Feria de San Jaime: Una víspera banal

El alicantino José María Manzanares corta dos tibias orejas de un encierro muy variado y con toros indignos de Garcigrande 

El alicantino cortó sendas orejas a cada uno de sus astados de ayer en Valencia
El alicantino cortó sendas orejas a cada uno de sus astados de ayer en Valencia

Valencia. Sexta de la Feria de Julio. Se lidiaron toros de Garcigrande, y Domingo Hernández, (1º, 2º y 3º), muy terciados de presentación los tres primeros, indigno el tercero. Lleno de «no hay billetes».
Enrique Ponce, de tabaco y oro, casi entera trasera y desprendida, descabello (silencio); pinchazo, media estocada, aviso, tres descabellos (saludos).
El Juli, de grana y oro, pinchazo hondo, estocada trasera (saludos); dos pinchazos, tres descabellos (saludos)
José María Manzanares, de pizarra y oro, pinchazo, estocada baja (oreja); estocada baja (oreja).

Era el día, la hora, el momento. La Fiesta más viva que nunca, la plaza llena, hasta arriba, el "no hay billetes"colgado de taquillas desde por la mañana. Un cartel de figuras era la antesala de la resurrección José Tomás. Enrique Ponce, El Juli y José María Manzanares con la corrida de Garcigrande. En un fin de semana y en una plaza de máxima categoría se debatía la autenticidad del toreo. ¿Quién manda aquí?, ¿cómo? ¿Dónde acaba el mito y empieza la realidad? O a la inversa. Tras la revolución Tomás se esperaba la reivindicación gallarda de Ponce, en líneas enfrentadas, y toreando en su casa. Ahí justo había decidido reaparecer Tomás, en el reino «poncista». Para colmar la plaza y disparar la reventa. Apostábamos por El Juli, que tira del carro desde hace tiempo. O Manzanares, en su temporada, a secas. La suya por méritos propios cuando el toreo es seda. Por eso, decepcionó el primer toro, terciado de presentación, tan justo de todo... Pero la indignación llegó después, cuando el tercero saltó al ruedo y no encontrábamos el remate en el toro ni mirándolo con amor. No era lo esperado. O sí. No estaba a la altura el acontecimiento, en la Fiesta brava se esperaba un duelo de reyes y no un espejismo. Lo más vibrante de la tarde lo hizo El Juli. Y no en su toro, sino en el quite al cuarto. Se atornilló las zapatillas al suelo y mandó en las chicuelinas que abrochó a una media sensacional. Marcaba un punto y aparte en lo que llevábamos en lo alto. Estuvo bien con el segundo, que se quiso rajar, y de amago en amago lo tapó Juli cosiéndole la embestida a la muleta. El quinto, que subía de presencia, le regaló derrotes de principio a fin. No volvió la cara, tampoco remató con la espada.

Manzanares se llevó una oreja del tercero, suponemos que al calor de una estocada recibiendo, que le costó reiterarse hasta en tres ocasiones. Pero la faena no fue. Quedó en pasajes sueltos, sin estructura ni hilo conductor. Valía todo en Valencia. Y ni la estocada baja restó empuje a la petición. Brindó el sexto a Calamaro. Tuvo el toro bondad, nobleza y miró con serias tentaciones a tablas en más de una ocasión. Manzanares impuso a su trasteo suavidad, largura en algunos naturales, pero no alcanzábamos la rotundidad. La estocada baja, recibiendo de nuevo, y una puerta grande sin devoción.

Ponce brindó su primero, aquel terciado habíamos dicho, descastado y rozando la línea de la invalidez. Anodino quedó el trasteo. Se movió más el cuarto, este sí, fue buen toro que se desplazaba en el engaño, y Ponce se alargó una eternidad en una faena de menos a más, dilatada en el tiempo y en la emoción. Lo mejor llegó al final, como colofón ajustado e intenso.
Era el día, la hora... Se pasó. Ahora, segunda parte, expectante desenlace.