Las almejas al azafrán de los díasde Voltaire en la Bastilla

Cuando el 14 de julio de 1789 las hordas revolucionarias y hambrientas tomaron la Bastilla y liberaron a los siete presos que en ella permanecían se quedaron boquiabiertos contemplando el esplendor de las cocinas, despensas y bodegas que el rey mantenía para sus prisioneros.

 
 

Durante su encierro, el marqués de Sade comía salchichas trufadas, alas de perdiz, riñones de ternera, cremas de vainilla y confituras; el pianista y compositor Antoine François Marmontel estuvo sólo once días en aquella penitenciaría, pero pasó el resto de su vida añorando los banquetes carcelarios. Por su parte, el enciclopedista François Marie Arouet, Voltaire, durante su estancia en arresto animó sus días degustando un menú de almejas al azafrán, siempre acompañadas de un buen vino blanco, alcachofas y espinacas fritas, uvas frescas y una taza de café de moka.


La receta
Ingredientes

2 Kg. de almejas vivas
2 tomates
4 hebras de azafrán
½ vaso de vino blanco
1 rama de perejil
Mantequilla
Sal al gusto
Pimienta blanca recién molida

Preparación
1- Se limpian bien las conchas de las almejas y se dejan reposar en agua fría con hielo durante 2 horas. Después se lavan al chorro de agua del grifo y se escurren.
2- En una sartén de fondo ancho puesta al fuego medio se colocan las almejas, se tapan y se cocinan durante unos 3 minutos hasta que abran. A continuación, se retiran con una espumadera y se reservan.
3- En el jugo que han dejado las almejas se ponen a cocer los tomates pelados, despepitados y cortados en cuadraditos, seguidamente se echa el vino y luego las hebras de azafrán previamente disueltas en agua caliente. Se deja hervir un poco y se le añade la mantequilla cortada en dado y el perejil finamente picado.
4- Cuando esté hecho, se salpimienta y se agregan las almejas, dejándolo todo cocinar brevemente, para servir a continuación.


Buenas para los huesos y la memoria
Las almejas y en general los bivalvos constituyen una excelente fuente de nutrientes. Aportan proteínas, hasta en un 20% de su contenido, de valor biológico tanto o más alto que la de la carne y los huevos; su contenido en minerales como calcio (para mantener en forma huesos y dientes), magnesio (que ayuda a fijar el calcio y es relajante muscular) y fósforo (que mejora la memoria), oligoelementos y vitaminas es variado y bastante significativo, y las grasas, aunque no muy abundantes, son especialmente interesantes al ser del tipo de las poliinsaturadas, especialmente los ácidos grasos omega-3, con efectos vasodilatadores, reducen los triglicéridos y aumentan la elasticidad de las arterias, previniendo con todo ello le riesgo de accidentes cardiovasculares.