Combativo y certero en su «vis a vis» con el candidato del PP

El candidato del PSOE tenía claro que no quería basar el debate en el pasado, es decir, en Alfredo Sánchez Monteseirín. Desde el principio así lo transmitió: «Hemos tenido aciertos y errores, y vamos a subsanarlos».

 
 

Como propuestas ofreció innovación, sostenibilidad y la capital como motor metropolitano de empleo; la red de metro como base de la movilidad; y la priorización de los recursos ante el fin de la época de bonanza. «Obligó» a Zoido –ambos soportaron el peso del debate– a posicionarse sobre el futuro de las empresas públicas y cercenó sus vanos intentos de ahondar en el escándalo de Mercasevilla –«a los jueces hay que dejarlos trabajar»–. Encaminó constructivamente la cita, estuvo combativo en todos los bloques, y destacó en su intervención final, en la que ofreció una cara desconocida desde hace demasiados años en el seno del Ayuntamiento: la colaboración desde el Gobierno o la oposición –segundos después de haberse declarado seguro vencedor–. Llamó la atención el vacío constante al que sometió a su hipotético socio de gobierno –dijo estar seguro de lograr mayoría suficiente el 22 de mayo–. No hubo ni una sola referencia a Torrijos: «El próximo alcalde seremos usted o yo», espetó a Zoido. Su intención era debatir a dos con éste último y, pese a las reticencias de IU, se salió con la suya.