Euforia contenida en la delegación española

Los miembros de la delegación española apenas podían contener la euforia por el resultado de la visita oficial de trabajo de Mariano Rajoy a la capital de Estados Unidos. «Estamos muy contentos», afirmaba a LA RAZÓN un miembro del grupo más cercano de colaboradores del presidente español apenas dos horas después de la reunión en el Despacho Oval, durante la recepción que, con motivo de la condecoración del senador Bob Menéndez, ofreció la embajada de España en Washington. En este encuentro el cuerpo diplomático español en Estados Unidos, el núcleo del equipo de Rajoy en Moncloa y el propio presidente pudieron mezclarse con los medios de comunicación e intercambiar impresiones (con el permiso de numerosos e intimidantes miembros del Servicio Secreto encargados de la seguridad de Rajoy).

La misma fuente confirmó durante la recepción que, contrariamente a la percepción general que existe, el presidente Obama no es una persona especialmente expansiva y cercana en sus encuentro con otros líderes. Su hábitat natural, donde desprende todo su magnetismo, es en los grandes mítines de campaña o sus discursos en grandes ocasiones como el debate sobre el estado de la Unión ante el Congreso. Precisamente por esa razón, el clima de cercanía y la total comodidad con la que se condujo el presidente americano a lo largo de los 60 minutos que duró la reunión con Rajoy habló a las claras de que existe una comunicación confiada y cierta empatía de caracteres entre ambos líderes. La delegación española también manifestó su satisfacción de que en esos sesenta minutos el ritmo había sido perfecto y se habían tratado todos los asuntos que interesaban a la parte española con óptimos resultados. «Algo que no es nada fácil en encuentros de esta trascendencia, donde las cosas se pueden torcer en un instante», afirmó la misma fuente. No fue este el caso y tanto el presidente español como el estadounidense afirmaron ante los medios de comunicación que las relaciones entre ambos países son «excelentes» y «están en su mejor momento».

En una estampa similar a la de infinidad de compañeros de trabajo, una vez completada con éxito la tarea del día, el presidente del Gobierno y su más cercano círculo de colaboradores, salieron del hotel que los alojaba en Washington –The Hay Adams, a tan solo una manzana de la Casa Blanca– para cenar juntos en una hamburguesería con fuerte sabor local, «P. G. Clarke's», en la confluencia de la calle K con la 16. En el local, que se llenó súbitamente de agentes del Servicio Secreto (muchos ellos de incógnito disimulados entre las mesas fingiendo ser clientes, aseguró el manager del establecimiento a este corresponsal) compartieron mesa con el presidente su jefe de gabinete, Jorge Moragas, el secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Gonzalo de Benito, la secretaria de Estado de Comunicación, Carmen Martínez Castro, el secretario de Estado de Comercio, Jorge García Legaz, el director del Departamento de Seguridad Nacional, Alfonso Senillosa y el director de la oficina económica de Presidencia, Álvaro Nadal, es decir, el núcleo de colaboradores que han trabajado codo con codo con el presidente en la preparación de la visita a Washington. Como no podía ser de otra manera fue el plato americano por antonomasia –la hamburguesa– el elegido por el presidente y buena parte de sus colaboradores. Con toda naturalidad y sin romper el tono distendido de la reunión con su equipo, Mariano Rajoy se levantó de la mesa para saludar la casual presencia de periodistas españoles y en el transcurso de una breve charla afirmó «estar muy contento» por la marcha del encuentro con el presidente norteamericano y la consecución de los objetivos fijados para su visita oficial a Estados Unidos.