Copa del Rey

Como Romerito

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Eliminar al Sevilla no es una revancha por lo sucedido ante Osasuna. Dejar en la cuneta al equipo sevillano es ganarse la oportunidad de jugar la final de la Copa ante el Barcelona y aquí sí se juntan dos oportunidades para reivindicarse. Por una parte, ganar el primer título, y por otra, derrotar al gran enemigo, que además de siete puntos de ventaja en la Liga, apabulló con el 5-0. La derrota en Pamplona ha dejado mala simiente en el club. De ella puede crecer alguna planta de las que destruyen cosechas. De momento, al entrenador se le pueden hacer varios reproches, empezando por la alineación del comienzo del partido que, como se demostró, no fue la más idónea. Al míster se le podría recordar un hecho barcelonista que todavía no han olvidado los madridistas porque les sonrió la victoria. Cruyff, en años de depresión, para enfrentarse al Madrid en el Camp Nou hizo un fichaje de urgencia. Se trajo a Romerito, futbolista de gran calidad, pero que estaba en las diez de últimas. Lo bajaron del avión y con el cambio de horario encima, porque llegó de Brasil, se le hizo debutar contra el Madrid. No hubo cambio sustancial en la clasificación y de Romerito se supo muy poco más. Adebayor recordó aquel hecho porque sin entrenarse a fondo con sus compañeros, sin conocerlos, sin tener idea clara del adversario, fue alineado como si las urgencias las pudiera resolver en su primera aparición. Adebayor, como aquel día Romerito, fuese y no hubo nada.