Miguelín el bebé prodigio

El muñeco de Coixet ha recibido 7 millones de visitas en la feria de muestras que se cerró ayer

Miguelín, el bebé prodigio
Miguelín, el bebé prodigio

No balbucea ni da malas noches a pesar de sus más de seis metros de altura y sus seis mil kilos. El bebé que a toda madre le gustaría tener. Por eso, en los seis meses que se ha dilatado la Expo Universal de Shanghai, que se clausuró ayer, al chaval le han salido unas cuantas novias. Pero él, que sabe dónde hay negocio, ya ha elegido: China. En realidad, la decisión la ha tomado el Gobierno español. El lunes la vicepresidenta Elena Salgado firmaba esta particular adopción.

«Miguelín es y ha sido un ciudadano español se va a convertir en un ciudadano chino. Estoy segura de que va a estar muy feliz», aseguró Salgado, hasta ahora tutora de la criatura. Y el director general de la Expo, Hong Hao, sonriente al recibir gratis «el tesoro guardián del pabellón de España» porque se trata de la primera pieza del gran museo recopilatorio de la exposición que se inaugurará en 2012.

«Muchas empresas también querían quedárselo, incluso nos planteamos venderlo y hacer negocio con él», confiesa la comisaria del pabellón español, María Tena, sobre el futuro de la obra de Isabel Coixet. «Espero que Miguelín contribuya a mejorar los intercambios comerciales», señaló la responsable de las finanzas españolas.

A priori puede parecer exagerada la confianza en Miguelín como embajador económico. Sin embargo, no lo es si se analiza su poder de convocatoria en la que se ha convertido en la exposición más grande y populosa de la historia con más de 73 millones de visitantes. El pabellón español se ideó como un proyecto de inversión cultural para atraer al mercado chino. Y ha cumplido. Tal era la afluencia en las primeras visitas al pabellón –algo que se acentuó con la victoria en el Mundial– que los empresarios asiáticos aceptaban citarse con los españoles que viajaban hasta allí porque así podían acceder al pabellón sin esperar las habituales colas de hora y media.

Lo cierto es que siete millones de personas –no se esperaban más de cinco, pero ayer mismo se batió el récord– han pasado por las tres salas del «cesto», como se conoce al pabelló español, que ha sido galardonado con la medalla de bronce por su diseño, tras el de Reino Unido –merecido– y Corea del Sur –discutible-. Y aunque los montajes audiovisuales de Bigas Luna –con flashes de toros, flamenco, Dalí, Gasol, fútbol…– y Basilio Martín Patino sobre la evolución de la familia, generaban expectación, la estrella de las cámaras digitales de los chinos era el bebé de Coixet. «He pagado 200 yuanes (unos 22 euros) a los reventas para no esperar cola y ha merecido la pena por Miguelín», asegura un ciudadano chino del sur del país.


Pasaportes falsos
El tirón del muñeco se ha convertido también en el salvador de los pabellones de Madrid, Barcelona y Bilbao. Durante las primeras semanas, las ciudades y sus proyectos de urbanismo sostenible apenas tenían visitantes. Entonces, el equipo de Tena ideó un pasaporte para que aquellos visitantes que fueran primero a ver las tres ciudades, tuvieron pase directo sin colas en el cesto. Pasaron de tener menos de 1.000 visitas diarias a 15.000. Pero a la semana suspendieron la iniciativa porque los chinos ya habían hecho falsificaciones de estos pasaportes y las agencias de viajes chinas habían contratado a personas para conseguir los sellos, colar a los turistas y ver al que ahora es su nuevo vecino, Miguelín.


Arabia Saudí con sabor español
Un largo trecho separa Miguelín del pabellón de Arabia Saudí, que cuenta con el presupuesto más alto entre los 198 países invitados al evento. En total, los saudíes invirtieron 125 millones de euros –España gastó 55– para el edificio más visitado de la Expo. Tanto es así que a un turista le explotó la vejiga –no es un cuento chino– por no querer abandonar la cola de más de dos horas para contemplar la pantalla Imax más grande del mundo. Detrás de este montaje cinematográfico se encuentra una empresa española: General de Producción de Diseño. «Los saudíes nos vinieron a buscar porque les gustó el pabellón de Aragón en la Expo de Zaragoza», confiesa el creador de este majestuoso cine, León Carlos Álvarez.