La defensa de Blesa en las «black» reitera que las pruebas están manipuladas

Afirman que siguieron con las «black» el sistema que implantó Terceiro en 1988 y que nadie cuestionó.

El expresidente de Caja Madrid Miguel Blesa a su llegada a la sede de la Audiencia Nacional de San Fernando de Henares.
El expresidente de Caja Madrid Miguel Blesa a su llegada a la sede de la Audiencia Nacional de San Fernando de Henares.

Afirman que siguieron con las «black» el sistema que implantó Terceiro en 1988 y que nadie cuestionó.

Turno para las defensas de los acusados por el uso de las conocidas como las «tarjetas black» de Caja Madrid. Los abogados de los ex presidentes Miguel Blesa y Rodrigo Rato coincidieron en sus informes en tres puntos esenciales: las pruebas fundamentales de las acusaciones, con especial referencia a la hoja excel donde se detallan los gastos supuestamente realizados por los acusados con esos plásticos, carecen de validez porque fueron «manipuladas»; la «condena» que ya han sufrido quienes se sientan en el banquillo, y enfatizar que el «sistema de tarjetas» fue el mismo que existía con Jaime Terceiro, el cual se aprobó en mayo de 1988 y no sólo no fue cuestionado ni por la auditoría interna de Caja Madrid, la Agencia Tributaria o el Banco de España, sino tampoco por ninguno de los directivos.

La defensa de Rato, ejercida por Ignacio Ayala, también se centró en intentar desvirtuar el testimonio de Francisco Verdú, uno de los principales testigos de cargo, al cual criticó que se hiciera el «héroe» al decir que no usó su visa, pero tampoco la devolvió cuando tuvo la oportunidad de hacerlo. «Ésa era la conciencia de gravedad de Verdú», recalcó Ayala, quien también marcó cierto distanciamiento al señalar que las presidencias de Miguel Blesa y Rodrigo Rato no eran «siamesas».

Carlos Aguilar, defensor de Miguel Blesa –para quien el fiscal solicita seis años de cárcel–, comenzó intentando desvirtuar la principal prueba de cargo, la hoja excel de gastos con tarjetas aportada por Bankia el primer día de juicio, ya que en la misma, aseguró, se han incluido los datos que han querido los empleados de la entidad bancaria, «una mano humana y no la divina Providencia». Junto a ello, destacó que los acusados ya han sido condenados ante la opinión pública, para lo cual tiró de cita cinematográfica: «Ha sido lo que la reina de corazones de “Alicia en el País de las Maravillas”: que se les corte la cabeza y después ya tendremos tiempo de juzgarles». El núcleo de su informe se centró en intentar desmontar la versión de Terceiro, quien aseguró en su declaración que durante su presidencia en Caja Madrid las tarjetas para directivos y consejeros fueron siempre «blancas», que sólo se utilizaron para gastos de representación y no tenían número PIN para sacar dinero en efectivo de los cajeros.

Sobre esta cuestión, la defensa de Blesa destacó los documentos remitidos por la propia entidad, en que se informaba a dos consejeras a las que se les iba a remitir esos plásticos que se les facilitaría igualmente el número PIN. Por su parte, Ignacio Ayala, defensor de Rato –quien se enfrenta a cuatro años de cárcel–, destacó la poca consistencia de sostener que «más de 100 personas –desde que en 1988 se aprobó el uso de tarjetas por directivos y consejeros– se hayan puesto todos de acuerdo para disfrutar de estas tarjetas con conciencia de su ilicitud». Además, puso de relieve que cuando su patrocinado llegó a la presidencia de Bankia el «sistema de tarjetas ya estaba vigente, como sistema de remuneración», mientras que, no ha habido ningún testigo que le haya relacionado con la emisión de las tarjetas opacas.

«No es un sistema que aprueba el presidente, sino que instaura el Consejo de Administración por unanimidad y que llega y traspasa el 2010», año en que Rato llega a la presidencia de Bankia. De esta forma, afirmó, su patrocinado «no alteró ningún procedimiento y así lo atestiguan los balances». Por todo ello, dijo, no hay «elementos de ocultación alguna», afirmó al respecto el letrado de Rodrigo Rato.