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La elegancia al cuadrado por Lluís Fernández

Quizá la faceta mayor en la trayectoria de Carlos Berlanga fue la de crear los himnos más «dance music» de los años 80. Carlos tenía el don de convertir en pop cuanto tocaba. «Bailando» sigue siendo el fundacional de un movimiento elitista que daba de lado a La Movida. «Ni tú ni nadie» es el modelo de canción que incita a la gente a bailar. Lo mismo que «Un hombre de verdad» y «Cómo pudiste hacerme eso a mí», dos canciones que teniendo una orientación «gay dance» cualquiera las puede sentir como propias. Porque la novedad que introducen Carlos, Nacho y Alaska desde la época de los Pegamoides es la vuelta de la narración a la canción española, mantenida a contracorriente por Manuel Alejandro y Raphael. Tanto «Tatuaje» como «Horror en el hipermercado» hablan de una pérdida trágica y amores raros con el lenguaje propio de su momento.

Pero la que define mejor el estilo orgulloso y desinhibido de Carlos Berlanga, un tímido patológico, es «A quién le importa», precisamente el título del musical. Toda una declaración de principios de independencia y desinterés por el mundo circundante. Jorge Berlanga, hermano unos años mayor que Carlos, aparece siempre detrás, como una voz susurrante, orientando con displicencia la innegable creatividad del compositor. Jorge parecía menos introvertido, pero ambos compartían una cierta aversión social, la misma altivez e idéntica capacidad de síntesis para plasmar en una columna o en una canción pop el mundo interior que bullía de forma exaltada en ambos, hasta el punto de tener que acallarlo con los métodos más expeditivos.

Sin duda, lo que los unía era la apostura y elegancia innatas, pasada por el «me importa un bledo» valenciano. Un enorme saber discreto, nunca enfático, y un candor que hacía sospechar que pasaron por el mundo con prisas sin que el mundo pasara del todo por ellos.

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Lluís Fernández