La izquierda siembra Europa de impuestos

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Benjamin Franklin decía que en este mundo sólo hay dos cosas seguras: «La muerte y pagar impuestos». Es probable que así sea pero, además, si se vive en esta época en un país europeo gobernado por la izquierda, hay más probabilidades.

La advertencia lanzada la pasada semana por el comisario de Economía y Asuntos Monetarios, Olli Rehn, al socialista francés, François Hollande, por su intento desmesurado de cuadrar las cuentas con el alza de la carga fiscal, no ha hecho más que poner de relieve que la izquierda siembra Europa de impuestos.

Dinamarca, Suecia, Bélgica, Francia, Finlandia, Italia y Austria encabezan la lista de los países europeos con mayor presión fiscal según los últimos datos publicados por la Oficina Europea de Estadísticas (Eurostat) con cifras nacionales de 2011. España se encontraría en el puesto 21 con un 31,4% del PIB, frente a una media europea que se sitúa en el 38,8%.

Aunque el ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero pisoteó la teoría política para decir en 2008 que «bajar impuestos es de izquierdas», lo cierto es que París, Copenhague, Bruselas y Viena son ejemplos de que se equivocaba.

La Comisión Europea ha advertido incluso sobre los efectos negativos que puede acarrear la subida de los impuestos sobre el nivel de empleo y el crecimiento económico en Francia y ha asegurado que las autoridades galas ya no deben seguir esta tendencia de presión fiscal.

Como es tradicional después de cada verano en el país vecino, esta semana los contribuyentes franceses comienzan a recibir las comunicaciones con los impuestos que deben abonar sobre las ganancias de 2012. El clima de la sociedad francesa estos días expresa cierta indignación por la elevación de la carga fiscal con la economía gala.

El propio titular de Economía, Pierre Moscovici, reconoció en una entrevista que es consciente de ese «hartazgo ciudadano». La voracidad recaudatoria como salida a la crisis no supone garantía alguna, ya que el propio Banco de Francia pronostica un discreto crecimiento del 0,1% para el tercer trimestre del año.

«Las subidas de impuestos en Francia han llegado a un nivel crítico. Incrementar de nuevo las tasas afectaría al crecimiento y el empleo. La disciplina presupuestaria debe pasar por una bajada del gasto público y no por nuevos impuestos», afirmó Rehn, el también vicepresidente de la Comisión Europea (CE).

Además del impuesto del 45% para los «ricos» que ganen más de 150.000 euros, las clases medias se están viendo muy afectadas por otras medidas como la congelación del baremo sobre la renta para que no vaya parejo a la inflación, una medida del Gobierno precedente que Hollande prometió eliminar, y no ha sido así. Y es que cerca de 16 millones de hogares galos verán aumentar automáticamente un 2% los impuestos sobre sus ingresos porque la inflación ya no será tomada en cuenta en el cálculo.

La bajada del techo de la cuota familiar también ha generado malestar entre las clases medias, ya que afectará a un 2,5% de los contribuyentes que antes se beneficiaban de esta desgravación por cada hijo. Otra medida lesiva para el trabajador es el gravamen de las horas extra, que se suma a las subidas ya consolidadas desde principios de año en productos como el alcohol, el tabaco y la televisión.

Rehn, por su parte, insiste en evitar cargas adicionales sobre el trabajo y ha adelantado que si el Gobierno francés considera necesario hacer nuevas imposiciones fiscales, deberían ser «impuestos inteligentes».

Además, se avecina la instauración de una nueva tasa sobre el carbono, pese a que esta idea ya fue rechazada por el Constitucional en 2009 cuando el ex presidente Nicolas Sarkozy la ideó. Se pagarán 17 euros por cada tonelada de CO2 liberado a la atmósfera incrementando el precio del carburante.

París intenta con estas subidas de impuestos reducir el déficit presupuestario, que en 2012 alcanzó el 4,8 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB), muy por encima del 3% admitido por la Comisión Europea.

En el caso de Bélgica, en manos de una coalición dirigida por el socialista Elio di Rupo, los contribuyentes belgas trabajaron en 2012 un total de 221 días para el Estado, cifras muy superiores a Reino Unido, Luxemburgo o Alemania. Sumando las contribuciones a la seguridad social y el IVA, un empresario en Bruselas gasta 2,45 euros para poner un euro en el bolsillo de un trabajador, con un tipo impositivo del 59,2%, mientras que la media en la UE asciende al 44,89%.

En opinión de José Félix Sanz, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid, «hay muchos estudios que demuestran que una subida de impuestos no implica necesariamente un aumento de la recaudación proporcional. Los ciudadanos no somos máquinas, el contribuyente reacciona y varía su comportamiento económico en cuanto le cambian las reglas del juego».

«Si le suben el tipo marginal –añade–, intentará adaptar su nivel de esfuerzo, habrá más evasión fiscal o pactos con la empresa para adaptar la jornada laboral y mantener así las mismas condiciones económicas. Con la tasa para grandes fortunas, Francia ha visto cómo amenazaban –o llegaban a cumplir su promesa– con irse del país».

Y no parece que la situación vaya a cambiar mucho. La promesa de estabilización fiscal en Francia se ha retrasado para el año 2015, con el objetivo de cumplir el techo de déficit del 3%. Hacen falta 6.000 millones en forma de nuevos impuestos, según la prensa gala.