Rosa Clará: «Las novias vestidas de negro no volverán»

Referente en la moda nupcial, mañana será la responsable. de abrir la Bridal Fashion Week que se celebra en Barcelona

La tienda de Rosa Clará en la calle Velázquez es un ir y venir de novias. Crepé. Mikado. Organza. Encaje. Da la impresión de que la crisis se ha esfumado. «Es muy gratificante que las novias te escojan y que entres al atelier y esté lleno de clientas. Es un sueño cumplido. Me sigo emocionando cuando voy a la plaza de un pueblo en una escapada de fin de semana y veo a una novia con un traje nuestro, porque siento que nos han elegido para compartir el día más importante de su vida», dice ella, la mujer que creó hace casi 20 años de la nada una firma de referencia en el sector nupcial. Mañana abrirá la Bridal Fashion Week de Barcelona, mientras en las tiendas que tiene en 60 países se seguirá en streaming con un cóctel para sus casaderas.

Mañana se verá sobre la pasarela una colección que mira a las actrices que se pasean por las calles de Nueva York, de Grace Kelly a Sarah Jessica Parker. ¿Con quién se queda para llevarla al altar?

Quizá con la protagonista de «Sexo en Nueva York», Carrie Bradshaw, porque representa a esa mujer libre, que con su fuerza y su personalidad sabe darle una nueva impronta a la moda. También habría que fichar a Lupita Nyong'o, me la apunto en la lista.

-Ejerza de guía y propóngame una visita obligada en Nueva York.

-Un día entero en el Moma y una cena en Masa, es el mejor restaurante japonés del mundo. Eso sí, ahorra porque el cubierto es carísimo, sólo apto para darse un regalazo.

-Las novias dejaron de casarse en 2013. ¿Se acabó el amor o se redujo el bolsillo?

-Fíjate, no creo que la reducción de bodas haya sido sólo por culpa de la crisis. ¿Sabes lo que he llegado a pensar? Que las parejas no querían casarse en un año 13. La prueba es que nosotros ya hemos notado la recuperación para 2014.

-¿Me está diciendo que la novia es supersticiosa?

-Yo pensaba que no tanto, pero la superstición es algo que de alguna manera influye. En muchos aviones desaparece la fila 13.

-Y ahora me dirá que es cierto el mito de que las novias con perlas se traducen en lágrimas para toda la vida...

-Eso no lo sé. Es más, yo sería la antítesis a ser supersticiosa, porque me casé en 2013. Para nosotros el único año real de crisis ha sido el anterior y, en cambio, 2014 ha sido y es un año maravilloso, hemos vuelto a nuestro nivel como si no hubiera pasado nada.

-¿Cuál es el mercado que no se esperaba conquistar y ha caído en sus redes?

-Quizá el «Middle East», porque lo cogí con escepticismo debido a que la cultura, a priori, era muy distinta a la nuestra. Sin embargo, desde Arabia Saudí a Qatar tenemos 20 tiendas y no ha sido hasta ahora cuando hemos preparado una colección específica para la zona, de lo que se deduce que las novias se identificaban con nuestro estilo de base. Es cierto que la mujer árabe opta por trajes muy cogidos de cintura y faldas con mucho volumen, aunque la gran diferencia es el gusto por la pedrería.

-¿Volverán los faroles de las mangas del vestido de Lady Di?

-Seguro, segurísimo. Fue un vestido innovador para su época y a mí me gustó en tanto que rompió, lo que no significa que me hubiera casado con él.

-¿Qué ha aprendido del negocio al dar el «sí, quiero» y meterse en la piel de la novia?

-Recuerdo los meses previos a la boda con una presión impresionante porque todo el mundo estaba pendiente el vestido. ¿La lección? Que la novia tiene que ser ella misma con su vestido y pisar fuerte. Esto es lo que hace que el vestido sea verdaderamente un éxito. Para lograrlo, hay que ir cómoda.

-Usted iba muy entallada...

-Sí, pero era cómodo porque estaba poco armado y me identificaba plenamente con el diseño.

-Dos décadas sin parar de crecer, ¿no ha tenido miedo al abismo?

-No te voy a decir que haya sido una inconsciente, porque creo que he sido muy consciente de cada uno de los pasos que he dado, pero cada vez más surgen más miedos. No me dio miedo crecer ni tuve miedo al principio, pero sí me genera más inquietud el mantenernos donde estamos y seguir creciendo.

-Duda capciosa: si alguna se arrepiente el día antes y se convierte en novia a la fuga, ¿se le devuelve el dinero?

-Es el gran dilema de siempre. Esta situación no suele darse el día antes, sino la semana o el mes anterior, cuando el vestido ya está confeccionado con todos y cada uno de los detalles para ella. Siempre intentamos buscar una solución, por ejemplo, intentándoselo ofrecer a otra novia que venga solicitando el mismo diseño, explicándole la situación y buscando un precio más razonable.

-Y esa misma novia arrepentida, ¿vuelve dos años después a por el mismo vestido aunque con otra pareja?

-Tal cual. Y no son pocas. Cambia el novio, pero no el vestido. En ese caso, le guardamos el traje hasta la nueva boda.

-Una de cada diez novias del planeta, elige una firma española para casarse. ¡Qué mal gusto tienen las otras nueve!

-No he tenido la oportunidad de leer con detalle este informe, pero me podría cuadrar en tanto que los dos grandes productores de moda nupcial en el mundo somos China y España, aunque con un segmento diferente. Las empresas españolas hemos apostado, con nosotros a la cabeza, por vender calidad y marcar tendencia. Se nos reconoce como «marca España» y lo llevamos de bandera.

-Se ha rebajado un 40% el gasto de las bodas. ¿Se quita tela del vestido?

-No se reduce la tela, sino que se cambia el tejido, que es lo que verdaderamente hace que un vestido sea más caro o barato. En la historia de nuestra casa, la novia nunca había mirado el precio del vestido. Siempre habían escogido el diseño que más les gustaba, hasta que la crisis avanzó y se miró por primera vez el precio.

-¿Mantilla y peineta?

-A mí me encantan y sientan muy bien. También tiene que estar ligado a la tradición y está claro que en el sur lo está y en Barcelona, no tanto.

-¿Volverán las novias de negro?

-Ya no, no volverán. Mi madre se casó de negro, precisamente como otra respuesta a la tradición. Sin embargo, el blanco favorece tanto que no creo que le destronen.

-Ahora se ha embarcado también en la primera comunión. ¿Son más exigentes ellas que sus madres?

-Lo que ocurre es que normalmente no tienen la misma percepción de lo que quieren las madres que las niñas y ahí es donde surge el conflicto. Nosotros apostamos porque la niña mande. Viéndolo más de cerca, estoy descubriendo que es todavía más importante que el de la novia. Porque en la boda, la mujer comparte el día, mientras que en la comunión la mujer es la estrella de todo. Desgraciadamente yo quise un traje de princesa, y por normas del colegio tuve que ir con túnica.