
Informe
Nuevos empleos y estructura de la economía en España por la IA
Según el informe «El impacto de la IA en el empleo» realizado en España, la transformación es inevitable

La inteligencia artificial está transformandoe todo el sistema productivo español y, según el estudio «El impacto de la IA en el empleo», coordinado entre otros por Ricardo J. Palomo-Zurdo, la percepción social y el diagnóstico de los expertos es que es «una transformación inevitable» marcada por una aceleración inédita en la automatización de tareas, la aparición de nuevos empleos y la reconfiguración de los sectores económicos.
En la encuesta realizada para este trabajo, el 47% de los participantes define la IA principalmente como una transformación ineludible, seguida de un 32% que la considera una oportunidad y sólo un 5% la percibe como una amenaza directa al empleo. Es decir, la IA supone una ola de cambios que nadie podrá esquivar, pero cuyas implicaciones últimas dependerán de las políticas de acompañamiento.
Entre los sectores más señalados por la opinión pública y los expertos destacan los servicios financieros, la administración, la atención al cliente y la industria manufacturera, mientras labores como la docencia o la sanidad despiertan más cautelas por su componente relacional. El impacto es, además, inmediato: el promedio de valoración sobre el efecto actual de la IA en el mercado laboral es de 6,5 sobre 10, pero la previsión sube a 8,8 para los próximos cinco años. El salto no es sólo cuantitativo sino cualitativo: hablamos de casi duplicar la intensidad con la que la IA modifica las cadenas de valor y los perfiles profesionales, según las cifras recogidas en el documento.
Empleos en riesgo
Los perfiles más afectados son de tipo administrativo, ocupaciones técnicas operativas y los puestos de mando intermedio. «Los sectores más afectados por la automatización y la reconfiguración de roles son los servicios, en particular los financieros, pero también la manufactura y el comercio, con impacto directo en puestos de baja cualificación y tareas repetitivas. El riesgo se extiende a roles administrativos de cualificación media, como traductores o planificadores», señala Palomo-Zurdo.
Pero la respuesta no es el inmovilismo, sino la apuesta por la recualificación continua. «La mejor estrategia para mitigar los posibles efectos negativos de la inteligencia artificial en el empleo puede ser fomentar habilidades adaptativas y promover una cultura de aprendizaje continuo», subraya el catedrático. Frente a una automatización que avanza sobre las tareas más rutinarias y predentro del trabajo intelectual, el refuerzo de competencias netamente humanas es, para el autor, el mejor recurso. «Es fundamental incentivar aquellas competencias que diferencian a los seres humanos de las máquinas, como la creatividad, la inteligencia emocional y el pensamiento crítico».
El reto de la inclusión
Uno de los desafíos más complejos que plantea la irrupción de la IA es su impacto en los colectivos vulnerables. Palomo-Zurdo insiste en que «la IA tiene un gran potencial para ser un catalizador significativo para la inclusión de colectivos vulnerables en el mercado laboral». El instrumento es doble: por un lado, la IA facilita la incorporación de personas con discapacidades al mejorar la accesibilidad y adaptar el entorno laboral a sus necesidades; por otro, permite «una formación más personalizada y adaptativa, ajustándose a las necesidades, ritmos y estilos de aprendizaje de cada individuo». De este modo, tanto jóvenes sin experiencia como personas mayores podrían encontrar en la tecnología una aliada estratégica y no una amenaza insuperable. «Para los trabajadores de mayor edad, la IA puede convertirse en una aliada que potencie su talento y experiencia, permitiéndoles concentrarse en el valor añadido de su conocimiento, mientras la tecnología asume las tareas más operativas o repetitivas», argumenta el experto.
Sin embargo, el riesgo de exclusión persiste si no se acompaña este despliegue de políticas correctivas. «La verdadera inclusión dependerá, en gran medida, de la disponibilidad de financiación formativa que permita cerrar las brechas tanto de acceso como de habilidades, garantizando oportunidades equitativas en el nuevo entorno laboral impulsado por la IA», apunta Palomo-Zurdo. Las diferencias de acceso y de capital social podrían acentuarse si no se promueve una democratización real de la tecnología.
Ricardo J. Palomo-Zurdo es claro a la hora de señalar el papel de los poderes públicos y de las empresas en la transición hacia la economía digital. La regulación es, a su juicio, imprescindible y estratégica, dado que «establece límites y mitiga los posibles efectos negativos de la inteligencia artificial sobre los derechos laborales y la privacidad. Resulta imprescindible contar con marcos normativos claros que protejan los derechos de los trabajadores y fomenten la inclusión de los grupos más vulnerables». La supervisión humana debe ser ineludible, haciendo efectiva la máxima de que la IA no puede sustituir la decisión última sobre derechos fundamentales. «La responsabilidad última por su uso siempre debe recaer en los humanos», recalca.
Al margen de las reglas y de la vigilancia institucional, el propio concepto de trabajo deberá evolucionar. «Gran parte de la legislación laboral vigente data de varias décadas atrás y las definiciones actuales resultan insuficientes para abarcar las nuevas realidades profesionales y tecnológicas del siglo XXI», afirma el catedrático, para quien la flexibilidad, la formación específica y la agilidad en la capacitación marcan la diferencia. Y concluye asegurando que «es fundamental implementar políticas educativas inteligentes que promuevan la recualificación de aquellas personas que necesiten actualizar o adquirir nuevas competencias para adaptarse a las transformaciones del mercado laboral».
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