Espacio
Del galeón al cohete
Ahora se trata de conquistar la Luna, mientras que en la Tierra seguimos sin arreglar asuntos bastante más modestos como la vivienda, el hambre o las guerras
La humanidad siempre ha tenido una extraña habilidad para envolver la ambición en palabras hermosas que disfrazan la realidad que se persigue, lo vemos en el lenguaje político. Primero fueron las grandes expediciones marítimas, aquellas aventuras supuestamente heroicas en las que unos hombres cruzaban el océano en nombre de Dios, de la Corona y de no se sabe muy bien qué altos ideales, aunque luego resultara que lo más urgente era encontrar oro, ampliar dominio y asegurar rutas comerciales. Ahora hemos cambiado las carabelas por cohetes, las armaduras por trajes espaciales y se habla de liderazgo espacial, pero el mecanismo moral sigue siendo el mismo, nos dicen que no vamos a conquistar sino a explorar, pero todo ello con logos institucionales y ruedas de prensa.
Ahora se trata de conquistar la Luna, sólo cambian los medios, la tecnología, la estética y la retórica, pero el objetivo de fondo sigue siendo el mismo de siempre, llegar primero, clavar el estandarte y empezar a hablar de oportunidades de negocio. Por eso, la Luna se parece cada vez más a una empresa con su consejo de administración, directivos e inversores, ya que todos hablan de conceptos clave del mundo empresarial como visión, misión, liderazgo y futuro, y lo primero que se debate internamente no es el paisaje sino quien se lleva los diferentes contratos.
Al igual que Colón que presentó un plan de expansión mercantil, hoy hacemos exactamente lo mismo, solo que, con IA, mejores infografías y patrocinadores más sofisticados. Todo ello bajo una retórica impecable en la que se invoca a la ciencia, el progreso, la cooperación internacional, el futuro de la especie y hasta una cierta poesía cósmica que queda estupenda en los discursos oficiales. Nadie dice que se trata también de poder, de influencia, de tecnología estratégica, de contratos multimillonarios y de negocio porque la épica siempre exige un buen maquillaje.
Mientras tanto, en la Tierra seguimos sin arreglar asuntos bastante más modestos, como la vivienda, la productividad, el hambre, el precio de la compra, la deuda o las guerras, pero eso nunca ha frenado a una civilización convencida de que su destino está en otra parte.
Juan Carlos Higueras, doctor en Economía y Vicedecano de EAE Business School