Atenas

El órdago de Papandréu

El Gobierno griego, al borde del precipicio ante las deserciones socialistas y la petición de nuevas elecciones

El primer ministro griego, Yorgos Papandréu
El primer ministro griego, Yorgos Papandréularazon

MADRID- Al borde del abismo. Así se encuentra el Gobierno griego tras anunciar Yorgos Papandréu la convocatoria de un referéndum sobre el plan de rescate de la UE. En contra de lo pretendido por el primer ministro heleno, la iniciativa ha aumentado las deserciones en las filas socialistas y las peticiones de elecciones anticipadas.

La mermada mayoría del Partido Socialista (PASOK) en el Parlamento quedó ayer reducida a 152 diputados tras la renuncia de la ex ministra Milena Apostolaki. Mientras, otra histórica dirigente del partido, la ex comisaria europea Vaso Papandreu, solicitó en una carta al presidente de la República que reúna a los líderes políticos «con el fin de formar un Gobierno de unidad nacional para salvaguardar el paquete de ayuda decidido el 27 de octubre y que convoque unas elecciones inmediatamente después».

Y es que el adelanto de los comicios, previstos para 2013, ya no es sólo el mantra de la oposición conservadora de Nueva Democracia. Seis diputados socialistas reclamaron ayer a su líder la disolución del Parlamento. El hecho es que el draconiano plan de recortes emprendido por Papandréu desde que llegó al poder en 2009 ha reducido el grupo parlamentario socialista de 160 a 152 parlamentarios. Si van a más las deserciones, el Gobierno se expone a perder la moción de confianza del viernes.

El líder de la oposición, Antonis Samaras, se reunió ayer con el presidente, Carolos Papulias, para analizar la situación política del país. «Ahora no se trata sólo de una petición de adelantar las elecciones legislativas, sino que es una necesidad nacional y cada persona debe asumir sus responsabilidades», aseguró tras el encuentro. De acudir ahora a las urnas, Nueva Democracia sería la más votada, con el 22%, frente al 14,7% del PASOK.

Calificado por Papandréu como la última oportunidad para salvar a Grecia de la quiebra, el plan de rescate aprobado hace una semana en Bruselas prevé condonar el 50% de la deuda helena y conceder una ayuda de 130.000 millones de euros. A cambio, Atenas debe acometer reformas bajo la estrecha vigilancia de la UE.

La opinión pública, en cambio, no es tan entusiasta. Un 60% de los griegos se muestra escéptico con el segundo rescate. «El referéndum es la prueba del fracaso del Gobierno y ahora quieren que ese fracaso sea responsabilidad del pueblo griego. Si este referéndum tiene lugar, no creo que el resultado sea positivo. Si votamos por el FMI, estaremos condenados y si salimos del euro, también», explicaba un apesadumbrado ateniense a la cadena de televisión Euronews.

 

Relevo de la cúpula militar
En medio de la tormenta política y financiera que sufre Grecia, el Gobierno decidió ayer relevar a la cúpula del Ejército. La decisión, criticada por todos los partidos de la oposición, fue aprobada en una reunión extraordinaria del Consejo Gubernamental de Asuntos Externos y Defensa en la que participó Papandréu. Ante los crecientes rumores que circulaban en internet sobre un posible golpe de Estado por el creciente malestar social en el país, el Ministerio de Defensa se vio obligado a salir al paso. La reunión «estaba prevista desde hace tres días» y «los cambios de la cúpula se habían decidido hace unos 20 días», aseguró a Efe una fuente oficial.

 

El perfil
El gestor de una herencia envenenada
Hijo y nieto de primeros ministros, Yorgos Papandréu ganó las elecciones de 2009 prometiendo poner patas arriba el Estado para acabar con la endémica corrupción. Sin embargo, la herencia recibida le dejó poco margen. Dos meses después reveló a Bruselas que el déficit público era cuatro veces mayor de lo reconocido oficialmente, y en 2010 pidió ayuda a la UE para evitar la bancarrota. Desde entonces, ha sido el blanco de las críticas dentro y fuera de su país, pero siempre con un admirable gesto inalterable. Ya con 13 años dio muestras de su carácter durante en el golpe militar de 1967, cuando agentes especiales entraron en su casa y, apuntándolo con una pistola, uno le dijo: «Dime dónde está tu padre o disparo». El niño contestó con calma casi heroica: «No lo sé».