Carmen Lomana ofrece su casa a Lita Trujillo

De izda. a dcha., Natalia Álvarez, Silvia Jato y Mónica Pont disfrutan del buen tiempo en Ibiza
De izda. a dcha., Natalia Álvarez, Silvia Jato y Mónica Pont disfrutan del buen tiempo en Ibiza

Lita Trujillo y Amador Mohedano nos tienen y mantienen en un ¡ay! angustiado. Amenazan con «hacer lo peor», algo irreversible: el chipionero para asustar a su ex, Rosa Benito, y la ex de Rafa Trujillo, porque no sabe cómo salir de su situación: Pedro Trapote le ayuda económicamente, sus hijos pasan de ella, los bancos le han cerrado el grifo, vendió las joyas y su palacete de La Moraleja semeja al crepúsculo de los dioses. Carmen Lomana me cuenta bajo el sol ibicenco que «le he ofrecido venirse a vivir conmigo, al menos de momento, y que se le vaya de la cabeza su intención de quitarse de en medio». Gesto encomiable, porque apenas se conocen. Vacía quedó su cama en la suite del Paladium de Matutes, que ahora parece el hotel de los líos con María Patiño, Gema López y Aurelio Manzano –¡ay, qué trío!–, y por donde no han pasado despidiendo soltería Luis Sartorius y esa Bárbara con once kilos menos. Se la ve desmejorada. Mientras, María Palacios pasa unos días con una panda de íntimas. Allí, Mónica Pont alardea de Dimas Alex-Roig Juncadella, el nieto de Mercedes Salisachs, que tiene mucho éxito con su última novela. Ante su apostura física se entiende que Mónica esté enganchada a él desde hace ocho años, tras una relación con Cortina, pero también resulta incomprensible su presunta pasión simultánea con César Ruíz, el pequeño del gran José Luis, recientemente fallecido. Con la pareja estaba Leo, su hijo, llegado para el «weekend» playero con retraso aéreo.

Elena Tablada, la gran ausente

Por la pasarela Ad lib batallaban el president Vicente Serra y su «conceller» de Industria Vicente Roig, obteniendo patrocinios inéditos en este desfile. Diecisiete firmas dieron un aire renovador, encabezadas por la veterana Charo Ruíz, que retoma los entredós típicos, etéreos y blanquísimos que dieron impronta a tan desenfadado estilo indumentario y que Lomana no usó, ya que prefirió dorados y turquesas indios, igual que el blusón de ribeteado en lentejuelas y las plataformas de Marta, la dulce y entregada novia viguesa que ha conseguido que Jaime Martínez-Bordiú vuelva a sus maneras. Mientras, Roseta Arbex mantiene su preeminencia en Pachá y entremezcló reliquias perladas de Chanel con cadenas Dior. No me concretó nada, y sonriente evitó dar datos de si desaparece la «pasión flower» de Carlos Martorell.

Aires de fiesta y casorio en esta isla blanca ya repleta de italianos y alemanes; la españolada colectiva invade agosto como hicieron los hunos y esto resulta ya agobiante. Junio suele ser relajado y un buen prólogo de cómo será la temporada. El president Serra, defensor a ultranza de la muestra Ad Lib, «que Ibiza no puede perder», parecía satisfecho con la espectacular apertura, un homenaje a la música y al color isleños. Así lo demostraron los fantásticos trajes de Hippy chic Ibiza: innovan, rompen, cambian y dan una nuevo aire a sus calles, entremezclando atrevidamente verdes, rosados, naranjas y amarillos en estampados únicos que nadie llevaría en Marbella. Charisse, esposa de Julio José, los realzó con su belleza rubia –un tanto sosa–, aplaudida desde primera fila por Susana Uribarri, que abasteció al evento con caras famosas, donde no figuró Elenita Tablada –con su particular polémica a cuestas por alcoholemia; se la descabalgó de primera fila–. Lo dijimos en primicia. Susana iba registradora en mano: «Clic, clic, suma y sigue». Aportó los rostros de Silvia Jato, que festejaba sus 42 y evocó «Pasapalabra», y de Natalia Álvarez, ex de Rafa Camino, y que también dará el «sí, quiero» en septiembre. Lució una anticipada y dorada tez astur, prueba evidente de que sigue «renegra» con el torero.