Stallone el jefe de la banda

Schwarzenegger, Willis, Rourke, Lundgren, Jet Li... Están todos y capitaneados por Sylvester en «Los mercenarios». Son los mismos que convirtieron a Bogart en un blando

JASON STATHAM, EL MÁS JOVEN; JET LI, EL TOQUE ORIENTAL; BRUCE WILLIS, SIN JUNGLA; MICKEY ROURKE, EL COLEGA
JASON STATHAM, EL MÁS JOVEN; JET LI, EL TOQUE ORIENTAL; BRUCE WILLIS, SIN JUNGLA; MICKEY ROURKE, EL COLEGA

Stallone, el rey de las secuelas, lo ha anunciado: hará una secuela. Y no es cachondeo. Pero no de Rambo ni de Rocky, sino de «Los mercenarios». Ahora sí, con una condición: si supera los 30 millones de recaudación el primer fin de semana. El «halterofílico» más famoso del planeta, con permiso del gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, alias «Terminator», ha escrito, protagonizado y dirigido «Los mercenarios», que es como una «reentré» de los chicos/testosterona de los ochenta. Una reunión de jubilados de las pesas y los chutes de hormonas, que era como el botox de entonces. Ahí están Bruce Willis, Mickey Rourke (que todavía puede andar), Dolph Lundgren (¿lo recuerdan?), Jet Li y Jason Statham para bajar la media de edad. Son como los Rolling Stones. Si sumas los años de todos, se pasa el centenario.


Su nueva cinta, «Los Mercenarios», vuelve a convertir a Silvester Stallone en un héroe desgastado en mil batallas durante una misión peligrosa y mortal en Suramérica. A los 64 años sigue siendo un tipo duro. En el filme, él encabeza una banda de soldados musculosos que se ven atrapados en un complot para derrocar al dictador asesino de una nación ficticia. La historia sirve como telón de fondo de innumerables explosiones y escenas de lucha. Una buena oportunidad para que se luzca el reparto, encabezado por los actores Jason Statham, Jet Li, Dolph Lundgren, Mickey Rourke, Terry Crews, Steve Austin –ex luchador profesional– y Randy Couture, campeón de Ultimate Fighting. Además, cuenta con las apariciones estelares de otros dos grandes: Bruce Willis y Arnold Schwarzenegger. Un filme lleno de riesgos en la ficción y también en la realidad, como comprobó Stallone: se rompió el cuello y se desgarró el hombro en una escena de lucha con Austin. «Todavía me esperan dos operaciones más del hombro», dijo. «Los mercenarios» comenzó como una historia intelectual, pero Stallone desechó la mitad del guión y lo convirtió en un relato cargado de acción. Pretendía recuperar a esos personajes duros que afrontaban retos espectaculares antes de que los efectos digitales y los músculos de velcro sustituyeran a la realidad. «Cuando los tuve a todos delante, les anime a hacerlo. Les dije:"Muchachos, tenemos que hacer algo con mucha acción y sin efectos especiales para que sea interesante para el público". Ya no se ven tipos usando cables y volando por el plató. Antes, cuando te pegaban, te lastimaban, y eso era bueno. Eran los combates de la vieja escuela. Se ve realista y gran parte es real». Pero todos los riesgos conllevan una recompensa, y Sly lo sabe. «Si esta película funciona, buscaría más dinero para financiar la secuela. Tengo una idea,pero no voy a decir nada porque necesito el elemento sorpresa. Voy a tratar de ser bastante radical», explica el actor y director, que ha necesitado treinta millones para rodar este filme, que podría salvar su carrera si consigue un gran taquillazo.

-¿Cómo empezó esta película?
-Empecé con Jason y Jet. Era una historia diferente, pero comencé a llenarla de villanos y me di cuenta de que no había visto algo así en bastante tiempo. Decidí cambiar el proyecto

-¿Le respondió el cuerpo?
-Ya no tengo la flexibilidad de antes. He dejado de ser de goma pero con la experiencia sé mantener y controlar el dolor que sientes en las peleas. Soy menos flexible y también me lesiono más. Me entreno de manera diferente, porque me falta velocidad y agilidad pero la adrenalina y el esfuerzo siguen siendo lo máximo.

-¿A qué tipo de entrenamiento se sometió?
-Hago mucho menos de lo que solía hacer porque ahora mi cuerpo no aguanta de la misma manera. Si antes entrenaba siete días a la semana ahora tengo que hacerlo cinco, y si antes eran dos horas diarias ahora es una.

-¿Por qué, entonces, decidió rodar este filme?
-Fue un rodaje tremendo que nos puso a todos de los nervios. Es una historia diferente, sin efectos especiales. Sabía que Eric y Mickey aceotarían sin ningún problema pero no me esperaba que todos los actores respondieran a mi llamada. Ha sido un gran honor para mí trabajar con ellos. Me veo como un chico de 18 años con artritis. Nos llamaron ancianos. Dijeron que nuestra época ya había pasado, pero yo contesto: esperen y vean esta película antes de darnos por muertos

-¿No están mayores para hacer esta clase de películas?
-No pretendía alardear de eso, pero parece que los tipos duros, los que yo conozco, son maduritos. Todavía no me he topado con ninguno que sea joven. Ojalá, si esto funciona, podamos encontrar a los jóvenes Rambos y los jóvenes Charles Bronson que quieran mostrar su hombría.

-¿Qué le llevó a pensar en un grupo de soldados?
-Vivo en el universo de las artes marciales y me uní a unos cincuenta tipos que se dedican a entrenar y cultivar su cuerpo. No hay ninguno que esté gordo o que no vaya al gimnasio. Quise crear el ejército más duro del mundo. Por eso pensé para este proyecto en un grupo de soldados.

-¿Cómo dirigió esta película?
-Tuve que ser humilde y entender que a mi edad ya no puedo ser el protagonista de la película, el centro de atención. Le di el relevo, en ese sentido, a los más jóvenes, empezando por Jason, que es el líder del grupo. Desde ese instante me convertí en director y me entregué por completo a crear una buena película con grandes escenas de acción y pocos efectos especiales. Me fascina dirigir y más a estos tipos porque les entiendo. Sé lo locos que están, cómo reaccionan en las escenas de acción y conozco su capacidad para soltar adrenalina, así que les empujo a hacerlo cuando estoy detrás de las cámaras.

-¿Puede esta película cambiar su rumbo en Hollywood?
-Existe una gran expectación con este filme. Eso no significa que obtenga una gran taquilla, pero lo que yo he disfrutado con esta película nadie puede quitármelo. Mi camino en Hollywood todavía está marcado por dos grandes personajes: Rocky y Rambo. Pero es que esos nombres forman ya parte de mi ADN.

-¿Por qué fue a rodar a Brasil?
-Es un país interesante visualmente. Odio trabajar en el desierto, aunque lo haya intentado, y jámas volveré a la nieve. Me gusta la jungla. Hay algo en el trópico que es para mí y Surámerica es famosa por el color de sus paisajes. Si, además, le añades la historia de una revolución, estás directamente relacionado con su historia. Y eso es interesante.

-¿Cómo logró que Schwarzenegger se involucrara?
-Llevamos mucho tiempo hablando de trabajar juntos y nunca había ocurrido. Arnold y yo no hemos sido grandes amigos. Al contrario, siempre existió entre nosotros mucha competición, pero cuando le llamé y le propuse que participara en este proyecto, no lo dudó. Inmediatamente me dijo que sí.



No falta ni el gobernador de California

ARNOLD, EL CONCILIADOR
Están todos los que son y, desde luego, son todos los que están. Stallone se ha rodeado de los tipos más duros, acostumbrados a las tareas más complicadas para cumplir una misión. La vida le ha enseñado ya unas cuantas cosas a esta singular «troupe» de mercenarios. Algo de lo que habla, precisamente, Arnold Schwarzenegger en la película, con ese aire conciliador que conserva su aparición.


JASON STATHAM, EL MÁS JOVEN
En la película es Lee Christmas, un tipo de cuidado, de los que da miedo acercarse, que maneja el cuchillo y las navajas con profesionalidad y soltura.
 

JET LI, EL TOQUE ORIENTAL
No podía ser de otra manera. Cuando se piensa en él, se piensa en artes marciales, que es justo lo que exhibe. En el filme es un maestro en la lucha cuerpo a cuerpo.

BRUCE WILLIS, SIN JUNGLA
No podía faltar y no ha faltado. La presencia del chico de la jungla de cristal en la película es demasiado breve, pero inolvidable, justo igual que la de Arnold.
 

MICKEY ROURKE, EL COLEGA
El muchacho de las nueve semanas y media y rostro irreconocible interprete a Tool, el mejor amigo de Stallone en el filme y el que despierta su humanidad.