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Alimentación
El chef Dani García zanja el debate sobre la tortilla de patata
Para el cocinero nacido en Marbella, lo fundamental es respetar el sabor del huevo y la patata y su receta lleva tan solo cuatro ingredientes

La tortilla de patatas es una religión para muchos. Lo que fuera de España es considerado un alimento cualquiera, dentro es motivo de rupturas, peleas y broncas de todo tipo. ¿El motivo? Un ingrediente estrella que para muchos ni siquiera debería ser incluido en la receta: la cebolla. Esta verdura, odiada por tantos y amada por otros, protagoniza miles de debates al año y, bromas aparte, para los chefs es un asunto muy serio. Hay quienes defienden que la receta original no la lleva, pero otros aseguran que ese toque mejora con creces a la receta original. Uno de los últimos chefs en manifestarse al respecto es Dani García. El prestigioso cocinero ha desvelado en qué lado de la historia está, y se ha ganado muchos seguidores (a la par que haters).
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Para el chef de Marbella, lo fundamental es respetar el sabor del huevo y la patata. La cebolla rompe con ese fundamento, por lo que opta por no introducirla en la receta. Según explica en uno de sus vídeos, solo necesitas cuatro ingredientes clásicos para hacer la mejor tortilla: patatas, huevos, aceite de oliva y sal.
Más allá de respetar proporciones exactas, el verdadero diferencial de esta tortilla está en el momento en que se unen las patatas con el huevo. Dani García propone un paso poco habitual: mezclar las patatas cuando aún están calientes con los huevos ya batidos, en lugar de esperar a que se enfríen.
Este detalle, aunque sencillo, transforma por completo la textura final del plato.
Por qué este truco marca la diferencia
El calor actúa sobre el huevo: al entrar en contacto con la papa caliente, el huevo comienza a cuajarse de manera gradual y uniforme.
Mejor unión de los ingredientes: la papa absorbe parte del huevo, evitando que la tortilla quede separada en capas.
Textura más cuidada: al romper las patatas suavemente con varilla, se mantiene una estructura cremosa sin convertirlas en puré.
El reposo es clave: dejar la mezcla descansar unos 15 minutos permite que gane cuerpo antes de la cocción.
Cocción más controlada: la preparación llega a la sartén casi formada, lo que reduce errores.
Resultado equilibrado: interior cremoso, exterior bien cuajado y sin restos de huevo líquido.
Cómo preparar la tortilla al estilo Dani García
No se trata de una receta complicada ni requiere ingredientes difíciles. En menos de una hora se puede lograr una tortilla fiel a la técnica del chef.
Ingredientes
600 g de patatas
9 huevos frescos
Aceite de oliva (cantidad necesaria)
Sal a gusto
25 g de manteca (12,5 g por lado de la sartén)
Paso a paso
Pelar y cortar las patatas. Cocinarlas en abundante aceite de oliva a unos 135–140 °C, en una fritura suave: primero se confitan y al final apenas se doran.
Retirarlas cuando estén tiernas y ligeramente deshidratadas. Pasarlas de inmediato, aún calientes, a un bol con los huevos batidos y sal.
Integrar rompiendo las patatas con una varilla, sin triturarlas por completo.
Dejar reposar la mezcla durante 15 minutos, removiendo ocasionalmente. Si es necesario, agregar un pequeño chorro de aceite de oliva crudo.
Calentar una sartén y sumar la manteca para evitar que el huevo se dore.
Volcar la preparación, tapar y cocinar a fuego bajo. Dar vuelta con cuidado cuando esté cuajada.
Retirar cuando el exterior esté firme y el interior se mantenga jugoso y cremoso.
Un plato con historia
La tortilla de patatas nació en España hacia finales del siglo XVIII, cuando la papa se consolidó como un alimento económico y fundamental. Su origen está asociado a épocas de escasez, en las que se buscaban comidas nutritivas y rendidoras con pocos ingredientes. La combinación de huevo, papa y aceite dio lugar a una receta simple que rápidamente se popularizó.
Con el tiempo, la tortilla se transformó en un emblema de la cocina española y en un plato presente en todo el país. Surgieron variantes y discusiones —como la eterna polémica sobre la cebolla—, pero su esencia se mantuvo intacta. Hoy es uno de los grandes clásicos de la gastronomía española y una preparación reconocida y adoptada en numerosos países de habla hispana.
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