Edward Hall: «Shakespeare siempre es un acontecimiento»

Como en el teatro isabelino, en Propeller sólo actúan hombres. La compañía, especializada en Shakespeare, abre a lo grande el primaveral Festival de Otoño con doble sesión: «The Comedy of Errors» y «Richard III». Su aplaudido director habla con LA RAZÓN.

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A mediados de los 90, Edward Hall fundó Propeller, una compañía dedicada a llevar a escena obras de Shakespeare, que funciona casi como una cooperativa abierta: los actores cobran por igual y actuar en un montaje implica una invitación para el siguiente. La compañía tiene otra particularidad: está formada sólo por hombres. Los británicos llegan a Madrid para abrir el Festival de Otoño en Primavera con dos obras: «The comedy of errors» (11, 14 y 15 de mayo) y «Richard III» (12 y 13), ambas en los Teatros del Canal.

-Viajan de una cantina mariachi llena de turistas horteras en «The comedy of errors» a un hospital victoriano en «Richard III». ¿Con Shakespeare hay mucho aún por ver o está todo escrito?
-No lo está, sin duda. Hay aún una gran cantidad de cosas que obtener de Shakespeare. Sigue siendo muy popular entre el público, porque sus textos están increíblemente bien estructurados y te arrastran a un abanico maravilloso de sentimientos. Para mí siempre es un acontecimiento dirigirlo. En el corazón del ideario de Propeller está conectar con el público. Siempre estamos buscando nuevas formas en las que reimaginar a Shakespeare.

-Dice en su web: «Queremos redescubrir a Shakespeare sencillamente haciendo las obras como creemos que deben hacerse: con gran claridad, velocidad y repletas de tanta imaginación en su puesta en escena como sea posible». ¿Es que no se hace así?
-Es tan sólo una declaración de intenciones. Así es como queremos hacerlo. A veces creo que hay una conspiración contra Shakespeare: vas a ver una obra y piensas: «La actuación parece impresionante, es una gran producción. Pero sales con la sensación de que Shakespeare no es para ti, de que has visto la obra desde fuera. Y lo que intento es que el público se fije. El noventa por ciento de los espectadores de la época de Shakespeare era analfabeto. Su lenguaje, simple y directo, y toda clase de público lo entendía perfectamente. Pero lo más importante es que nos ha llegado una colección de palabras pero no tenemos direcciones de escena exactas. No quedan largas descripciones de cómo se montaban aquellas obras. Eso está en el propio texto si sabes buscarlo. Has de tener los pies ligeros y estar preparado para dejarte llevar donde el autor te lleve. Al margen de eso, la compañía pertenece a esa vieja escuela de actores bien preparados, con muchas habilidades, musicales, físicas y actorales.

-Seguimos con su «ideario»: «No queremos hacer las obras "accesibles", ya que esto implica "hacerlas idiotas"para que puedan ser comprendidas, y no son».
-Quería dejar claro que no tratamos de «ayudar» al texto original porque sea demasiado complejo. Las obras son accesibles cuando las haces de forma popular.

-Propeller es una compañía formada tan sólo por hombres, tal y cómo eran en el teatro isabelino. ¿Esto les hace ser más fieles al espíritu del teatro de Shakespeare?
-No creo, pero sí nos sirve para que aflore la ironía al escuchar a un actor en un papel femenino hablar sobre lo mal que trata un hombre a su mujer. Sientes que Shakespeare era consciente de lo mal que lo pasaban las mujeres, de cómo eran tratadas, de que servían como moneda de cambio, sus matrimonios se acordaban, y no tenían poder alguno; pero en sus obras tienen un peso constantemente. Y, más que el hecho de que seamos todos hombres, lo que más pesa es el espíritu de compañía que tenemos. Algo similar solía ocurrir en aquellos días. Nuestros actores tienen su sitio aquí hasta que deciden marcharse. Siempre que actúan en una obra tienen un papel en la siguiente. Y se trata de un pacto entre caballeros, no está estipulado por contrato. Eso captura el espíritu de aquellos días.

-Han estrenado «Romeo y Julieta», «La fierecilla domada», «La tempestad»... Pero también han dedicado una atención especial al ciclo histórico: «Enrique V», «Rose Rage» –basado en «Enrique VI»– y este «Ricardo III». ¿Qué nos cuenta Shakespeare del poder?
-Esas obras ilustran la imposibilidad de parar el ciclo de la venganza, y particularmente una guerra civil, que es el peor tipo de guerra. También es un culebrón doméstico brillante: enseña lo que ocurre cuando las familias enfrentadas tienen ejércitos en su poder. Te das cuenta de que en el fondo, los asuntos del mundo dependen del carácter de individuos, algo que vemos cada vez más. La forma en que Tony Blair gobernó tuvo mucho que ver con cómo era. Lo bueno del ciclo histórico es que nos lleva a las bambalinas de la historia. Shakespeare no se queja, no alecciona, tan sólo enseña cómo son las cosas.

-¿Algún consejo para los futuros soberanos, Carlos III y Camilla o Enrique V y Kate?
-Sí, sin duda la Guerra de las Dos Rosas se podría haber llamado la Guerra de los Windsor, porque mucho de lo que ocurrió entonces se repite, con la diferencia de que ahora no luchan en el campo de batalla sino en su castillo (risas). Yo, por cierto, soy republicano. Eso es lo que ocurre cuando la gente nace con privilegios. Mantener una meritocracia junto a una familia real es una contradicción de partida.


El detalle
ENTRE LA ESCENA Y LARA CROFT

Hijo de Peter Hall, director de la Royal Shakespeare Company, y hermano de Rebecca Hall, a la que hemos visto en España con el Bridge Project, Edward Hall (Londres, 1965) apuesta con Propeller por todo tipo de referencias: «Soy casi un yonkie de la cultura popular. Crecí con PlayStations, Lara Croft y todo eso. Incluso he dirigido algún videojuego para esa plataforma...», asegura el director de la compañía, que fundó en 1993.



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