Historia

Naomi Campbell: «Eran dos o tres piedras de aspecto sucio»

Entre los once cargos que pesan sobre el tirano liberiano está la venta de armas a cambio de «diamantes de sangre».

Charles Taylor, el «señor de la guerra» al que le gustaba el tenis
Charles Taylor, el «señor de la guerra» al que le gustaba el tenis

Naomi Campbell consiguió por una vez escapar de los flashes de los fotógrafos y accedió ayer a las instalaciones del tribunal de La Haya desde el interior de un vehículo negro con las ventanas oscurecidas. La supermodelo de los años 90 había solicitado a la corte internacional no ser fotografiada ni a la entrada ni a la salida de su intervención en el juicio contra el ex presidente de Liberia, Charles Taylor, por crímenes de guerra. En los dos años y medio de andadura del Tribunal Especial de Sierra Leona –el nombre específico que ha recibido este proceso–, la maniquí se había mostrado reticente a testificar para no perjudicar a su familia.

Ayer, Campbell reconoció haber recibido de dos individuos anónimas que se acercaron a la habitación de su hotel «dos o tres piedras sucias» en la noche que había coincidido con el dictador africano en una cena privada organizada por Nelson Mandela.

La supermodelo, sin embargo, aseguró que los hombres que golpearon la puerta de su habitación de madrugada no revelaron de parte de quién venían y simplemente dijeron: «Esto es un regalo para usted». Fue a la mañana siguiente, mientras desayunaba con la que entonces era su asistente personal, Carole White, y la actriz norteamericana Mia Farrow, cuando les explicó lo ocurrido y –«una de las dos», dijo ayer Campbell– le espetó que debían de ser de Charles Taylor.

Entre los once cargos que pesan sobre el «señor de la guerra» africano está el de suministro de armamento a los rebeldes del Frente Unido Revolucionario (RUF, en sus siglas en inglés) de Sierra Leona durante la guerra civil que destrozó el país entre 1991 y 2002 a cambio de piedras preciosas o «diamantes de sangre» como los que recibió la supermodelo hace trece años.

El papel de los recursos naturales en la financiación de los conflictos armados en África ha sido una constante denunciada por la ONG británica, Global Witness. La portavoz, Annie Dunnebacke, consideró ayer en una conversación telefónica con LA RAZÓN que el testimonio de la supermodelo supone «un paso hacia adelante» en la evidencia de la utilización irregular de los recursos naturales por parte de los ‘señores de la guerra' africanos, aunque lamentó que de su declaración no se hubiera extraído una vinculación directa y explícita con el dirigente autocrático. «Habrá que esperar a ver cómo valora e interpreta la corte las palabras de Naomi Campbell», añadió.

Dunnebacke, aun así, «da la bienvenida» a la atención prestada por los medios a este proceso contra Charles Taylor y la cuestión de los «diamantes de sangre», aunque sea por la participación de personajes populares como es el caso de la llamada «diosa de Ébano» porque es un «problema que sigue vigente».

Global Witness sostiene que el proceso contra el dictador liberiano es sumamente importante para que tomen nota «todos los dirigentes autoritarios y corruptos que utilizan la riqueza de sus propios países para financiar sus brutales campañas».

En la sesión de ayer, el tribunal preguntó a la modelo si no le había extrañado el regalo, y ella respondió que en su caso «no es extraordinario, los recibo todo el tiempo». Campbell aseguró que había entregado los diamantes a su «amigo», el director de la Fundación Infantil de Nelson Mandela, Jeremy Ratcliffe.

Sin embargo, la portavoz de la citada organización caritativa, Oupa Ngwenya, negó que hubieran recibido los diamantes. La maniquí, que cometió algunas imprecisiones, ha sido la primera de una serie de VIPS que participarán en el proceso.



Charles Taylor

El «señor de la guerra» al que le gustaba el tenis
- Nació en 1948 en el seno de una familia de procedencia americana y degustó desde pequeño los beneficios de pertenecer a la élite de Liberia. Entre sus familiares no existían los esclavos que construyeron el país en el siglo XIX. Tampoco supo cómo era la educación en su país pues como todos los americano-liberianos de bien estudió en Estados Unidos. Regresó a su tierra tras el primer golpe de Estado en 1980 y durante estos años de guerrillero optó por añadirse el nombre africano de «Ghankay» por eso de mimetizarse con los «otros», la mayoría. En 1989 lideró la rebelión y tres años más tarde empezó el levantamiento del Frente Unido Revolucionario de Sierra Leona. Tras la firma de la paz en 1995, siguió dirigiendo el país de la única forma que sabía, con la bota. Charles Taylor está acusado de crímenes de guerra entre los que se incluyen asesinatos, violaciones o la utilización de los niños soldados. La crueldad salvaje en su caso se compagina con gustos más civilizados como el furor por el tenis.