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Deportes

Juegos Olímpicos de Invierno: "Se han usado diez mil preservativos, hay 2.800 atletas... echen cuentas"

El portavoz del COI bromeó sobre uno de los grandes asuntos de los Juegos que se disputan en Italia

FOTODELDÍA MILÁN (Italia), 15/02/2026.- Los anillos olímpicos antes del programa corto de patinaje en pareja de las competiciones de patinaje artístico en los Juegos Olímpicos de Invierno Milano Cortina 2026, en Milán, Italia, el 15 de febrero de 2026. EFE/EPA/WU HAO
El sexo, protagonista en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán Cortina 2026WU HAOAgencia EFE

Los preservativos y el sexo están siendo protagonistas de los Juegos Olímpicos de invierno porque hay cosas que solo suceden cuando colocas a 2.800 jóvenes sanos, entrenados hasta el agotamiento físico y emocional, en espacios reducidos durante semanas. La vida olímpica, esa que no sale en las retransmisiones de entre medalla y medalla, transcurre en pasillos estrechos, comedores comunitarios y habitaciones. El deporte no se limita a lo que ocurre sobre la nieve o el hielo.

Así, los diez mil profilácticos que la organización había distribuido con la diligencia propia de quien reparte botellitas de agua o credenciales de acreditación se evaporaron nueve días antes de la clausura. Es el tipo de déficit que no se soluciona con una rueda de prensa ni con declaraciones institucionales, sino con camiones.

Mark Adams, portavoz del Comité Olímpico Internacional, compareció ante la prensa con esa ironía educada que solo los británicos dominan cuando hablan de asuntos incómodos. "Claramente esto demuestra que San Valentín está en pleno apogeo en la villa", declaró, antes de añadir con la precisión estadística de un contable: "Se han usado diez mil, hay 2.800 atletas... pueden hacer números, como suele decirse". Luego vino la joya: "La regla 62 de la Carta Olímpica establece que tenemos que tener una historia sobre preservativos. Más rápido, más alto, más fuerte, juntos". No existe tal regla 62, por supuesto, pero la broma funcionó porque condensaba décadas de tradición olímpica no oficial: en cada edición de los Juegos, alguien termina contando preservativos.

Repartir preservativos, una práctica habitual

La práctica de repartir condones entre deportistas viene de antiguo, parte de esa extraña mezcla entre puritanismo sanitario y realismo pragmático que caracteriza a las grandes instituciones. El objetivo oficial es promover relaciones sexuales seguras entre atletas, como si el COI fuera una especie de ONG dedicada a la salud pública con un presupuesto de varios miles de millones. En París 2024 , se entregaron 300.000 preservativos para unos 10.500 atletas, lo que arroja una media de casi treinta por persona. Aquí, en estos Juegos de Invierno, con un tercio de participantes, el cálculo inicial fue de 10.000. Error de bulto.

Existe un desajuste entre oferta y demanda que hubiera fascinado a cualquier economista de la Escuela de Chicago. Los organizadores, como tantas veces en la historia de la planificación humana, infravaloraron la capacidad de gente joven, sana, rebosante de energía y liberada temporalmente de sus rutinas habituales para hacer exactamente lo que la biología y la oportunidad les sugieren. No es un fenómeno nuevo: situaciones similares han ocurrido en Juegos recientes, siempre con el mismo patrón: distribución inicial, agotamiento prematuro, reposición de emergencia, sonrisas cómplices en las ruedas de prensa.

La vida en la Villa Olímpica

La organización reaccionó con la celeridad que el asunto requería porque al final, esto también es olimpismo: la logística de lo humano, ese terreno donde los ideales del barón de Coubertin se encuentran con la realidad de que llevas semanas entrenando seis horas diarias y ahora, por fin, has terminado tu competición y tienes una noche libre en una villa llena de gente exactamente en tu misma situación. Más rápido, más alto, más fuerte, juntos. El lema olímpico adquiere, e , una dimensión que probablemente sus creadores no anticiparon pero que resulta, en el fondo, perfectamente coherente con la idea de celebrar la condición humana en su máxima expresión atlética.