Isabel II ajusta cuentas con Diana de Gales

Hay muchos secretos de Palacio y la relación de la Reina de Inglaterra y Diana de Gales siempre ha sido y será uno de ellos. ¿Qué pasó entre las dos mujeres? ¿La soberana nunca se preocupó por la que fuera su nuera o fue Lady Di quien traicionó a Buckingham? Los más files sirvientes aseguran que la «princesa del pueblo» supuso desde el primer momento un lastre para la familia real. Sus escándalos en vida representaron un calvario y los momentos de su muerte llevaron a la monarquía a las situaciones más delicadas. Pero, lo que nadie puede negar es que la esposa del príncipe Carlos se convirtió en una marca que hoy en día sigue produciendo grandes ganancias para la corona.

A pesar de que Kensington Palace es la nueva residencia londinense de los duques de Cambridge, sigue vendiéndose como «la que fuera casa de Lady Di». Esta primavera se ha abierto de nuevo al público después de una reforma de dos años que ha costado 15 millones de euros, y los expertos han utilizado una exposición de los vestidos de la que fuera esposa de Carlos de Inglaterra como mejor reclamo para los turistas. A pesar de que han pasado quince años desde su desaparición, aún hoy acuden centenares de personas hasta las verjas para dejar ositos de peluches y cartas de condolencia.

88.153 visitas
Se espera que 380.000 visitantes pasen por la puerta de este palacio, situado en el corazón de Notting Hill a lo largo del año. Con una media de 15 euros por entrada, la Reina Isabel II sumará a sus arcas 5.700.000 euros, a los que hay que añadir las libras que también se dejan los turistas en la tienda de «souvenirs» y en la cafetería. En sólo las siete semanas que han pasado desde su reapertura, el palacio ha registrado 88.153 visitas de curiosos y monárquicos que quieren ver con sus propios ojos dónde y cómo vivió Diana después de su separación del príncipe Carlos.

La pareja dejó de convivir bajo el mismo techo en 1992, pero no fue hasta 1995 cuando Lady Di recibió una carta de la reina en la que le anunciaba que el divorcio era lo mejor para su futuro y el del país. Según el libro publicado este año por Robert Lacey, titulado «Una breve biografía de la reina», aquella misiva terminaba con una afectuosa despedida: «Love from Mama».Tal y como relata el escritor, la soberana, en un principio, fue la gran defensora de la frágil joven. Consciente del «affaire» que mantenía su hijo con Camila Parker Bowles, la mujer del oficial de caballería Andrew Parker Bowles, Isabel II sintió gran alivio cuando conoció el noviazgo con Diana de Gales, una niña de 19 años de familia con título. Al percatarse de que numerosos fotógrafos de la Prensa del corazón comenzaron a acosarla día a día, dio órdenes para que le dejaran más espacio e hizo a su marido, el duque de Edimburgo, escribir una carta al príncipe Carlos: «Cásate con ella o déjala para que mantenga su honor», decía ésta.

El psiquiatra de Diana
Llegó la boda real, pero la pareja nunca fue feliz. Cuando Diana de Gales fue consciente de que el príncipe deseaba a su amante, cayó en una depresión y fue la reina quien contactó con el mejor psiquiatra. La princesa mejoró, pero el matrimonio siguió sin funcionar.

En 1983, Lady Di hizo su preocupación de dominio público a través de unas cintas que se filtraron a la Prensa por Andrew Morton, un joven periodista de tabloides sensacionalistas. Al contrario de lo que se cree, según el libro, Isabel II nunca culpó a su nuera y fue tremendamente comprensiva con ella. Es más, se tomó la molestia de visitar al matrimonio junto a su marido para intentar ayudarles a arreglar la crisis.

Fue el primer y último café que tomaron los cuatro para hablar de aquel asunto. En 1994, Carlos de Inglaterra confesó su adulterio a través de un documental de Jonathan Dimbleby, que había escrito una biografía de la reina tachándola de mala madre. Un año más tarde, Diana de Gales tomó la réplica y contestó ante 23 millones de telespectadores a las preguntas de Martin Bashir. «En mi matrimonio siempre fuimos tres», dijo.

Tras la separación, la reina la protegió, pero «la princesa de corazones» se había convertido en una incómoda ficha en el tablero constitucional. Con su muerte, Isabel II tardó cuatro días en reaccionar ante el público. Se resistía a darle un funeral de Estado, pero, finalmente, no tuvo más remedio que claudicar a los deseos de su pueblo. Aquel mensaje en televisión fue histórico: «Tenemos que aprender lecciones de su vida y de su conmovedora muerte». Sólo hicieron falta 45 minutos para que la soberana se reinventara a sí misma. Después de aquella emisión, sus asesores dicen que escucha más y está más preparada para acometer riesgos. Sin embargo, la reina se muestra sumamente molesta cuando le dicen que su «nueva informalidad y cercanía» se debe al «efecto Diana». «Yo ya hacía esto mucho antes», contesta.

Madre de dos hijos, los príncipes Guillermo –también duque de Cambridge tras su boda con Kate Middleton– y Enrique, el primogénito tendrá acceso el próximo 21 de junio, día de su 30 cumpleaños, a la herencia que le dejó en el testamento Ladi Di, que, al parecer, asciende a doce millones de euros.

 

Las claves de un negocio redondo
La muestra «Royal Ceremonial Dress Collection», albergada en el palacio de Kensington, ofrece la posibilidad de admirar algunos de los vestidos lucidos por Diana de Gales a lo largo de su vida. La mayoría son creaciones de los mejores diseñadores británicos, como Catherine Walker y Zandra Rhodes. Entre las prendas destaca un vestido de tonos morados (en la imagen) que vistió Diana poco antes de fallecer en un accidente de tráfico en París, en agosto de 1997. También resalta otro de color negro en «crepé» de seda «Clerici» que lució durante una función en el Palacio de Versalles en diciembre de 1994.