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Jesús España: «Mi coche tiene 300.000 kilómetros... Yo habré corrido los mismos»

Jesús España / Atleta. En los Juegos disputará el maratón. Fue de los que pidieron que se diera a conocer a los culpables de la «operación Puerto»: «Aunque el delito haya prescrito, que al menos se pongan colorados», dice

Jesús España
Jesús Españalarazon

En los Juegos disputará el maratón. Fue de los que pidieron que se diera a conocer a los culpables de la «operación Puerto»: «Aunque el delito haya prescrito, que al menos se pongan colorados», dice

Un día antes de viajar a Londres, en 2012, Jesús España (Valdemoro, 21/06/78) se rompió el tendón de Aquiles. Tuvo que ver los Juegos por televisión. Le costó volver y notó que ya no tenía la chispa para el 5.000. Decidió dar el salto a la gran prueba: el maratón. Se la jugó a una carta en Sevilla, donde afrontó por primera vez los 42 kilómetros y 195 metros. Logró la mínima y el billete para Río.

–¿Es el maratón tal y como se esperaba?

–Lo había vivido en tercera persona, sabía lo que es la preparación, pero hasta que lo corres no aprender algunas cosas. Llevo muchos años corriendo, pero en maratón soy un novato. En Sevilla, por ejemplo, del kilómetro 36 al 39 tuve un bajón muy grande, pero había entrenado esa fase de la carrera para que, digamos, mi cuerpo supiese lo que se siente.

–¿Se puede volver de un momento así?

–Yo lo hice, perdí tiempo, pero del 39 al 42 volví a coger mi ritmo... Hay un momento en el que se produce un agotamiento de combustible, del glucógeno, y el cuerpo tiene que tirar de grasa para mantener ese nivel... Es un tema metabólico. El maratón tiene un componente diferente a otras pruebas y es que agotas el combustible por completo. Hay veces en los entrenamientos que llegas a ese nivel de vacío y tú sabes que vas a pasar una pequeña mala fase, pero que te vas a rehacer. Al haberlo entrenado, psicológicamente yo sabía que eso se podía recuperar.

–El famoso «muro».

–No fue el muro como tal porque lo había ensayado, pero sí, digamos que me encontré con él, pero había una grieta y me pude meter...

–¿Se puede disfrutar?

–Yo lo hice. Me acompañó mi hermano los primeros 13 kilómetros, luego tuve otras «liebres» hasta el 26... La entrada al estadio... El maratón te pone las emociones a flor de piel. Llegas tan vacío que todo se magnifica, a nivel de sensaciones y de emociones. Lo pude vivir con mi familia; mi hijo salió a abrazarme...

–Y dejó una foto espectacular...

–La tengo en casa, porque refleja mucho de lo que es una preparación de maratón: no soy sólo yo, está el apoyo de la familia...

–¿Qué le dijo su hijo cuando le abrazaba, casi le sujetaba?

–Se saltó al de seguridad. Él me ha visto correr mucho, pero me vio tan cansado que, aunque es pequeño, me dijo: «¿Qué te pasa, papá?». Y le contesté que estaba muy cansado, pero que se pasaba enseguida. Le salió del alma. Es un momento inolvidable.

–¿Se puede bajar de dos horas en la prueba?

–Yo no lo voy a ver. El récord del mundo es 2:02:57. Bajar de dos horas sería como bajar de 9 segundos en los 100 metros. Parece poco, pero es mucho.

–¿Se pone alguna meta en Río?

–Como dice mi entrenador: en todas las pruebas, pero en maratón más, el objetivo es estar sano en la línea de salida, porque la preparación es tan exigente... Tengo que entrenar cada día y las lesiones son como los buitres, que están ahí sobrevolando siempre... Ya me quedé fuera una vez el día antes. Primero llegar allí al cien por cien; luego, un puesto entre los ocho primeros sería la leche, pero yo cuando sueño que corro los Juegos sueño que gano.

–¿Le preocupa el zika?

–Más la seguridad. Íbamos a ir mi mujer y mis hijos, pero al final irá sólo mi mujer porque nos da un poco de miedo.

–Usted pidió que se supieran los nombres de la «operación Puerto» y lo ha conseguido...

–Lo habíamos hablado muchos atletas y pensamos que en vez de hablarlo entre nosotros, a ver si el juez daba las pruebas para que identifiquen a los que estaban ahí metidos. Teníamos que hacer algo para que nuestra voz se escuchara y lo lancé yo. Al final se consiguieron muchas firmas y se logró el objetivo de que las pruebas pasen a las autoridades competentes. Falta que la IAAF, la UCI... analicen y cotejen el ADN y, aunque los delitos hayan prescrito, por lo menos que sepamos quiénes eran y, sobre todo, quiénes no, porque luego se especula y eso es muy triste. Que los que sean salgan y se pongan por lo menos colorados.

–¿Es duro saber que te gana alguien dopado?

–Es duro. Dedicas gran parte del año a entrenar, comer y dormir, centrado en un objetivo, y cuando ves que alguien que es peor que tú te gana haciendo algo ilegal da rabia. Por desgracia, yo lo he vivido. En 2003 quedé cuarto en un Mundial en pista cubierta, y segundo fue Alberto García, que a los 10 días dio positivo por EPO. Me viene a la mente Jesús Ángel García Bragado, que tiene una carrera increíble y ahora va a recibir la medalla de bronce de Pekín 2008 (el ganador dio positivo), pero se lo van a dar en su casa. Ya no estamos hablando de un tema económico, que te quiten patrocinadores; es un tema de la emoción de subir al podio o de escuchar el himno de tu país. Una carrera deportiva se puede justificar por un momento de ésos.

–Y ahora, lo de Sabadell.

–Tiene un componente negativo mínimo: que veas el atletismo asociado a dopaje. Eso no es atletismo. Pero lo positivo es que ves que van a por todos y en cierto modo nos sentimos protegidos. Estaba Jama Aden, el entrenador de Dibaba...

–Por cierto, ¿ha pensado cuántos kilómetros ha podido correr en su vida?

–Igual hago medias de 140 o 150 kilómetros a la semana, son muchas semanas a lo largo del año y desde el 90 son 27 años corriendo. Muchos... Tengo mi coche con trescientos y pico mil y yo habré corrido casi los mismos.