El valor del silencio por Lluís Martínez Sistach

La Razón
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Coincidiendo con la solemnidad de la Ascensión del Señor a la gloria, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, una jornada nacida del Concilio Vaticano II, convocado por el beato Juan XXIII, concilio de cuyo inicio nos disponemos a celebrar el cincuentenario el próximo mes de octubre.

Benedicto XVI ha publicado un mensaje para esta jornada que tiene por lema «Silencio y Palabra: camino de evangelización». Se trata de un mensaje bellísimo, centrado en el binomio silencio y palabra. Al escribir el sustantivo «Palabra» con mayúscula, el Santo Padre nos indica claramente que se refiere a la Palabra de Dios; Palabra de Dios que, para nosotros, los cristianos, es la misma Persona de Jesucristo, la Palabra definitiva de Dios Padre a la humanidad y el verdadero camino que nos conduce a la comunión con Dios.

También puede sorprender en el lema de la Jornada el uso de la palabra «camino» en singular, cuando parecería lógico utilizar el plural, como si el silencio y la Palabra fueran dos caminos para la evangelización. Benedicto XVI, en el mismo inicio de su mensaje ya lo aclara al afirmar que su propósito es dar todo su valor al silencio y a la palabra, de los cuales dice que «son dos momentos de la comunicación que han de equilibrarse, alternarse e integrarse para obtener un auténtico diálogo y una profunda proximidad entre las personas». «Cuando la palabra y el silencio se excluyen mutuamente –añade–, la comunicación se deteriora, ya sea porque provoca un cierto aturdimiento o porque, por el contrario, crea un clima de frialdad; en cambio, cuando se integran recíprocamente, la comunicación alcanza valor y significado».

También nos dice el Papa que el silencio es parte integrante de la comunicación. Los expertos en comunicación aconsejan distinguir muy bien entre información y comunicación. Actualmente, las personas estamos muy informadas, incluso superinformadas, en el sentido de que a menudo se hace difícil poder asumir de una manera crítica y madura la gran cantidad de mensajes que nos llegan día tras día, a través sobre todo de los medios actuales de comunicación. Por eso, dice Benedicto XVI, «allí donde los mensajes y la información son abundantes, el silencio se hace esencial para discernir lo que es importante de lo que es inútil y superficial», hasta el punto de proponer la necesidad de una especie de «ecosistema» que equilibre silencio y palabra, imágenes y sonidos.

El silencio, en este sentido, se convierte en condición también para un justo equilibrio psicológico personal, ya que nos propone una capacidad de austeridad y de distanciamiento de la gran cantidad de mensajes de todo tipo que nos asedian.

Silencio y palabra son realidades que estamos llamados a integrar en nuestra vida cotidiana. Pero el lema y el mensaje del Santo Padre añaden que tanto el silencio como la palabra deben ser un camino de evangelización, y por ello alaba las iniciativas que, sobre todo en las redes sociales, permiten a las personas encontrar espacios de silencio, ocasiones de oración, de meditación y de compartir la Palabra de Dios. Y Benedicto XVI hace una referencia a estas redes cuando escribe que «en la esencialidad de breves mensajes, a menudo no más extensos que un versículo bíblico, se pueden formular pensamientos profundos. En las distintas tradiciones religiosas la soledad y el silencio son espacios privilegiados para ayudar a las personas a reencontrarse consigo mismas y con la Verdad, que da sentido a todas las cosas», es decir, con Dios y, para los cristianos, con su Palabra definitiva que es Jesucristo.

Nunca debemos separar el binomio palabra y silencio. Aprender a comunicar significa aprender a escuchar, a contemplar antes de hablar, y esto es especialmente importante para los agentes de la evangelización y para la misma acción comunicativa de la Iglesia.

 

Lluís Martínez Sistach
Cardenal arzobispo de Barcelona