Olfo Bosé no se habla con su abuela

Ya golfo acreditado, Olfo Bosé le echó valor y horas después de ser descalificado televisivamente ante Jorge Javier Vázquez reapareció. Lo hizo asegurando que le encanta ser tomado por «gigoló». «¿Hay algo mejor que gustar a una mujer y encima que se te pague?», me dijo. Fue un gesto casi torero, el valor ya no se le supone, que me recordó a las grandes tardes de su abuelo Luis Miguel. La misma planta desafiante para realzar la primera fila –mejor en español, ¿para qué anglicismos?– del desfile de Emidio Tucci, que recupera el Teatro Calderón de los mejores tiempos. Exhala el aroma de grandes noches folclóricas; por su tablado pasaron los mejores de la copla, para los que era un escenario irrempazable. Un gesto, el de Olfo –golfo si hemos de creer a su ex rusa, la plácida Katerina, con la que se casó tras sólo tres meses de relación–. En la tele lo tildó de vago y chulo, «y mi madre le pagaba hasta los cigarrillos» o el tren Altea-Madrid para asistir a eventos sociales como esta muestra del pasado lunes de Emidio Tucci, marca característica de El Corte Inglés. Sorprendió que lo mejor haya sido un repertorio de seis esmóquines, a cada cual mejor. Se podía elegir desde el gris perla al cruzado en ese terciopelo o granito azul noche, que el duque de Windsor impuso en tiempos como símbolo de elegancia suprema. Pocos los usan así porque el negro resulta más aprovechable. Pero impactaron a un Finito de Córdoba siempre impecable y sin quitar ojo a Olfo –para ver si caía desde sus dos metros de estatura–. Sobresalió igual que el novio sevillano de Soraya, también de altura envidiable. Lo anotó Fiona Ferrer con su luminoso chaquetón melocotón y guantes a tono. Fue buen realce a su bronceado caribeño logrado en Punta Cana durante las fiestas. ¿Quién como ella? No sabe si los del tripartito –Desigual, Custo y Fred Perry– la invitarán como otros años a la «Fashion Week» neoyorquina, ya en puertas. Empieza cuando rematan el 080 barcelonés, que abre la marca de Isak Andic, ya competidor de Amancio Ortega en comprar los mejores edificios de cada ciudad. Van a ser vecinos barceloneses con sus últimos hallazgos en Canuda –Ramblas y Plaza de Cataluña–, Paseo de Gracia, el edificio que albergó Radio Nacional, el de los buenos tiempos, cuando Luis del Olmo vestía la mañana de fiesta con la sintonía creada por Felipe Campuzano. Allí pululaba un Hilario López Millán que dejó la Ciudad Condal tras media vida. Prefiere el amortiguado bullicio madrileño. Viene a la «recherche» del tiempo perdido como Óscar Higares, también pinturero, captando las novedades de pasarela: prodigan el azul navy tan marinero y americano. Abunda en chaquetones encapuchados y contrasta con la abundancia de blancos, hasta acolchados en chaqueta-anorak que eran confortables a la vista. Quizá hubo exceso de prudencia cromática con tonalidades grises frente a lo multicolor propuesto la pasada semana en Milán, observaron ante Daniel Terán, novio de Marta Sánchez e hijo del Paco emblemático en interiores. Es otra «rara avis» de la concurrencia. Mientras, Álex González escurría pronunciarse sobre su ruptura con Adriana Ugarte, que triunfó con«El tiempo entre costuras». Lo suyo precisaría un sobrehilado reforzador, pero no entró en algo que le incomoda, repararon ante Manuel Martos –ya un habitual de los photocalls–, un Jesús Olmedo cuadriculado en verdes gales y Nerea Garmendia, de CH. Se dieron cuenta de que Olfo no descompuso el gesto ni la sonrisa, como anotó Norma Ruiz desde su esmoquin plata con raya de chándal lateral o Noelia López, entrevistada sólo con pieles que impactaron a Juan Peña, como la afluencia de gente a Irene Villa o saber que a Olfo «mi madre le arropó», dice Katerina, y que no se habla con su abuela Lucía, la templadora «mamy blue», que ya no los lleva tan tiesos.