manera que mejor se adapta a los futbolistas de los que dispone. Rusia llegaba a su Mundial tras una mala serie de amistosos, con muchos empates y derrotas y pocas victorias. Impensable creer que llegarían a donde lo han hecho y mucha parte de culpa la tiene Cherchesov. Dice que en fútbol profesional no existen los sueños, sólo objetivos por cumplir. Un pragmatismo que lleva a su pizarra y, si el rival es España, hay que plantar el autobús desde muy pronto y esperar que pase un mundo y lleguen los penaltis. Contra Croacia cambió un poco el plan para buscar más arriba a los balcánicos y ahogar su salida de balón. El rudimentario plan fue ganando confianza con el apoyo de todo el país, pero gastó todas sus vidas en la prórroga ante los croatas. Para la tanda no le quedaban más guiños del destino a los anfitriones que, según su técnico, lo harán mejor en Qatar 2022. Así de claro lo tiene Cherchesov, que no tiene un bigote tan glamuroso como el de Hiddink ni la historia de Capello, pero ha superado al frente de Rusia a estos dos mitos del banquillo. Ha vuelto a poner de moda el bigote en el fútbol, que sólo había regresado a la actualidad en el universo hipster. Como futbolista fue portero y también lo llevaba, más poblado y combinado con esos pantalones largos y negros típicos de los guardametas de los años 80 y parte de los 90. Con el Spartak de Moscú eliminó al Real Madrid de la Copa de Europa en 1991. Era el portero de aquel equipo en el que jugaban unos jovencitos cuyos nombres luego serían muy conocidos: Karpin, Mostovoi y Radchenko, entre otros. Su único partido como guardameta en una Copa del Mundo fue el 6 a 1 de Rusia a Camerún en el Mundial de Estados Unidos 94. Salenko marcó cinco tantos y el único de los africanos se lo hizo Roger Milla a Cherchesov, convirtiéndose en el goleador más veterano de la historia del torneo. En 2002, casi ya retirado, fue en la convocatoria rusa, pero no participó. Nunca fue una estrella, ni con los guantes puestos ni en los banquillos. Pero su país necesitaba mano de hierro, inteligencia y pragmatismo y él ha convertido la receta en éxito. Casi semifinalistas cuando nadie daba un rublo por ellos, eso sí, con el apoyo de Putin, que lo llamaba por teléfono para darle ánimo.