Marta Ortega una boda a lo Hollywood por Jesús MARIÑAS

La Coruña, terra nostra, está cerrada a cal y canto como el histórico Hotel Finisterre donde vivían los ministros de Franco antes del tradicional Consejo en Meirás.

El establecimiento, en el céntrico Parrote, muy próximo a la casa de Amancio y Paco Vázquez, se ha convertido en un fortín inexpugnable que este fin de semana acogerá a los casi doscientos cincuenta invitados entre los que destaca Athina Onassis. Nadie de Mónaco ha confirmado de momento su asistencia, así que no se espera que acudan al evento sabatino con el hombre más rico de España, propietario de Inditex, que comparte responsabilidades con su esposa Flor. Ésta ha contratado a peluqueros y maquilladores en Madrid, mientras que el traje de boda –como aquí dimos en exclusiva hace meses poniendo a temblar a Rosa Clará y Palatchi– está cosido en la firma de Arteijo, según el diseño de un modista americano de quien me reservo el nombre. No será la única colaboración «made in USA», ya que la persona encargada de organizar el enlace será el mismo que asesorará a Angelina Jolie y Brad Pitt en su futuro enlace.

No se andan por las ramas incluso al buscar la sencillez en el Pazo de Anceis, donde se celebrará la boda, una antigua residencia de los condes de Torre Penela, un título de 1700, situado justo en frente del Finisterre, cruzando la hermosa bahía herculina. Curiosamente, en este mismo lugar, la Infanta Elena pernoctó durante sus cursos en Casas Novas. Los Ortega han dado un aire renovador a su vetusta mansión de granito con un estilo pétreo aligerado en tonos claros como es habitual en algunas casas para aumentar así el sol siempre tibio y nunca sofocante del norte.


Capilla románica
En cuanto a los asistentes, por parte de Zara, habrá contadas personas: tan sólo siete invitados de la empresa con Pablo Isla y Espinosa a la cabeza. Las alianzas serán de oro rosa, tan de moda últimamente, que encaja a la perfección con la tez clara de Marta. Estuve en uno de sus últimos cumpleaños celebrados bajo las arcadas de Riazor en el que fue el «Playa Club» de los 70, un local emblemático frente al oleaje perenne de la playa urbana coruñesa.
Es asombrosa la discreción con que esta familia está llevando los preparativos nupciales, que el sábado culminarán en la capilla románica de Anceis, con Amancio como padrino de la que es mucho más que la niña de sus ojos: una heredera que aprendió desde abajo –como tiene que ser– . Trabajó incluso como dependienta en uno de los establecimientos que la firma española más internacional tiene en Londres.

La Coruña está de fiesta. No se recuerda nada igual y, sin duda, marcará esta celebración parangón como recientemente hizo en Sevilla la hija de Carmen Tello, que contrajo matrimonio en el palacio solariego de la calle Cuna ante 500 invitados. Son unos enlaces para el recuerdo y la memoria sin exclusivas de por medio. La nobleza de Amancio es la del trabajo bien hecho desde que empezó haciendo botas de botines en la calle de Andrés. Y aún dura.