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Fallece Robles Piquer, un servidor del Estado

El ex ministro de Educación y Ciencia en el primer Gobierno de la Transición y director general de RTVE, entre otros cargos, falleció anoche en su domicilio de Madrid a los 92 años

  • Carlos Robles Piquer
    Carlos Robles Piquer
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

10 de febrero de 2018. 04:59h

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Eugenio Nasarre.  Madrid. 9/2/2018

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En aquella dramática tarde y noche del 23 de febrero de 1981, Carlos Robles Piquer nos presidió en aquel improvisado «gobierno», cuando la totalidad del «verdadero» Gobierno de la nación se hallaba secuestrado en el Congreso de los Diputados en la intentona golpista de Tejero. En su condición de Secretario de Estado de Asuntos Exteriores le correspondía presidir la Comisión de secretarios de Estado y subsecretarios, que fue convocada de emergencia con la finalidad de que no hubiera un vacío del poder civil en aquellas horas llenas de tensión y de incertidumbre. Lo recuerdo cumpliendo su misión con gran serenidad, firmeza y sentido de Estado, mientras nos iban llegando las confusas e inquietantes noticias hasta el alba del día 24.

Lo que caracteriza la gran trayectoria profesional y política de Carlos Robles es su vocación de servidor del Estado. La carrera diplomática, en la que ingresó en 1953, fue la escuela en la que se forjaron las virtudes que deben concurrir en los servidores públicos: lealtad, primacía del interés general, la ley como guía última de conducta. Todo ello se alimentaba en Carlos Robles de un patriotismo exigente, al que su experiencia iberoamericana como diplomático enriqueció con la visión de una España que debía proyectar en el futuro la proeza histórica de nuestra presencia en América. Cuando ingresamos en la Unión Europea en 1986, Carlos Robles fue eurodiputado durante una década y defendió con calor aquí y allí el proyecto de integración europea, en el que España debía ser un actor de primera clase. El anclaje en esos dos pilares –Iberoamérica y Europa–, que para Robles Piquer eran indisolublemente complementarios, constituyó el núcleo de su programa, que defendía en sus sucesivas responsabilidades públicas con pasión, inteligencia y tenacidad. Lo que nos asombraba a los que colaborábamos en afanes comunes era su capacidad de trabajo y el torrente de ideas y propuestas, nunca improvisadas, que siempre suministraba.

Carlos Robles estuvo ligado políticamente a Manuel Fraga desde los tiempos del ministerio de éste en el «tardofranquismo» y contribuyó a la obra de la Transición por considerar que una democracia con la reconciliación de los españoles, en un sistema de Monarquía parlamentaria, era el modelo que mejor convenía a España. Formó parte como ministro de Educación del primer gobierno de la Monarquía. Fue un período breve y complejo, porque la reforma de la ley de Villar Palasí estaba en plena implementación. Elaboró un «libro blanco» con la finalidad de ordenar con la máxima racionalidad la transformación de nuestro sistema educativo. De él nos servimos quienes algo más tarde nos correspondió gestionar la educación en la etapa de UCD.

Carlos Robles dirigió durante un buen tiempo la Fundación Cánovas del Castillo, en la que desarrolló una gran obra con la finalidad de modernizar el pensamiento conservador, con el que se sentía identificado. Siempre defendió que la política debía de nutrirse de ideas y era celoso de los principios que debe sustentar un proyecto político. Como hombre de gran cultura calibraba bien los horizontes de nuestra época. Era un gran conversador y sus opiniones había que tenerlas en cuenta. Y cultivó en grado sumo la amistad. Muchos somos deudores de ella.

Los servicios de Carlos Robles Piquer a España han sido abundantes y valiosos. Forman parte de una etapa de la vida de España, en la que los logros superan con creces a las deficiencias. Descanse en paz el gran servidor del Estado Carlos Robles.

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