Salarios: qué se hace en Europa

La evolución de los precios sigue siendo la referencia más seguida en las principales economías europeas

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MADRID- ¿Cómo se deberían actualizar los salarios sobre la base de la inflación o de la productividad? Utilizar esta segunda fórmula no ha sido bien acogida en Bélgica o Austria. La promotora principal de esta iniciativa ha sido la canciller alemana, Angela Merkel, quien ha vinculado los fondos de rescate para las economías en riesgo con la prohibición de ligar los aumentos salariales a la inflación. Pero ni Merkel ni el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy han logrado el apoyo total de sus socios europeos, por lo que tendrán que modular esta propuesta enmarcada en el Pacto por la Competitividad en la zona euro y esperar a la cumbre de marzo para conseguir que el resto de países cambie de opinión.
Así están las cosas en los diferentes países:


España
Han sido numerosas las voces que se han unido a la tesis de Merkel, como el Banco de España, los empresarios e incluso, el ex ministro de Economía, Pedro Solbes. El titular de Trabajo, Valeriano Gómez, no ve con malos ojos que los salarios incorporen mejor la productividad y que haya una norma salarial que tenga más en cuenta la situación de cada empresa, pero siempre teniendo en cuenta cómo va el poder adquisitivo de los salarios. En nuestro país es en los Presupuestos Generales del Estado donde el Gobierno fija el porcentaje oficial de inflación para actualizar los salarios, siempre que el convenio colectivo de cada empresa no marque un porcentaje diferente. En 2010 este objetivo fue del 1%, aunque la media anual fue del 1,8%. En este caso, las empresas que dispongan de cláusulas de revisión salarial podrán adecuar los salarios a la inflación real. En las empresas que no dispongan de cláusula o decidan no aplicarla, los trabajadores habrán perdido poder adquisitivo.


Francia
Los salarios son fruto de la negociación directa entre la empresa y el trabajador o mediante los representantes de los trabajadores. Sin embargo, no todas las compañías están obligadas a negociar los sueldos, pues la mayoría están cubiertas por acuerdos sectoriales que implican respetar el salario mínimo convencional. La revisión de esa remuneración se realiza generalmente una vez al año, en diciembre o en julio, fecha en que el Gobierno revaloriza automáticamente el salario mínimo interprofesional francés (SMIC), que se eleva a 1.365 euros brutos mensuales por 35 horas de trabajo semanales. Su aumento está ligado a la inflación y sirve de referencia en general a las empresas para establecer sus tablas salariales. Según una encuesta reciente realizada por el Banco de Francia, cerca de un tercio de las empresas, un 32%, revalorizan los salarios en función de la inflación.

Italia
Las actualizaciones salariales anuales de los trabajadores hace años que no se realizan de acuerdo a la inflación. Tras examinar la repercusión que este sistema tenía sobre el aumento de los precios y la consecuente pérdida de capacidad adquisitiva, sindicatos, patronal y Gobierno decidieron dejar que cada empleado negociara con su empresa la cuantía de la subida que, cada mes de enero, se produciría en su sueldo. Existe además un mecanismo, llamado IPCA, que establece la cuantía de la actualización de los salarios cada vez que se renueva un contrato. La cifra se calcula sumando la inflación que Italia tuvo el año anterior con la variación de los precios de las materias primas en los mercados internacionales. Algunos sindicatos, como el mayoritario CGIL, no aceptan este sistema porque lo consideran demasiado aleatorio.


Bélgica y Luxemburgo
La subida de los salarios se hace sobre la base de una cesta de productos que, cuando sobrepasan un baremo llamado «índice pivote», incrementa el salario automáticamente. Esta subida se realiza por ley varias veces al año. No obstante, los baremos de la subida dependen de los acuerdos interprofesionales. El Gobierno belga, además, acaba de negociar con los agentes sociales mantener la indexación al IPC en 2011, y una subida del 0,3% (que se sumará a la subida del índice pivote) para el próximo año.

Reino Unido
No existe una legislación que vincule el salario de los trabajadores con algún tipo de indicador económico. Sin embargo, en la práctica, el llamado Consumer Prices Index (RPI) o indicador de precios minoristas –que incluye aspectos que no figuran en el IPC, como los costes de la vivienda– es el que se utiliza en las negociaciones con los sindicatos. El IPC tiende a ser un poco menor que el RPI, excepto cuando las tasas de interés son muy bajas, como ahora. En el sector privado, los incrementos salariales se pactan generalmente cada año. Los sindicatos valoran si la empresa ha tenido beneficios o pérdidas, pero no aceptan que simplemente porque no se hayan alcanzado los resultados esperados los empleados no tengan un aumento de sueldo acorde con la inflación.

En el sector público existe el mismo enfoque, pero tras los recortes anunciados por el Gobierno de David Cameron –los más draconianos desde la II Guerra Mundial– se han congelado los sueldos a los funcionarios como mal menor de un proceso de ajuste que acabará con más de 300.000 empleos. Los límites en las pagas han permitido reducir el medio millón de bajas inicialmente estipulado.

Las medidas han sido criticadas duramente por Unite, el sindicato más importante del país, que ha convocado una manifestación a nivel nacional para el próximo 26 de marzo. Cree que las grandes corporaciones falsean su rentabilidad en función de las obligaciones tributarias. «Tener pérdidas un año no puede traducirse en la congelación de los salarios», asegura el sindicato.


Cómo negocia la locomotora alemana
En Alemania, los salarios van ligados básicamente a la productividad del sector de la economía en el que trabaja cada empresa. En 2009, la Ley de convenios colectivos cumplió sesenta años como la propia República Federal de Alemania. Los convenios marco salariales determinan los diferentes grupos salariales, sus características y normativa sobre remuneración por productividad. La cantidad de grupos difiere mucho en cada sector y sindicato. En los convenios existe un componente de redistribución que corrige la relación entre beneficios y salarios a favor del trabajador.
El Estado no tiene influencia oficial en la negociación colectiva, si bien los gobiernos inciden de una u otra forma en los convenios colectivos por medio de recomendaciones o informes sobre la evolución económica.


 Información elaborada por Rosa Carvajal, Jorge Valero, Darío Menor, Álvaro del Río y Celia Maza