La empresa Marigold por Carlos Rodríguez Braun

La Razón
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Peter Whittle recuerda en la revista «Standpoint» que «El exótico hotel Marigold», la película de John Madden, tuvo una tibia recepción en la crítica pero un espectacular apoyo popular, y llegó a estar a la cabeza de la taquilla en Reino Unido. Lo comprendo. Sin ser una historia original ni tener el talento de «Una habitación con vistas» de Forster/Ivory (¡aunque comparten a Maggie Smith!), la combinación Moggach/Madden es eficaz, y los personajes entretienen y conmueven. Aparte de maravillarnos ante Judi Dench (dice Whittle: «Me devané los sesos intentando recordar una sola película en la que haya actuado mal o regular, y no la encontré»), me gustó el hecho de que lo que estamos viendo todo el rato es una empresa, el objeto de los denodados afanes del encantador Sonny (Dev Pattel). Hay un contraste económico entre los británicos jubilados que buscan descansar y los indios que trabajan, montan negocios y salen adelante, con los contratiempos e imperfecciones típicos de los países pobres, y que nos escandalizan en los desarrollados, porque no recordamos de dónde venimos. Esos esfuerzos se reflejan en las cifras de millones de personas que han dejado atrás la pobreza en la India. La ilusión emprendedora de Sonny se resume en la bella falacia que repite una y otra vez, y que condensa el inquebrantable anhelo de defender su empresa: «Todo saldrá bien al final, y si no sale bien, es porque aún no es el final».