Política

Crisis en UPyD

Toni Cantó: El ojito revirado

Toni Cantó / Ex diputado de UPyD

La Razón
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Llegó al Congreso y se convirtió en el diputado de moda. Su pasado como moldeo y actor preconizaba un aire de frivolidad, pero Antonio Cantó García del Moral trabajó mucho y dio la sorpresa. De figura delgada y fibrosa, algo tímido, con una sonrisa entre rara e insidiosa, fue sin duda el «niño bonito» de Rosa Díez. Se tomaba en serio la política y no paso desapercibido. Como portavoz de la Comisión de Cultura, Política Social e Igualdad, tuvo intervenciones sonoras. La más polémica cuando aseguró que la mayoría de las denuncias por violencia de género eran falsas. Se armó la traca y tal vez ahora él lo recuerde ante el escándalo de Juan Fernando López Aguilar. Cosas de la palpitante actualidad.

Toni Cantó nació en Valencia, una tierra que lleva muy a gala. Atractivo y ligón, fue pareja artística de todas las bellezas de la época, Pastora vega, Lidia Bosch y Eva Cobo entre ellas. Con esta última tuvo a su hija Carlota, trágicamente fallecida en un accidente de tráfico. Aquello le revolvió por dentro y confesó que ya nunca sería el mismo. Se definía como un hombre muy liberal. «He tenido tres hijos de tres mujeres distintas», decía por los pasillos de la Cámara cuando defendía en la Comisión sus ideas sobre el aborto, la igualdad de sexos o el maltrato. Era un diputado discreto pero muy activo. Había llegado a UPyD, curiosamente, tras coquetear con Ciudadanos, un partido aún incipiente, dónde conoció a Albert Rivera, y que dejó para engrosar las filas de Rosa Diez. Desde el principio, fue un flechazo político para la lideresa magenta.

Era habitual verles almorzar juntos en el Congreso y Rosa no ocultaba su orgullo por este joven valenciano que le daba titulares a diario. Era, sin duda, su ojito derecho, y como tal se comportaba Toni con su jefa. «Es la mejor», decía entonces este actor reciclado que interpretó en cine y teatro obras de alcurnia. Cañas y Barro, La gata sobre el tejado de cinz y Las amistades peligrosas, de las más conocidas. Algunas de ellas le sirvieron para el guión de su vida parlamentaria, que realizó con seriedad y tesón. Como portavoz de Cultura, criticó con furor el despilfarro de las televisiones públicas.

Pero la vida le ha dado un giro copérnicano. Dónde hubo admiración, ahora crítica sin rubor. Del flechazo al desencanto, Toni pasó de ser el niño mimado a todo un fustigador. Plantó cara a su antigua nodriza y le dio la espalda. Y dejó de piedra a cuantos le acusaban de gustarle la poltrona: «Renuncio al escaño y a todo», anunció sin dudarlo. Tenía ante sí una candidatura a la presidencia de la Generalitat valenciana, pero abandonó. «No quiero estar en un partido rocoso y antipático», aseguró dándole una bofetada personal a Rosa Díez. A pesar de sus buenas relaciones con Albert Rivera, con quien habla a menudo, dice que seguirá como militante de base en UPyD. Vuelve a los escenarios y se va del Congreso con pena. Toni Cantó pasó de ser el ojito derecho al ojito revirado. O sea, el díscolo, indisciplinado que miró para otro lado.