
Subasta
Gwyneth Paltrow abre su archivo íntimo
Alta costura, muebles de diseño y joyas sentimentales: la actriz convierte su legado estético en un gesto solidario

En un Hollywood donde todo se archiva y nada se suelta, Gwyneth Paltrow ha decidido hacer precisamente lo contrario: abrir las puertas de su vestidor -y de sus casas- para dejar marchar parte de su historia. Los días 24 y 25 de marzo de 2026, la casa Julien’s Auctions celebrará en el The Peninsula Beverly Hills la subasta "Bold Luxury: Gwyneth Paltrow Lexicon of Style & the Archival Edit". El título suena a tratado académico sobre el lujo contemporáneo, pero en realidad es algo más íntimo: un ejercicio de memoria selectiva.
El gran icono -el vestido rosa empolvado de Ralph Lauren con el que ganó el Oscar por Shakespeare in Love en 1999- no se mueve de su armario. Sin embargo, los bocetos originales del diseño sí saldrán a puja. Es decir, no se vende el mito, sino el instante previo al mito: el trazo, la idea, el germen de una imagen que definió una era de alfombras rojas en clave minimalista. Una jugada brillante y muy Paltrow.

Porque si algo ha hecho bien la actriz en las últimas tres décadas es convertir cada etapa en narrativa. Ahí está el vestido ombré de Atelier Versace que lució en los Country Music Awards de 2010, eco de su aventura country. O el conjunto plateado de Giorgio Armani Privé que llevó en la premiere de Iron Man 2, recordatorio de su era Marvel como Pepper Potts. Y, para las nostálgicas del chic noventero, el slip dress firmado por John Galliano para Christian Dior que vistió en la inauguración de la Torre LVMH en 1999: sensualidad medida, sofisticación sin estridencias.

Pero la verdadera novedad está en el mobiliario. Por primera vez, Julien’s amplía el foco hacia piezas procedentes de sus residencias en Los Ángeles, los Hamptons y Montecito. Sillones de aire Jean Royère, una lámpara escultórica de Lindsey Adelman con globos de cristal soplado, una mesa angular de Julian Mayor: objetos que hablan del gusto como extensión del yo. Si su armario narraba la construcción de una estrella, su salón revela la arquitectura emocional de la empresaria que fundó Goop y convirtió el wellness en imperio.

También hay espacio para lo íntimo: un anillo de oro con su nombre en cursiva, un collar con las iniciales de sus hijos. Joyas pequeñas en tamaño, enormes en simbolismo. ¿Por qué desprenderse de ellas? Parte de la respuesta es práctica, pero también filosófica. Parte de lo recaudado se destinará a World Central Kitchen, la ONG de José Andrés que lleva comida a zonas devastadas por crisis humanitarias. El lujo, así, se resignifica.
"Las cosas tienen energía", ha dicho Paltrow. Quizá por eso prefiere que la suya circule. Que esos vestidos, lámparas y bocetos sigan acumulando historias lejos de ella. En una industria obsesionada con conservar, Gwyneth opta por soltar. Y en ese gesto -tan calculado como sincero- vuelve a marcar tendencia.
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