Música

Nueva York

Los «Brangelinos» de la ópera

Entre fogones y con un delantal no es habitual ver a Anna Netrebko, una de las voces más importantes de la ópera actual, amante confesa de la cocina y la buena mesa, y seguidora de las recetas de su abuela, sobre todo de la sopa de remolacha, cuya receta sigue al pie de la letra. No se priva de una copa de buen vino y le pierde el chocolate. Quizá por eso y junto a su pareja, el barítono uruguayo Erwin Schortt, han hecho saltar las alarmas al confesar que tienen la intención de abrir un restaurante probablemente en Viena.

Los dos cantantes posan ante decenas de cámaras en el Festival de Salzburgo, donde su aparición se ha convertido en el gran momento que todos los medios esperan
Los dos cantantes posan ante decenas de cámaras en el Festival de Salzburgo, donde su aparición se ha convertido en el gran momento que todos los medios esperanlarazon

Todo tipo de rumores han circulado vía internet (no podía ser de otra manera), sobre todo aquellos que apuntaban a que podrían haber decidido espaciar sus compromisos profesionales porque ambos empezaban a dar vueltas a la idea de retirarse del escenario (y eso que ninguno ha cumplido los 40). «Pensamos que debe haber algo más en nuestra vida que no sea la ópera, además, pondríamos toda la pasión en ello. No se trata simplemente de un negocio. A los dos nos encanta la cocina y el amor con buena comida se lleva mucho mejor», dicen. Netrebko se mostraba un poco cauta a la hora de situar el local en el mapa, pero terminaba decantándose por la capital austriaca, a lo que apostillaba Schrott: «Después nos comeremos el mundo».

Fusión uruguaya y rusa

Sobre el tipo de culinaria que ofrecerían en su restaurante aún tienen sus dudas, pero imaginamos que las recetas uruguayas y las rusas se alternarán en la carta, sobre todo el pescado amargo que guisa él con salsa tártara y que antepone a cualquier otra receta (su padre tenía un restaurante en Uruguay, lo que podría explicar su interés por continuar la tradición gastronómica de la saga).

Lo cierto es que mientras pensaban dónde inaugurarán el local, Viena, una vez más (¿cuántas van ya?) volvía a convertirse en el feudo de Netrebko, quien el pasado 13 de agosto se dejó la piel en un programa doble, «Iolanta», de Tchaikovsky, y «Le Rossignol», de Stravinsky, para recaudar fondos y levantar la sala de conciertos de la ciudad de Kawasaki que se derrumbó a causa del terremoto del pasado 11 de marzo. Objetivo cumplido, aunque la gran diva de la ópera parece que va a tomar distancias con Salzburgo, una de las ciudades en las que ha cosechado más éxitos, y, por tanto, con su festival. En 2012 será Mimí en «La bohème» de Puccini en el mismo escenario y después, un largo descanso, lo que ha desvelado en una entrevista junto a Erwin Schortt. Para los dos no hay más compromisos, y es que el nuevo responsable del Festival de Salzburgo, Alexander Pereira, no cuenta con ellos para citas futuras, lo que no gusta nada a los artistas, a quienes, por otra parte, no les faltan compromisos por todo el mundo. Mientras llega ese momento, los fotógrafos celebran cada verano la llegada de la pareja, «los brangelinos» del bel canto, como son conocidos en el mundo de la ópera.

«El Marlon Brando de la ópera»
«No siempre nos vendemos como pareja. Antes de ahora ya éramos adultos y cada uno conocido», dice ella, intentando justificar su fama. ¿Celosos? Artísticamente no. Personalmente, ella mucho más que él. Aunque por el momento sólo tengan un hijo, Tiago, son tan «fashion victims» como la pareja de cine. En Salzburgo aterrizaron para la inauguración del festival en un descapotable. Vestido de negro él y escotada y con un traje de cristales color plata y melena al viento ella. Días después asistían a un nuevo estreno. Schortt apenas había variado de estilismo; Netrebko, desafiando al mal fario, lucía un vestido por debajo de la rodilla en amarillo limón con bolso a juego y zapatos abiertos en rojo pasión, el mismo color con el que pintaba sus labios. Van enlazados de la mano, se miran y sonríen. La química es total. Y se juran amor eterno.

Agosto ha sido un mes movido para ambos. Schrott, que luce ahora un pelo tan rubísimo que casi es blanco, ha vuelto a interpretar al Leporello de Don Giovanni por tercer año en el encuentro vienés. Sobre el tinte del cabello bromea: «Mi papel me lo exigía», asegura, para subrayar inmediatamente que a Netrebko le encanta cómo le queda. Munich, Salzburgo y Berlín han sido los escenarios de los conciertos que este verano han reunido a la pareja a quien es uno de los tenores más importantes y consolidados del planeta, Jonas Kauffman. En cada recital (por lo que podrían haber llegado a percibir, por cabeza, 50.000 euros) hubo lleno absoluto, flores, besos, bises y una histeria colectiva que parece poco propia de la ópera y más habitual en los conciertos de rock (¿una revisitación de los Tres Tenores?). Sin embargo, si le piden a Schrott que elija a un cantante de ópera como modelo lo tiene absolutamente claro: Alfredo Kraus, «una cabeza que guía a una voz», asegura el intérprete, a quien por poderío físico han rebautizado como «el Marlon Brando de la ópera».

«Don Giovanni» del año

El futuro inmediato de Netrebko también es apabullante. Abrirá la temporada de los dos templos de la lírica por excelencia, la Scala de Milán y el Metropolitan de Nueva York, donde casi todo está ya listo para que encarne a Anna Bolena en la ópera de Donizetti y vuelva a reinar en Nueva York (su reinado también se extenderá con toda probabilidad al Teatro Real de Madrid), con permiso siempre de la señora de la casa, René Fleming.

En el coso scagliero entrará el 7 de diciembre, día de San Ambrosio, por la puerta más grande con un «Don Giovanni» que firmará escenográficamente Robert Carsen (y que se ha convertido ya uno de los montajes de la temporada) en una nueva producción; dirigirá Daniel Barenboim y tendrá en el reparto a Peter Mattei, Bryan Terfel, Kwangchul Youn, Giuseppe Filianotti e Ildebrando d'Arcangelo, entre las voces principales. Una lástima que para interpretar a Leporello, papel que, como vimos, se sabe al dedillo Schrott, no hayan contado con el barítono. Y una lástima también que se haya caído del cartel la mezzo Elina Garanca, embarazada y que dará a luz en octubre (doña Elvira será Barbara Fritoli, que se turnará con María Agresta).

En la intimidad
El mejor plan: Un sábado por la noche de cine con palomitas, Coca-Cola y una buena película.
Desayuno:
Muy energético y con huevos. Netrebko sabe cocinarlos de 15 maneras diferentes pero, sobre todo, le gustan hechos con queso.
Un paseo: Largo, de al menos dos horas por Central Park, en Nueva York, con Erwin y su hijo Tiago.
Idiomas:Su casa se ha convertido en una Torre de Babel: se habla ruso, inglés y español.
Dietas: Netrebko las odia, aunque es consciente de que le sobran algunos kilos.
Su casa: La familia no tienen una residencia fija: viven entre Viena, San Petersburgo y un imponente apartamento en el Upper West Side de Nueva York según sus compromisos profesionales.
Un pecado: Confesable, en este caso: el chocolate.
Una promesa: No aceptar contratos en los que la pareja tenga que cantar en continentes diferentes.