
Energía
España cerró el año del apagón con récord solar y más gigavatios de autoconsumo que nucleares
El sistema encara el reto de integrar renovables sin sobresaltos después de batir también todos los registros de generación libre de emisiones, entre las tecnologías verdes y la nuclear
España batió en 2025 un récord histórico que marca un antes y un después en su sistema energético. El Sol, incluidas las instalaciones de autoconsumo, se convirtió por primera vez en la principal fuente de generación eléctrica del país.
Sin embargo, el pasado año será recordado también como el del apagón del 28de abril, que puso sobre la mesa uno de los grandes desafíos de la transición energética: integrar el crecimiento acelerado de las renovables sin comprometer la estabilidad del sistema.
A pesar de todo, el dato es contundente. La energía solar produjo el 22,6% de toda la electricidad generada en España en 2025, superando por primera vez a todas las demás tecnologías. La eólica quedó en segundo lugar con el 20,6%, mientras que la nuclear aportó el 18,1% del total. El Sol fue la gran pila nacional.
En términos absolutos, la producción fotovoltaica alcanzó 50,2 gigavatios hora (GWh) en 2025, un nuevo máximo histórico tanto en volumen como en peso dentro del mix energético, donde llegó a representar el 18,4% del total. Este avance consolida el crecimiento de una tecnología que se ha convertido en la gran protagonista de la transición energética.
Así lo refrenda el "Informe del Sistema Eléctrico 2025" elaborado por Red Eléctrica, presentado por el secretario de Estado de Energía, Jon Groizard, y la presidenta de Redeia, Beatriz Corredor.
El impulso de la solar está directamente ligado al fuerte aumento de capacidad instalada. Solo en 2025, España incorporó casi 10 gigavatios (GW) de nueva potencia renovable, de los cuales cerca de 9 GW correspondieron a plantas fotovoltaicas. Si se suman las instalaciones de autoconsumo, la cifra supera los 11 GW de nueva potencia limpia en un solo año.
Ese despliegue ha llevado a que las energías renovables alcancen el 55,5% de toda la electricidad generada en España, una proporción que se eleva hasta el 56,6% si se incluye la producción procedente de instalaciones de autoconsumo. En total, la generación renovable alcanzó 151 GWh, un 1,3% más que el año anterior, impulsada principalmente por la solar, que creció un 12,5%.
La evolución del sistema eléctrico español contrasta con la media europea. En el conjunto del continente, las renovables representaron el 47,9% de la generación eléctrica en 2025, por debajo del nivel alcanzado en España. De hecho, el país se sitúa ya como el segundo de Europa en generación y potencia renovable instalada, solo por detrás de Alemania.
El crecimiento de la energía solar no se limita a las grandes plantas. El autoconsumo también avanza con rapidez. Según Redeia, España ya cuenta con 9 GW de potencia de autoconsumo, principalmente en tejados residenciales e industriales. Esa cifra equivale a más capacidad que toda la potencia nuclear instalada en el país, un indicador de hasta qué punto la generación distribuida está cambiando el mapa energético.
Este despliegue renovable, sin embargo, plantea desafíos técnicos que el sistema eléctrico debe gestionar con precisión. Integrar una producción cada vez mayor de fuentes variables como el sol y el viento exige reforzar las redes, mejorar la gestión del sistema y aumentar las interconexiones con el resto de Europa.
Por ello, Corredor subrayó durante la presentación del informe la necesidad de seguir invirtiendo en infraestructuras eléctricas. Redeia prevé mantener un ritmo de inversión de 1.500 millones de euros anuales, muy por encima de los 400 millones que se destinaban antes de la pandemia, para adaptar la red a la nueva realidad energética.
El objetivo es lograr que el avance de las renovables se produzca de forma “eficiente y segura”, evitando tensiones o episodios de inestabilidad en el sistema eléctrico.
A esa transformación estructural se suma el aumento de la demanda eléctrica. En 2025, el consumo nacional creció un 2,8%, hasta alcanzar 256 teravatios hora (TWh). Si se incluye la electricidad generada mediante autoconsumo, la demanda real se eleva hasta más de 269 TWh, superando ya los niveles previos a la pandemia.
Este crecimiento es especialmente visible en la Península, donde la demanda subió un 2,9%, hasta rozar los 240 TWh, mientras que los sistemas extrapeninsulares -Baleares, Canarias, Ceuta y Melilla- también registraron incrementos.
Curiosamente, el consumo eléctrico crece menos que la economía, algo que desde el sector se considera positivo porque refleja una mayor eficiencia energética y el peso creciente de sectores productivos menos intensivos en electricidad.
El sistema eléctrico español generó en total 272,2 GWh en 2025. De esa producción, el 55,5% fue renovable, mientras que el resto correspondió a nuclear (19%), ciclo combinado (16,8%) y cogeneración (5,7%), entre otras tecnologías. En total, entre la nuclear y las renovables, 202.835 GWh se generaron sin emisiones, nuevo récord absoluto.
En paralelo, el carbón prácticamente ha desaparecido del mix energético. Su aportación cayó hasta solo el 0,6%, tras desplomarse un 50% en un año, en parte por la reconversión de la central térmica de Aboño II en Asturias.
El precio de la electricidad, por su parte, se situó en 83,45 euros por megavatio hora, un 9,4% más que en 2024, influido principalmente por el coste del gas, que sigue marcando el precio marginal del mercado. No obstante, el auge renovable provocó que durante más de 750 horas el precio fuese negativo.
España lleva además 50 meses consecutivos exportando más electricidad de la que importa, con ventas a países como Portugal, Marruecos, Andorra y Francia.
En ese contexto, Groizard defendió que el avance de las renovables no solo responde a objetivos climáticos, sino también a una cuestión estratégica. “Cuanto más podamos sustituir el gas y el petróleo importados por renovables autóctonas, más resilientes seremos”, señaló. Porque, en última instancia, la transición energética busca algo más que reducir emisiones: que la factura eléctrica de los hogares y de las empresas españolas no dependa de decisiones que se toman en Moscú, Washington o Teherán.
El recuerdo del apagón del 28 de abril de 2025, que dejó sin suministro a parte del sistema eléctrico, sigue presente en el debate sobre cómo gestionar este nuevo modelo energético. Sin embargo, el Gobierno descarta que exista riesgo de repetir un episodio similar.
La vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Sara Aagesen, aseguró este miércoles en Madrid que el Ejecutivo no tiene ninguna señal que apunte a un nuevo apagón. "Lo que puedo decir es que nosotros no tenemos ninguna señal de que se vuelva a producir un apagón", afirmó durante su participación en un desayuno informativo de Europa Press.
Según explicó, el Gobierno ya ha identificado el origen del incidente registrado en abril, que describió como un "descontrol en la tensión energética", y ha puesto en marcha un conjunto de medidas para evitar que vuelva a producirse.
Entre esas actuaciones figuran mejoras en la supervisión del sistema eléctrico, refuerzos para aumentar su resiliencia y políticas destinadas a acelerar la electrificación de la economía, uno de los pilares de la estrategia energética del Ejecutivo.
Aagesen también rechazó que exista una saturación real de la red eléctrica española. A su juicio, el problema no es la falta de capacidad, sino el gran número de proyectos que solicitan acceso a la red sin llegar finalmente a ejecutarse.
"Hay cantidad de accesos capturados por proyectos que realmente no se van a ejecutar. Eso es un grave problema", explicó la ministra.
Para afrontarlo, el Gobierno trabaja en aumentar la capacidad de la red con un incremento de las inversiones de hasta el 62%, al tiempo que prepara cambios regulatorios para evitar que proyectos especulativos bloqueen el acceso a la infraestructura eléctrica.
Entre las medidas previstas figura la introducción de garantías económicas y plazos de caducidad para los permisos de acceso, con el objetivo de asegurar que solo los proyectos viables y con capacidad real de ejecución ocupen la red.
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