Así se forjó la traición a Patxi López

Zapatero a Urkullu: «Tendría que haberte tenido más en cuenta»

El presidente del PNV ha vendido caros sus seis escaños
El presidente del PNV ha vendido caros sus seis escaños

MADRID- El presidente del PNV ha conseguido invertir la correlación de fuerzas de la escena política vasca en tan sólo 18 meses desde que Patxi López se convirtió en el primer lendakari socialista de la democracia española. Tras la «frustración» inicial de verse en la bancada de la oposición en el Parlamento vasco, ahora su imagen cotiza al alza frente a un desacreditado secretario general del PSE-E. La soledad parlamentaria de José Luis Rodríguez Zapatero, acosado por unas encuestas adversas, ha sido, sin duda, su mejor aliado para obrar «el milagro» de cambiar el rumbo de Euskadi y el suyo propio.

El punto de inflexión en sus relaciones con el presidente se remonta a la ajustada votación obtenida por el Gobierno en mayo pasado en el Congreso de los Diputados en la convalidación del decreto por el que se recortó el sueldo de los funcionarios y se congelaran las pensiones. El rechazo de los nacionalistas vascos al polémico «tijeretazo» encendió en La Moncloa las luces de alarma. Fue entonces cuando Zapatero reflexionó sobre la necesidad de prestar mayor atención al líder nacionalista. Así se lo transmitió en una conversación telefónica que mantuvieron el último fin de semana de mayo. «Tendría que haberte llamado más. Tendría que haber hablado más contigo y haberte tenido más en cuenta». De esta manera tan elocuente, el presidente se disculpó por el móvil ante un asombrado Urkullu, relata a LA RAZÓN un destacado dirigente nacionalista. Ése fue el principio del ascenso del presidente del PNV y el fin de la amistad de López con su jefe de filas.

A partir de entonces hasta ahora, Zapatero ha cultivado y mimado su relación con Urkullu como ninguna otra. Consciente de que su mandato pendía de un hilo, ha desplegado todos sus encantos. Las conversaciones telefónicas y en persona entre ambos se han sucedido tras esa llamada presidencial del último fin de semana de mayo pasado.

Sin embargo, en esas fechas, Urkullu y su hombre de confianza en la Cámara Baja, Josu Erkoreka, no daban crédito a la cordialidad y a las confidencias realizadas en privado por el jefe del Ejecutivo. Escépticos con el Gobierno por experiencias pasadas durante el denominado «proceso de paz», el 21 de julio no apostaban ni medio céntimo por un acuerdo presupuestario. Así lo comunicó públicamente el líder nacionalista. Pero la necesidad de Zapatero de atraerse esos imprescindibles seis escaños del PNV en el Congreso se tornó en virtud para Urkullu y en desgraciada para López, que ha permanecido ajeno al acuerdo forjado prácticamente hasta última hora del jueves pasado, cuando Rodolfo Ares, hombre de confianza de Rubalcaba, se reunió con Manuel Chaves y Gaspar Zarrías para analizar las peticiones de su adversario político.

Además del deseo de Zapatero de no adelantar las generales, la voluntad de Urkullu de no pasar a la historia de su partido como el dirigente que sirvió a Mariano Rajoy en bandeja de plata La Moncloa hizo el resto para que el pacto fuera posible, asegura a este diario un político vasco.

Ese punto de encuentro obligó al equipo de Urkullu a redoblar e intensificar sus esfuerzos durante todo el mes de agosto. La ruta Sondika-Barajas y Barajas-Sondika se convirtió en la rutina casi dos veces semanales de la delegación vasca, encabezada por Erkoreka, en plenas vacaciones estivales. Alfredo Pérez Rubalcaba y José Blanco llevaron durante esa etapa el peso de la negociación con el PNV, que cedieron semanas después a Chaves y Zarrías, hombre de absoluta confianza de José Blanco.

El cruce de documentos con propuestas se sucedió durante toda la negociación. Amén de las continuas intervenciones de Zapatero, en contacto permanente con Urkullu bien por móvil, bien en persona. De hecho, el dirigente nacionalista ha acudido a La Moncloa en más de cuatro ocasiones desde agosto pasado, incluida la última este martes por la tarde, después de la recepción de su Majestad Don Juan Carlos en el Palacio Real, según confirman a este diario fuentes socialistas.

Pero «la negociación no ha sido un camino de rosas». Al contrario. Urkullu tenía claro que su supervivencia en el seno de su partido dependía de no «vender» sus votos a cualquier precio. La corriente más independentista del PNV le ha vigilado de cerca durante todo el proceso negociador. Por eso desde un primer momento puso encima de la mesa como condición sine qua non para el consenso el desarrollo íntegro del Estatuto de Guernica, incluido el traspaso de las pensiones, tal y como compromete a las partes a desarrollar a medio plazo el acuerdo presupuestario alcanzado este viernes. Eso sí, fue consciente también desde el minuto uno de la negociación de que la cesión de la política penitenciaria constituía una línea roja, que Zapatero no se puede permitir, de momento, traspasar.


Cinco meses de llamadas
Tras cinco largos meses de intensas reuniones y llamadas por teléfono, este viernes el presidente y Urkullu cerraron por móvil un histórico acuerdo, que permitirá desarrollar el Estatuto de Guernica, reivindicación realizada sin éxito por López el pasado 19 de septiembre y durante 30 años por el PNV. Ahora un desgastado lendakari tendrá que gestionar las 20 transferencias conseguidas por Urkullu, respaldar la lista más votada en las municipales vascas, pacto que beneficia a los nacionalistas, y dejar que el PNV se lleve la gloria del fin de ETA. Mientras, Urkullu con este acuerdo bajo el brazo no necesita pedir la cabeza de López por escrito. Zapatero ya se la ha entregado.