Autobiografía
Liza Minnelli: memorias de una superviviente
A las puertas de los 80, la hija de Judy Garland y Vincente Minnelli publica "Kids, wait till you hear this!": un ajuste de cuentas con el pasado, un canto a la resiliencia y el regreso definitivo de un mito que nunca aceptó vivir a la sombra de nadie
A punto de cumplir ocho décadas, el próximo 12 de marzo, Liza Minnelli ha decidido tomar la palabra. Kids, wait till you hear this!, que verá la luz el día 10 de este mes, no es una autobiografía al uso: es la crónica íntima de una mujer que nació leyenda y se empeñó en ser autora de su propia mitología.
Heredera de dos titanes -Judy Garland y Vincente Minnelli-, creció entre bambalinas, hospitales y rodajes. La infancia, lejos de ser un decorado luminoso, estuvo marcada por la fragilidad materna. "A los trece años, yo era enfermera, doctora, farmacóloga y psiquiatra para mi madre. Perdí la cuenta de las veces que llamé a los médicos para decirles que se había quedado sin pastillas. Les decía: "¡Soy una niña! ¡Por favor, hagan la receta a mi mamá!"", recuerda. Veintidós colegios, hoteles como casa y una precoz conciencia de que el espectáculo tiene reverso.
Cabaret, su consagración
Broadway fue su primer territorio conquistado. En 1965 alzó su primer Tony; después llegarían más. El cine selló su consagración con Cabaret, donde su Sally Bowles redefinió el arquetipo de estrella trágica y sofisticada. Pero la cima siempre convivió con el vértigo. "¡El mundo me conocía como Liza! Por primera vez en mi vida, me pregunté qué significaba eso realmente, sobre todo entre la confusión de sustancias. Benzodiazepinas. Barbitúricos. Anfetaminas. Alcohol. Cocaína", confiesa sin barniz.
Hubo romances intensos -Martin Scorsese, Peter Sellers- y rodajes volcánicos como New York, New York. "A decir verdad, nuestro romance tenía más matices que una lasaña… Con la guía de Marty, por poco ortodoxa que fuera, hice algunos de mis mejores trabajos. Me contuve por una vez en mi vida. ¡Yo!", escribe. También hubo pérdidas irreparables, como los abortos que marcaron su matrimonio con Mark Gero: "La incapacidad de ser madre es una tragedia que jamás superaré".
Los años de Studio 54, las giras con Frank Sinatra y las recaídas construyeron una narrativa de exceso. En 1984, su hermana Lorna la llevó a rehabilitación para evitar un destino calcado al de Garland. Hoy, once años sobria, Minnelli mira atrás con asombro y gratitud: "Tengo ochenta años y la suerte de estar viva".
Múltiples cirugías no frenaron su instinto de regreso. En 2008 volvió a Broadway y sumó otro Tony. Este libro es su enésimo comeback. No suena a despedida, sino a advertencia luminosa: sigue aquí. En la memoria colectiva, en la cultura pop y en ese territorio indomable donde el talento sobrevive a todo.