Manolo de Vega en la ruina y en el olvido

Postrado en una silla de ruedas y ahogado por las deudas, el cómico se siente emocionalmente hundido: «Soy un muerto en vida», afirma

Imagen del artista cedida por la revista «Pronto»
Imagen del artista cedida por la revista «Pronto»

Ha sido uno de los humoristas españoles más populares en las décadas de los ochenta y los noventa, disfrutó de las mejores casas, los mejores coches, y en su armario se apiñaban más de cien trajes, pero hoy vive inválido, amargado, en la ruina y en el olvido. Manolo de Vega está postrado en una silla de ruedas desde que tuvieron que amputarle las dos piernas por culpa de una diabetes mal curada, apenas tiene recursos para comer y confiesa que «si no fuera por los hijos de mi esposa Juani, que nos llenan la nevera de comida de vez en cuando, y por la ayuda de algunos amigos y familiares, mi mujer y yo viviríamos en la indigencia».

Su voz se quiebra ante la desgracia, aquella animosidad y simpatía de antaño, son hoy un simple recuerdo. Se codeó con los más grandes y con los artistas más populares de su época, con Julio Iglesias, Isabel Pantoja, Chiquito de la Calzada, María Jiménez… Ninguno de ellos ha respondido ante las peticiones de ayuda de este vallisoletano de setenta años. Mejor se están portando José Mota, Millán Salcedo y Santiago Segura, quienes han sacado de más de un apuro económico a Juani y Manolo en los últimos meses. O Moncho Borrajo, Manolo Escobar y Tony Antonio, que prepararon en su momento homenajes para un artista que se significaba por ayudar a compañeros más desfavorecidos en sus tiempos de gloria.

Pero Manolo vive su desgracia con llantos y penas. No tiene ganas de vivir y confiesa que «de los mil cien euros que me corresponden por invalidez y jubilación, apenas me quedan cien limpios para vivir y pagar gastos. ¿A ver quién vive hoy en día con ese dinero? Porque el banco se me queda con unos setecientos para hacer frente a un crédito que tuvimos que pedir en su momento, y el INSS me descuenta otros doscientos cincuenta y tantos cada mes porque, según ellos, me habían pagado de más en el 2011. La Generalitat Valenciana dejó de pagarme hace unos meses los 357 euros de ayuda a la dependencia alegando que no tienen fondos…Voy tres días a la semana a diálisis en un hospital de Requena, me faltan las dos piernas, tengo la mano derecha inactiva, no puedo vestirme ni comer solo, mi vida se resume a estas cuatro paredes, a martirizarme el cerebro por los problemas, y al paseo diario para tomarme un café cerca de casa. No puedo permitirme ningún gasto de más. Ni tan siquiera tengo dinero para pagar los medicamentos… Hace doce años que no sé lo que son unas simples vacaciones. Soy un muerto en vida…»

Se pone a llorar, no puede reprimir el dolor que le quema por dentro. Es un hombre grande con un corazón tan inmenso como su físico. Se seca las lágrimas y prosigue: «Los pocos ahorros que tenía se los ha comido esta maldita enfermedad. El día menos pensado me voy al otro mundo y nadie se va a enterar. Yo, que tuve tantos amigos, hoy me siento más solo que nunca. Si no fuera por Juani, por su amor y por su ayuda, me moriría de pena. Estoy tan desesperado que cualquier día cometo una locura… Es que no puedo más. Estoy harto de las injusticias, de la enfermedad, del olvido… Muchos de aquellos que fueron mis amigos ni tan siquiera me llaman para conocer mi estado de salud. No me entra en la cabeza tanta ingratitud».

Los empresarios no contratan a artistas en la situación de Manolo, y hasta una alcaldesa de un pueblo de Valencia le dijo que no merecía la pena pagarle un actuación porque «das mala imagen sobre el escenari». De Vega asegura que «podría seguir cantando, porque me faltan las piernas, pero no me falla la voz. Soy inválido, no mudo. El problema es ése, que doy mala imagen. Nadie quiere ayudar a un inválido, el egoísmo y la incomprensión están por encima de la solidaridad. Pero, ¿quieres que te diga la verdad? Me duele más perder a los amigos que las piernas… Esa es mi triste realidad».

Su esposa escucha, emocionada y cabizbaja, pero habla con rabia: «La actitud de mucha gente con Manolo es injusta e inhumana. Él no se habría portado tan mal con cualquier compañero desfavorecido. Y a los empresarios les digo que para contar chistes no hace falta andar. Nuestra situación es desesperada, casi no tenemos ni para comer, estamos en la ruina más absoluta».