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Casa Real

Una tradición desde Felipe V

La Razón
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A Don Felipe, lo mismo que a su padre, Don Juan Carlos, no se le colocará físicamente la Corona de España en sus sienes, sino que será proclamado rey ante las Cortes Generales durante una solemne sesión en presencia de diputados y senadores prevista, Dios mediante, para el próximo 18 de junio.

Desde el siglo XVIII, cuando se cinceló en plata sobredorada la llamada «Corona Tumular de los Reyes de España», ésta sólo se ha exhibido en un cojín con encajes durante los funerales y las proclamaciones regias, como la de Don Juan Carlos. Pero en modo alguno ceñirá tampoco en esta ocasión, como digo, las sienes de Felipe VI. Conviene recordar que Don Juan Carlos, tras renovado juramento a las leyes del régimen político vigente entonces –el franquismo-, fue proclamado Rey de España, y no coronado, de una monarquía instaurada por Franco, el 22 de noviembre de 1975, a la muerte del dictador que lo eligió.

Juan Carlos I acabó siendo reconocido Rey de la Monarquía parlamentaria establecida por la Constitución de 1978, ante la que deberá presentar ahora de nuevo juramento Felipe VI, pues ya lo hizo al cumplir la mayoría de edad en calidad de Príncipe de Asturias, ahora para desempeñar fielmente sus funciones y hacer guardar la Carta Magna junto con las leyes y los derechos de los ciudadanos.

La proclamación, en lugar de la coronación, constituye así una tradición en la dinastía de los Borbones de España. De hecho, el primer rey Borbón, Felipe V, fue proclamado públicamente rey en Madrid el 24 de noviembre de 1700, ocho días después de que lo fuera en Versalles.

Tal y como ocurre hoy, y como consecuencia de la abdicación de Felipe V, le sucedió en el trono su hijo Luis I, proclamado también monarca el 16 de enero de 1724. Y así, sucesivamente, han sido proclamados los diez monarcas Borbones sin excepción hasta hoy. Felipe VI será el undécimo rey proclamado como tal. Previamente, ya ha sido enviada al Congreso de los Diputados el texto de una ley orgánica, como establece la Constitución, para resolver la abdicación de Don Juan Carlos, la cual será aprobada con toda probabilidad por mayoría absoluta y respaldada por el Senado.

Todo esto no es óbice, sin embargo, para que pudiera celebrarse en algún momento una ceremonia oficial, a modo de hipotética coronación, incluida la celebración de una Misa con asistencia de jefes de Estado y representantes de otros países, como la que tuvo lugar en 1975 tras la proclamación de Don Juan Carlos como rey.