Ni Cristiano puede solo

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Cristiano metió a Portugal en el Mundial prácticamente solo, pero ganarlo es otra película muy diferente. Sin un equipo detrás será imposible, como quedó demostrado en la goleada que la potente y versátil Alemania, candidata número uno desde ya, le endosó al equipo de Paulo Bento. La selección lusa necesitó ir a la repesca tras una mediocre fase de clasificación que cerró con pocos puntos y aún menos fútbol. Pero fue ahí donde emergió la inmensa figura del actual Balón de Oro, campeón de Europa y mejor jugador de la temporada. El capitán y comandante de Portugal esgrimió «As Armas» contra la Suecia de Ibrahimovic con los cuatro goles de su equipo. Pero el Mundial es otra cosa, como se vio en Salvador de Bahía, terreno abonado para las dos grandes decepciones del torneo.

Mejor de blanco

Cristiano sufrió como un espectador más la exhibición de la «Mannschaft» y corroboró, tras una temporada triunfal en el Madrid, que no es lo mismo el blanco que el granate. Ni Modric limpia la salida de balón para que le llegue en situaciones de ventaja ni Benzema está a su lado para descubrir y ponerla en sus espacios favoritos. En su lugar se reencontró con la obtusa creación de juego que tiene Portugal y con un delantero, Almeida, al que tuvo que abroncar en la primera parte por no pasarle el cuero. Ni siquiera Coentrao, con quien ha fabricado numerosos automatismos en la banda izquierda del Bernabéu, fue de gran ayuda, lesionado al final. Y qué decir de Pepe, que terminó expulsado. «CR7» lo intentó. Se le vio rápido y resistente ante la dura vigilancia de Boateng. Incluso probó suerte un par de veces, sin éxito, ante Neuer. Pero no fue el Cristiano de siempre. Se le vio en el rostro durante los 90 minutos. Hasta el mejor caballero necesita escuderos.