Atletas de leyenda

Un recorrido por la historia de los Juegos Olímpicos, cuya próxima edición comienza el 27 de julio, a través de 30 hombres y mujeres que supieron convertir sus problemas en un aliciente para erigirse en leyendas «30 LEYENDAS OLÍMPICAS»Silvia RobaANAYA TOURING192 páginas, 20 euros

Un libro sobre los Juegos no es sólo un libro de deportes. «30 leyendas olímpicas» habla de superación y de ganadores y perdedores, pero también del ser humano que hay detrás del atleta, de la mujer a la que de niña le dijeron que nunca podría andar por culpa de la polio y que estuvo hasta los doce años con un aparato ortopédico, para ganar tiempo después tres medallas de oro en los Juegos de Roma de 1960; o del chico que a esos mismos doce años era adicto al alcohol y a las drogas hasta que la piscina enderezó su camino para convertirlo en el mejor saltador de la historia, en campeón olímpico pese a golpearse con la cabeza en el trampolín en la fase de clasificación y dejar la pileta llena de sangre.

 El libro de Anaya Touring recopila estas historias y otras que se pueden disfrutar casi con los cinco sentidos y con la mente. Con esta última se recrean las vidas y los éxitos al leer los textos. Con la vista se pueden apreciar instantes que forman parte de la historia, el rostro de la victoria o el de la decepción, los cuerpos de los seres humanos más parecidos a dioses que aparecen en las espectaculares fotografías. Y con la vista y el oído se vuelve al pasado, al lejano y al no tan lejano, para ver y oír las hazañas que consiguieron gracias a los códigos QR que llevan incorporados los relatos y por medio de los cuales se puede acceder a través del móvil o la tableta a los vídeos en los que los seres humanos se convierten en héroes.

Historia contemporánea
Seguir la historia de los Juegos es seguir la historia de la vida, porque en ellos muchas veces se han reivindicado injusticias sociales o se han reflejado conflictos de la humanidad. En una cancha de baloncesto se plasmó la Guerra Fría entre la URSS y los EE UU, y esa vez ganaron los soviéticos. Fue un partido polémico, que se resolvió con una canasta de Belov en el último segundo y con la negativa de los americanos a coger las medallas de plata, que continúan en un banco suizo. En una pista de atletismo, Jesse Owens demostró a Hitler en sus narices, en el estadio Olímpico de Berlín, que su teoría sobre la dominante raza aria era una estupidez. Tres medallas de oro ganó el negro norteamericano y tres años después estalló la Segunda Guerra Mundial por la locura del Führer. El grito de la argelina Bulmerka tras ganar la prueba de 1.500 de Barcelona 92 iba dirigido a los radicales del integrismo islámico, que la tenían amenazada de muerte por correr en pantalón corto y ser mujer. Pero no sólo de campeones viven los Juegos.
Moussambani, en Sidney, nadó solo los 100 metros libres, con un tiempo más de un minuto superior al del que después fuera campeón. Era la primera vez que veía una piscina olímpica. Su «oro» particular fue participar y el aplauso del público le convirtió en uno de los hombres de los Juegos. Esto demuestra que el deporte sirve como elemento para cambiar el mundo. No estaba tan loco cuando pensaba que algo así era posible el Barón de Coubertin, ideólogo de los juegos modernos.

Estamos ante un libro a la vez sencillo y espectacular. Perfecto para abrir boca ante lo que se avecina en apenas dos semanas: el 27 de julio, en Londres, las mujeres y los hombres «normales» se convertirán en héroes, mitos y leyendas.