Política

Fragmentados como en la Transición: así es el Parlamento más atomizado

El récord de formaciones políticas también altera el número de votos para conseguir un escaño.

El récord de formaciones políticas también altera el número de votos para conseguir un escaño.

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Los resultados electorales del domingo han abierto un insólito panorama en el Congreso: la cohabitación de 17 formaciones políticas. Se trata del Parlamento más fragmentado de la historia de España y, por ende, del hemiciclo más caótico que obliga a un entendimiento y diálogo entre ellas para conseguir la gobernabilidad, un deporte para el que nuestros políticos no están muy entrenados. La entrada de la CUP, con dos diputados, de Teruel Existe, con uno, Más Madrid con 2 y el regreso del Bloque Nacionalista Gallego (BNG) con 1, han convertido la XIV Legislatura en la más compleja. Si echamos la vista atrás y analizamos las otras trece legislaturas de la democracia española, así como la constituyente de 1977, lo máximo que se había registrado era un Parlamento con 14 partidos políticos como ocurrió en la anterior.

Para localizar alguna con 13 partidos nos remontamos a la primera legislatura, la décima, la undécima y la décimo tercera. Esta última fue en la que los nuevos partidos, Ciudadanos y Podemos irrumpieron con fuerza en el Congreso con 40 y 42 escaños respectivamente. En los parlamentos donde menos partidos ocuparon las butacas fueron los que salieron de las elecciones de 1982 y las de 2008. En las primeras, el PSOE de Felipe González arrasó con más de 10 millones de votos, seguido de Alianza Popular que se hizo con la mitad (cinco millones y medio de votos). El «elenco lo complementaron CIU, UCD, PNV, PCE, CDS, HB, ERC y la coalición nacionalista vasca de EE. En la legislatura resulta de los comicios de 2008 entró como nuevo partido el liderado por Rosa Díez, UPyD. Sin embargo no supuso un aumento respecto al anterior Parlamento ya que salieron de él la Chunga Aragonesista y Eusko Alkartasuna.

Concentrar el voto

Esta «masificación» parlamentaria, que tiene su justificación en la bajada de los grandes partidos quien antaño gozaban del ahora añorado bipartidismo, también ha tenido su efecto en el número de votos que las diferentes formaciones han tenido que rascar para conseguir un escaño. Como bien es sabido, nuestra Ley D’Hondt gestiona con capricho las votaciones que se distribuyen en las 52 circunscripciones y en resumen premia a aquello partidos que han concentrado su voto y perjudicado a los que lo han diversificado. Con nuestro sistema electoral hay mucho voto «perdido» que no se traduce en escaños y que en esta ocasión ha penalizado con fuerza a Ciudadanos y beneficiado a Vox. Si analizamos a las formaciones que tendrán asiento en el Congreso en esta legislatura y dividimos el número de votos conseguido por su consiguiente número de escaños, podemos determinar «grosso modo» a cuánto le ha salido cada escaño. Así, el que menos ha sudado ha sido el «novato» Teruel Existe, que con solo 16.696 votos ha conseguido una plaza en el Parlamento. En el polo opuesto está el partido de Íñigo Errejón, Más País, quien ha «pagado» por escaño 192.352, no muy lejos de Ciudadanos que ha necesitado 163.754 votos por silla.

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Si nos centramos en los partidos que tienen respresentación parlamentaria desde 1977, comprobamos que antaño la lucha por conseguir una plaza en el Legislativo era menos sacrificada, al menos para algunos. Mientras que al PSOE, el 10-N, ha necesitado 56.275 votos para hacerse con un escaño, en las primeras elecciones democráticas necesitó 45.205. Al Partido Popular, cuya proporción en las elecciones del domingo fue 57.044 votos por un escaño, en 1977, Alianza Popular de Manuel Fraga (predecesor del partido de Casado) necesitó 121.604. Por su parte, el PNV ha necesitado ahora 53.918 votos frente a los 42.370 de hace cuarenta años y Esquerra Republicana de Cataluña, 66.922, frente a los 123.452 de 1977. Lógicamente estos datos están estrechamente relacionados con la población española del momento así como su reparto greográfico. Si atendemos a la información demoscópica que ha arrojado el 10-N, se puede comprobar, por ejemplo, que ciudades como Segovia o Melilla es donde el escaño sale más barato, mientras que en las grandes ciudades suponen un duro cuerpo a cuerpo.