Política

Primera «purga»: Sánchez excluye a los barones de su nueva ejecutiva

Apoya sus gobiernos regionales, pero deja en manos de las bases su reelección como líderes.

Apoya sus gobiernos regionales, pero deja en manos de las bases su reelección como líderes.

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El diagnóstico que hace Pedro Sánchez sobre la crisis de liderazgo del PSOE se fundamenta en su propia experiencia al frente de la Secretaría General, un periodo que se caracterizó por las injerencias de los barones en las decisiones del partido. De ahí que en su nuevo proyecto, «Por una nueva socialdemocracia», quiera blindar y «delimitar los papeles de liderazgo general con los de los representantes territoriales, que funcionarán en el ámbito de sus respectivas competencias, apoyándose mutuamente y no compitiendo entre sí». Esta impronta se percibirá en el diseño de la nueva ejecutiva que Sánchez ultima de cara al 39º Congreso federal. Será una dirección «paritaria e integradora» de la que se excluirá a los barones. Sí habrá una representación territorial, pero esta vez se hará atendiendo a criterios de mérito y capacidad –serán referentes en las áreas que ocupen– y no buscando el equilibrio de fuerzas ni el pago de favores, que acabó en 2014 con una ejecutiva profundamente desleal que dimitió para forzar su salida. Entonces, Sánchez integró a diez secretarios generales territoriales: cinco con área –César Luena (Organización), Patxi López (Acción Política y Ciudadanía), Ximo Puig (Reformas Democráticas), Roberto Jiménez (Emigración), José Miguel Pérez (Educación)– y otros cinco, vocales –Emiliano García-Page, José Ramón Gómez Besteiro, Rosa Eva Díaz Tezanos, Francina Armengol y Tomás Gómez–.

Sánchez aterrizó ayer en Ferraz, donde «tomó posesión» de su antiguo despacho y comenzará a trabajar a partir de ahora con su equipo. Allí mantuvo un encuentro informal con periodistas, en el que explicó que la nueva dirección apoyará los gobiernos autonómicos de los presidentes socialistas. Este apoyo férreo se diluye, sin embargo, de cara a los congresos regionales, donde Sánchez deja la reelección en manos de las bases. «Son los militantes los que tienen la última palabra. Nosotros respetaremos lo que decidan», puntualizó, siguiendo la línea que han marcado las primarias. La puerta a la sucesión en los feudos críticos sigue abierta, aunque quienes la entornaron fueron precisamente algunos de ellos. Emiliano García-Page, que condicionó su continuidad al frente de Castilla-La Mancha a la victoria de Susana Díaz, pospone cualquier decisión a lo que ocurra en el Congreso de junio, aunque ayer emplazó al nuevo líder a decirle «de frente» si no quiere contar con él, una realidad que «aceleraría» su decisión de marcharse.

El primer test para palpar la intención de pacificar de cada cual será la elección de delegados en los «congresillos», en los que se encuentra inmerso el partido. Todas las federaciones salvo Andalucía estarían a favor de la oferta de Sánchez de extrapolar los porcentajes de las primarias a las candidaturas de unidad.