Bono ajusta cuentas

Treinta años en primera línea política dan para mucho. No hay más que asomarse a la primera parte de las memorias de José Bono –«Les voy a contar», editado por Planeta– para comprobarlo. LA RAZÓN ofrece un adelanto de una obra que seguro no dejará indiferente a nadie «Diarios I: Les voy a contar»José BonoPLANETA 600 páginas. 24,50 euros

Tiene una idea del poder en la que sólo caben subordinados que le obedezcan o halaguen»

Miércoles, 8 de abril de 1992
«Guerra es un perito en intrigas»

Reunión con Alfonso Guerra en Ferraz, la sede federal del PSOE en Madrid. (…) Llego puntual a las once. Frialdad en el saludo. «He venido para saber –le digo– si es posible ser amigo tuyo aunque no coincidamos en todo». «No te puedo impedir que me tengas afecto», me espeta. ¡Qué arrogancia! En ese instante decido que es el fin y que no estoy dispuesto a soportarle mansamente ni un día más. Le hablo con una claridad a la que no está acostumbrado: «Los afectos o son mutuos y recíprocos o no son, yo creo que puedo vivir bien sin tu amistad. Hoy empezaré a hacerlo». Se sitúa a la defensiva y me reprocha que le haya faltado a la lealtad: «Estoy muy vivo, no soy el cadáver que tú te crees». Casi todo su malestar lo cifra en «esa cena toledana que organizaste para que interviniese Obiols pero yo sé muy bien que lo hiciste con la intención de impulsar a Serra».
Aquella cena era pues el problema con Guerra. «Estuve a punto de prohibirla», me dice. ¿Prohibirla? Se considera dueño de voluntades ajenas; Guerra tiene una idea del poder en la que sólo caben subordinados que le obedezcan o le halaguen. Sostiene que la «cena toledana la montaste a mayor gloria de Serra», y para intentar mortificarme añade: «Defiendes a quienes no te quieren. El otro día Obiols presentó una revista en Madrid y dijo que era una publicación para gente seria y no para los Ibarra, los Bono, etc.». Me percato de que estoy hablando con un profesional, con un perito en intrigas. «No entiendo —asegura— tu cambio; antes me consultabas hasta el nombre de un concejal de Cuenca... y ahora te dedicas a cuidar la imagen de mis enemigos; incluso me mandabas pasteles...» Efectivamente, los primeros miércoles de mes, en Infantes elaboran unos pasteles llamados alfonsinos –así nombrados en honor de otro Alfonso, el rey Alfonso XIII, que los degustó en los años veinte– y compro una docena de vez en cuando. Sabedor de la afición de Guerra por lo dulce, los comparto con él. Así fue hasta enero.
Creo que intenta ofenderme sin conseguirlo (…). Guerra se cree más que los demás y, por supuesto, mucho más que yo.
Lo más peregrino de la conversación es su teoría sobre la conspiración universal contra el partido, es decir, contra él. Por ejemplo, cuando habla de Jesús de Polanco, presidente de Prisa, en su relación con los ministros Carlos Solchaga, Javier Solana y Narcís Serra:
–Polanco intentó acabar conmigo aliándose con Solchaga, después con Solana y ahora con Serra. Esto no son opiniones sino datos y ya verás dónde acabáis todos.
–Al final, acabaremos en el cementerio, pero tú también– le digo.
–Felipe se equivocó al anunciar que no se presentaría a las próximas elecciones, y Serra no será el candidato porque al candidato lo va a elegir el partido, y no Felipe.
–Sí –le contesto–, pero lo va a elegir todo el partido, no sólo tú y los pocos que te van quedando.
–¿Pocos? Ya veremos quién es mayoritario cuando se vote en la Ejecutiva.
–Ya verás en lo que va quedando el guerrismo.
–Me da pena ver tan claramente adónde vais a ir a parar todos vosotros.
–Yo hubiera querido estar contigo, pero eso de que «el que se mueve no sale en la foto» ya pertenece al pasado. Somos muchos los que no queremos retratistas que nos inmovilizan.
(…) Para mostrarle que está fuera de la realidad, le digo:
–Este año la ministra Matilde Fernández, que te es tan leal, ha dicho que no asiste al Día de la Mujer en Alcalá del Júcar porque no le gustan los actos a los que se transporta a la gente en autobús; dice que «son actos franquistas». La pobre ministra parece ignorar cómo llenamos las plazas de toros y los campos de fútbol cuando tú vas a un mitin.
–¿Cómo los llenáis? – me pregunta.
–¡Con autobuses, con muchos autobuses!, por supuesto. ¿Acaso crees que al anuncio de tu presencia en un pueblo las mujeres dejan de amamantar a sus hijos y corren a escucharte? Cada vez nos cuesta más llenar los autobuses.
–¿Por qué me cuentas a mí esto?
–Porque es la ministra Matilde quien habla del rechazo a los autobuses y porque ella es fiel portavoz y seguidora tuya.
–Yo no necesito portavoces.
–Pues seguidores, vas teniendo cada vez menos.
Se levanta. No soporta que le conteste. Es natural. Han sido muchos años de sumisión y estoy liberándome. No aguanta haberse ido del Gobierno y que el mundo siga girando como si nada hubiese ocurrido. Ya de pie, me lanza:
–¡Ya verás dónde acabáis todos!
–En el cementerio, Alfonso, en el cementerio, ya te lo he dicho. Ahí vamos a acabar todos. (…) Por importante que se sea, todos cabremos en una caja similar y sobrará caja, y tú también, Alfonso. Eso, si no te incineran, porque en tal caso, no quedará ni rastro de ti.
El cementerio al que me refería era el de mi pueblo, y las dos personas, mis padres, a quienes han cambiado de sepultura la semana pasada, pero no se lo digo. Ya no quiero compartir con él nada personal. No ha sido un trago fácil porque a Guerra le he tenido afecto muy sincero, pero ya no puedo soportar la situación de dependencia y de subordinación. No me siento cómodo. Y lo lamento porque, pese a todo, durante más de quince años hemos mantenido una amistad que no resultará fácil olvidar. (…)
Al salir del despacho me siento tranquilo y libre. Voy al AVE para hacer un viaje de prueba entre Madrid y Ciudad Real con periodistas. Me encuentro con el presidente del PSOE, Ramón Rubial, al que resumo mi conversación con Alfonso. Me da su opinión:
–Hay que decir siempre lo que cada uno opina. Yo no estoy ni con Alfonso ni con Felipe, pero eso que le has dicho es duro. Átate los machos porque Guerra reaccionará. ¿Cuántos le habrán hablado a Alfonso de modo parecido a como lo has hecho tú?
–Que estén vivos, políticamente vivos, sólo uno, que es Bono– añade Mercè Sala, la presidenta de Renfe.
Rubial me anima a escribir mis experiencias. A la vuelta del AVE a Madrid tomo notas por escrito e inicio la elaboración de este diario.

Viernes, 23 de octubre de 1992
Infanta Margarita: «¡Que me suban unos huevos! Los militares no me cogerán con el estómago vacío ¡coño!»

(…) Al parecer, [el general Alfonso] Armada no es santo de su devoción [el autor se refiere a lo que le cuenta la infanta Pilar, hermana del Rey, durante un viaje a Barcelona]: «Armada es un maleducado que permanentemente dejaba con la palabra en la boca a mi hermana Margarita cuando estábamos en una tertulia o en la mesa del comedor. Claro, con ella lo conseguía porque es ciega, pero conmigo no. Un señor que se comporta de ese modo no puede ser bueno. Mi hermana tiene la virtud de dormirse en una silla sin descomponer la figura y así estaba el 23-F cuando se produjo un tremendo ruido que la despertó y, sorprendida, gritó al Rey: "¡Los tanques, Juanito! Manda que me suban unos huevos fritos, que a mí me llevarán presa los militares pero no me cogerán con el estómago vacío, ¡coño!"». Durante la noche del 23-F, «el Rey me encomendó que informara puntualmente a nuestro padre, que estaba en Estoril muy preocupado, y lo fui haciendo, contándole lo que yo creía que estaba pasando, ya que a mi hermano no se le podía preguntar».

Martes, 3 de noviembre de 1992
Benegas: «IU recibió dinero de la CEOE»

A las 13.30 horas me entrevisto con Benegas en Ferraz. Le traen un comunicado de prensa relativo a la querella que ha presentado el PSOE contra Diario 16 y ABC por haber publicado que el partido se financia irregularmente. Hablamos del asunto y mi posición es que deberíamos reconocer algo de lo que se haya hecho mal para obtener así alguna credibilidad ante la sociedad. Benegas dice que es imposible, «porque si reconocemos algo, por ejemplo en el asunto de Filesa, perjudicaríamos a mucha gente. El primero sería el banquero Alfonso Escámez, que fue quien propuso la fórmula de hacer informes, que han usado también CiU e IU, pero lo han hecho mejor que nosotros. CiU ha montado un sistema de recaudar cuya justificación formal son los sorteos y cenas entre la militancia. IU recibió dinero del presidente de la CEOE, José María Cuevas, según me cuentan antiguos comunistas hoy militantes del PSOE, pero cuando llamé a Anguita para hacerle notar su debilidad –prosigue Benegas– se limitó a decirme que eso ocurriría en la época de Gerardo Iglesias».
Los comunistas tienen una aureola de limpieza que parece imposible de traspasar, incluso ante noticias publicadas de manera muy clara por medios de comunicación, como, por ejemplo, el diario «El País», que informó el día 30 de agosto de 1992 que el PCE seguía recibiendo dinero de la URSS en 1989, según documentos secretos del KGB hechos públicos por el fiscal general de Rusia, Stepankov.
Respecto de Filesa, no está muy seguro de que el asunto no acabe mal, ya que «el juez Marino Barbero parece que arrastra un agravio contra Gregorio Peces-Barba, que le había avalado en la compra de un chalet. Como resultó moroso se ejecutó el aval contra Gregorio y éste entonces repitió la acción contra Barbero». Si la venganza procede de la financiación de su chalet resultaría muy triste para la Justicia española.
Le cuento lo que me ocurrió en Albacete con la Justicia. El 15 de enero de 1987 escribí una carta al presidente del Consejo del Poder Judicial en relación con el asunto del niño Andrés Fernández, que había sido multado, ¡a sus siete años de edad!, en sentencia judicial por haberme escrito una carta abierta en un periódico de Albacete el 15 de julio de 1986, quejándose de que el alcalde del PP maltrataba a su padre, que era el alguacil de Jorquera. En el Boletín Oficial de Albacete del 9 de enero de 1987 se publica la sentencia número 339 del Juzgado de Instrucción número 1 de Albacete, en la que el juez José García Bleda condena al menor Andrés Fernández Santiago y a sus padres a indemnizar conjunta y solidariamente al alcalde del PP por daños y perjuicios morales con la cantidad de 25.000 pesetas. A ese niño le dije en una televisión: «Si en vez de hijo de un alguacil fueras hijo del conde de Romanones, no te habrían condenado». Varios magistrados encargaron al abogado Javier Sánchez Carrilero que interpusiera demanda civil contra mí pidiendo 40 millones de pesetas de indemnización. Hablé con un famoso magistrado de Albacete y le mostré las cintas de la conversación con una gitana a la que se prometía una sentencia favorable para su hijo si accedía a determinados favores. A otro le expliqué lo que mucha gente de Albacete decía: que un magistrado había aprobado las oposiciones a judicatura porque se presentó su hermano a los exámenes haciéndose pasar por él. La demanda contra mí no se presentó.

Sábado, 26 de diciembre de 1992
Guerra: «Los cajones que más tuvimos que limpiar en Ferraz fueron los de Felipe»

(…) Cena en Madrid con el ministro Rubalcaba y el ex ministro Maravall. Coincidimos en que Felipe debería prescindir de Guerra y de los fundamentalistas para ofrecer ante los electores una imagen renovada. Según cuenta Rubalcaba, Guerra ha dicho a Jesús Quijano, secretario general del PSOE de Castilla y León, que «los cajones que más tuvimos que limpiar en Ferraz fueron los de Felipe». No puedo admitirlo. Creo a Rubalcaba y creo a Quijano, que se lo ha dicho, pero al igual que ellos no me creo la información sobre Felipe: los cajones de Felipe no los imagino sucios. Según Maravall, ese temor que arrastra Felipe no le permite adoptar las medidas que pudieran conducir a un escenario sangriento. ¿Alguien cree que Felipe dejaría en sus cajones de Ferraz documentos comprometidos? Sería tan necio como el que puso una zorra a guardar gallinas.

Jueves, 4 de febrero de 1993
«¡Estos Borbones son especiales! Hasta se preocupan de a quién invitan a sus entierros»
(…) Luis Reverter regresa de la Zarzuela: «Don Juan no está tan mal como se ha dicho, porque se ha levantado de la cama, está jugando a las cartas y pronto pedirá una ginebra... Pero, eso sí, el entierro lo tiene organizado: lo haremos en El Escorial, aunque él tenía previsto en Poblet. El Rey ha cambiado de criterio y enterrará a su padre en el Panteón de Reyes de El Escorial». Me muestra un cartapacio donde tiene previsto el protocolo del entierro. Veo, incluso, dónde me sentaré en la basílica. Reverter es imprescindible para que los reyes vivan bien, pero, sobre todo, para enterrarlos: «En cuanto entierre a Don Juan me voy a La Caixa. Por cierto, el Rey me ha pedido que invitemos al entierro a Encarnita, la viuda de Tierno, y a la mujer de Joaquín Satrústegui».
¡Estos Borbones son ciertamente especiales! Hasta se preocupan de a quién debe invitarse a sus entierros.

Sábado, 27 de febrero de 1993
«Garzón trata de actuar como un hombre de pueblo»

(…) Día desapacible con viento y frío en «Los Quintos de Mora». La operación que he montado puede salir mal y estoy nervioso. Si Garzón acepta ir en nuestras listas, borraremos de un plumazo el injusto estigma de corrupción generalizada que padecemos en el PSOE. Garzón se muestra voluntarioso y tratando de actuar como un hombre de pueblo, con costumbres rurales. Por ejemplo, enciende la lumbre, pero el fuego provoca tanto humo que no podemos aguantar dentro de la habitación. Tengo que traer un cubo de agua para apagarlo porque el humo es insoportable. «Eres muy aficionado a los fuegos», le digo y Felipe me contesta: «Menos mal que tú eres aficionado a los bomberos». Comida larga y entretenida. En la mesa nos reunimos: Felipe, Garzón, Xavier Pastor, presidente de Greenpeace España; el juez Ventura Pérez Mariño, el pintor Antonio López, Clementina Díez (…).
Monopolizan la conversación Garzón, Ventura y Marañón. Comienza Felipe hablando de China y de cómo el presidente chino le explicó las diferencias con los rusos: «Nosotros brindamos con este aguardiente muchas veces en cada comida y hacemos el ademán de bebernos todo el contenido de la copa, pero sólo damos un pequeño sorbo. Los rusos, en cambio, se la beben entera cada vez que brindan. Así no se puede gobernar una nación». Garzón abre el melón preguntando: «¿Por qué te llevas tan mal con los periodistas?». Felipe aprovecha para referirse «al sindicato del crimen, a cuyo jefe he dicho en su cara que es detestable, ante la aquiescencia complaciente de su mujer». Me siento incómodo por sus referencias y lo nota, hasta el punto de que dice: «Ya sé, Pepe, que estás en contra de que hable así, tan claro, pero a Pedro Jota le llamo Pedro Jeta, a Anson...». «No sigas –le corto–, que hoy tocan los misterios gloriosos, los dolorosos mañana.»
Gregorio Marañón plantea el asunto de la corrupción y Garzón insiste. Felipe asegura que «hay dos caminos para luchar contra la corrupción: hacer una catarsis general en todo el país o ir caso por caso». No entra al trapo. Garzón le pide que haga algún gesto «como, por ejemplo, apartar a Guerra, que no vende ni una escoba». Felipe responde: «Desde hace treinta años tengo discrepancias importantes con Guerra, pero siempre cedió él y se notaron poco. Ahora las cosas son más claras y se evidencian más las discrepancias, pero de acuerdo, lo que se dice de acuerdo, nunca estuve con Guerra».
(…) Cuando se van todos, hablo a solas con el presidente:
–Presidente, ¿trabajo para que Garzón venga en nuestras candidaturas o lo desechamos?
–Trabájalo, pero no querrá. Tenme al tanto. Si acepta, tendremos que convencer al partido.
–¿Será difícil para ti?
–No lo creo, porque es un gran activo electoral, pero habrá que esmerarse.
–Si ganamos, seguro que quiere tener un buen puesto en el Gobierno.
–Eso lo veremos en su momento. Tú trabaja para ganar. Porque lo primero es ganar y luego ya veremos. Si perdemos, está visto todo.
–A la orden.
–¡Ah! Ese Ventura Pérez es el listo.
–Sí, lo es. Culo de mal asiento, pero listo.

Miércoles, 3 de marzo de 1993
El Rey: «El único suspenso que tuve fue por no saber pintar la bandera de Falange»
(…) El Rey hace referencias al 23-F: «Pepe sabe que yo no me fiaba de algunos generales, pero tenía que disimular para que no estallara el país. Si no hubiésemos sido prudentes nos explota España en las manos». Por otra parte, dice estar «satisfecho con el libro que ha escrito José Luis de Vilallonga sobre mí. Aunque es un amigo muy pillo, escribe de maravilla. Felipe González me desaconsejó el libro, pero yo se lo envié a Paco Tomás y Valiente para que dijera si había alguna cosa en relación al 23-F que pudiera ser utilizada por los golpistas para pedir la revisión del juicio y como me dio su ok le dije que echara para adelante. A Paco Tomás le tengo mucha fe».
El Rey nos habla de su primera entrevista con Franco: «Tenía 8 años y me llevaron al despacho del Caudillo. Yo me distraje un poco porque vi pasar un ratón y por lo visto aquello no gustó a Franco: "Este chaval no hace caso a lo que se le dice". Ya me contarás si no era para distraerse ver un ratón en El Pardo». También nos explica que «cuando me examinaba de bachiller pasaba vergüenza porque eran exámenes orales y a veces mis compañeros pateaban o protestaban mi presencia, sin duda alimentados por padres falangistas... El único suspenso que tuve fue en Formación del Espíritu Nacional cuando me hicieron pintar una bandera de Falange y no supe: creo que pinté una bandera republicana y me suspendieron».

Martes, 13 de abril de 1993
«Sin ánimo de desprecio, Guerra está mal»

Me llama Felipe para invitarme a cenar en «Los Quintos de Mora» y dice que «Guerra debe estar en el comité de estrategia, y será muy difícil poder incluiros a Maravall y a ti porque los guerristas se oponen totalmente a los dos (…)
El tono de la conversación es franco y distendido. Es la primera vez que le hablo con total confianza y claridad:
«No soy felipista, además, nuestras vidas no han favorecido una relación personalizada; sin embargo, desde que corté con Guerra he aprendido a valorar más tu posición y a comprender lo que habrás tenido que aguantarle». Me contesta: «sin ánimo de desprecio u ofensa, Guerra está mal. Nunca le he dejado que su sectarismo se traduzca o se traslade a las decisiones de Estado. A todas las personas que no gozan de su confianza las considera desleales, pero no sólo para con él sino para con el partido. Intenta paralizar a todo aquel que no coincide exactamente con sus posiciones y no ha asumido que le cesara como vicepresidente. Le envié una carta diciéndole que como tantas veces me había puesto su cargo a disposición mía, creí que había llegado el momento de relevarle de tan dura carga y entonces me dijo que el partido no lo entendería. Le contesté que el partido lo entiende todo y desde luego entendería su salida del Gobierno. Desde entonces está intentando llevar adelante una política sesgada hacia la izquierda que considero equivocada y alejada de los intereses nacionales».
(…) Durante la cena, Felipe habla de «la indefinición de Obiols, que padece el síndrome del eterno candidato que sabe que nunca ganará las elecciones. Tienes tú –me dice– como castellano o como manchego más posibilidades de presidir Cataluña que él».

Miércoles, 23 de junio de 1993
Felipe: «Lo primero que pensé tras el atentado fue en hacer volar a todos esos hijos de puta»

(…) Felipe se muestra muy consternado por el atentado de ETA, anteayer, 21 de junio, en la calle Joaquín Costa de Madrid, en el que murieron siete militares. Se nota que nos habla con las vísceras: «Me salen los instintos más primarios y lo primero que pensé cuando me informaron del atentado fue en una operación, que deseché, consistente en hacer volar a todos esos hijos de puta en una reunión que iban a tener en Bayona y de la que teníamos noticia previa». Se le ve afectado y conmovido. Se trata de un sentimiento tan humano como comprensible. Si algún inquisidor quisiera condenar al presidente por este sentimiento, habría que recordarle que sólo cabe el juicio de los hechos, no de las intenciones ni de los impulsos.
Lerma atiende a los periodistas que ha convocado y nosotros paseamos con Felipe por el jardín hasta que se va la prensa. Nos enseña los bonsáis. Los tiene todos en la memoria, y deben de ser más de trescientos. Se le nota muy interesado por los arbolitos.

Martes, 1 de marzo de 1994
Escámez: «Hemos dado mucho más dinero al PP que al PSOE»

A las once, entrevista con el fiscal general del Estado, Eligio Hernández. Me habla de las muchas dificultades con las que se encuentra por culpa de «unos fiscales que están bastante dominados por el Opus». En relación con Filesa me comenta una conversación con el banquero Alfonso Escámez en la que éste le dijo: «Mire, don Eligio, como tenga que ir a declarar sobre Filesa, también pienso hablar del dinero que hemos dado al PP, que es mucho más que el entregado al PSOE». (…)

Viernes, 6 de mayo de 1994
Garzón: «Con lo que yo le he dado al PSOE. Es inadmisible»

Ayer me llamó Baltasar Garzón muchas veces. Quiere dimitir inmediatamente porque «el nombramiento de Juan Alberto es el gran fraude del PSOE. Como única posibilidad admitiría que se me ofrezca la secretaría de Estado de Seguridad y que de alguna manera todo lo relacionado con la seguridad del Estado quede bajo mi competencia».
(…) Poco antes de llegar a Toledo de vuelta, me vuelve a llamar Garzón. Su voz se va debilitando hasta que creo adivinar a través del teléfono que acaba quebrándose. No sé si es afonía o turbación. Para mí, en todo caso, no es un gesto de debilidad sino de humanidad. Le presto más atención porque le percibo más sensible que en días anteriores. Me dice que el nuevo ministro de Justicia, en el pasillo, y delante de otros ministros, le ha dicho que «tienes que pronunciarte inmediatamente si aceptas o no seguir como delegado del Gobierno para la Droga». Garzón le ha pedido tiempo para pensarlo y para hablar con el presidente, pero Belloch le ha dicho que tenía que hacerlo en ese mismo instante, y lo ha expresado con estas palabras: «Ha acabado tu tiempo y comienza el mío». Si ha sido así, comprendo la reacción de Baltasar. Cada persona tiene su corazón y el de Garzón está herido. Probablemente, se podía haber acabado de otro modo. Belloch me ha dado otra versión.
Garzón me anuncia una rueda de prensa el lunes: «No puedo seguir apoyando al presidente del Gobierno que me ha retirado la confianza. ¡Con lo que yo le he dado, con lo que yo he dado al PSOE! ¡Que no me reciba y no me tenga en cuenta a la hora de hacer estos nombramientos es inadmisible!». El sufrimiento que adivino a través del teléfono es un detalle que humaniza al personaje y, posiblemente, un anticipo de otros quebrantos y sufrimientos para nosotros. A las ocho de la tarde me llama el presidente del Gobierno: «Aplaca en la medida que puedas a Garzón». «No puedo hacer nada –le contesto–. Lo siento. El nombramiento de Belloch ha sido la gota que ha colmado su vaso, porque ha perdido la esperanza de ser ministro.»

Jueves, 23 de junio de 1994
«Para Pedro Jota la hora de Mario Conde aún no ha llegado»

Comida en el restaurante Solchaga, en Chamberí, con Pedro J. Ramírez: «Las causas de vuestra derrota son tan obvias –dice– que el resultado electoral no admite dudas. Debéis dejar el poder cuanto antes porque cada día que pasa son diputados que perdéis. Sin embargo, desde la oposición podríais regeneraros y volver al poder, ya que Aznar es una persona que puede hacer discretamente el papel de presidente pero no tiene ninguna posibilidad de consolidarse por mucho tiempo, y mucho menos llegar a ser un hombre de Estado. Tenéis perdidas todas las elecciones autonómicas excepto en Extremadura y quizá puedas salvarte tú en Castilla-La Mancha». Le digo que Felipe será nuestro candidato en las próximas elecciones generales. Cambia de color y, como si le hubiera dado una puñalada, dice: «Proponerlo como candidato es propiciar una barbaridad, un grave disparate. No creas que lo digo en broma, si Felipe vuelve a ser candidato pueden ocurrir muy malas cosas».
Respecto de Roldán asegura: «Estáis cometiendo un grave error tratando de reducir el escándalo Roldán a su persona cuando el verdadero escándalo es el de los fondos reservados que se repartían no solamente Roldán sino también Corcuera, Vera, Conde Duque, Rodríguez Colorado... Deberíais ponerlo en claro –continúa– porque en quince días el Gobierno lo podría aclarar todo y un periódico tardará quince meses, pero al final quedará claro lo del chalet de Corcuera, la finca de Vera y tantas otras cosas». A Mario Conde lo califica de hombre «con fuerza, garra y atractivo personal, pero ya le he dicho que no pienso apoyarle si no hace las cosas a su debido tiempo. Conde tiene que esperar a que se consolide el sistema democrático y gobierne Aznar. Su momento todavía no ha llegado y no podrá intentar llegar a la política activa hasta que no haya gobernado el PP».

Martes, 21 de noviembre de 1995
«Quien quiere ser rey no puede decir todo lo que sabe»

Recibo al Príncipe Felipe en el Teatro Rojas de Toledo para la entrega de premios de la Real Fundación de Toledo. (…)
El Príncipe habla sin leer. Puedo comprobar bien esta circunstancia porque me encuentro sentado a su lado y veo cómo ha ido tomando notas durante el acto para organizar su intervención. Sin duda es el heredero más valioso y preparado que ha tenido la dinastía de los borbones en toda su historia.
Para trasladarnos al helicóptero subo en el Mercedes del Príncipe porque así lo indica él. Hablamos de la situación política. El Príncipe me habla de usted. Mi impresión es que quiere ser amable pero tiene una rigidez que le impide ser clasificado como un típico Borbón en lo que a las relaciones naturales y espontáneas de éstos se refiere. Hablamos de las palabras que ha escuchado en el acto. Sonríe a algunos de mis comentarios sobre los aristócratas actuales y escucha con atención cuando le digo: «Quien quiere ser Rey no puede hacer todo lo que puede, ni decir todo lo que sabe, ni juzgar todo lo que ve, ni creer todo lo que oye». «Eso debería copiarlo», me dice. «No hace falta –le contesto– lo lleva usted en el genotipo, por parte de madre».


Jueves, 25 de enero de 1996
«Sáenz de Santamaría me dejó contar que el PP ordenó dar carpetazo a la comisión del GAL»
(…) [El miércoles, 24 de enero] se ha anunciado el procesamiento de Barrionuevo y Rafael Vera. Esto es lo que cualquiera entiende como un mal comienzo de una campaña electoral. (…).
Hoy, camino de Telecinco, llamo al general José Antonio Sáenz de Santamaría para ver si me autoriza a decir que fue él quien se entrevistó con dirigentes del PP y que éstos mandaron dar carpetazo a la comisión del GAL del Senado cuando supieron lo que podría contar el general. Me autoriza y tomo la precaución de que José María Barreda vaya escuchando por el teléfono del coche sus palabras. Concretamente me dice: «Si a ti te preguntan más detalles, tú diles que el PP impulsó la disolución de la comisión de investigación al saber que Sáenz de Santamaría iba a hablar de Fraga. Como yo iba a hablar de todas estas acciones lo que quieren sacarme ahora es lo del Batallón Vasco Español, cuando yo estaba en Bilbao de delegado y quieren datos... de muertos; y yo de ahí no paso.
»Martín Villa –prosigue el general– habría informado al presidente del PP de mi intención de desvelar a la comisión del Senado todos los casos de guerra sucia que conozco desde 1975. Entonces se acojonaron. Me propusieron que me pusiese enfermo para no ir a la comisión de investigación. Martín Villa no logró convencerme de que hiciera abstracción de la etapa de Manuel Fraga como ministro de la Gobernación tras la muerte de Franco, así como la posterior de UCD con Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo-Sotelo en La Moncloa. Yo estaba dispuesto a contar comprometidos asuntos, aunque sin imputar responsabilidades a los ex presidentes de Gobierno. La idea era que se hacían cosas y los presidentes del Gobierno no se enteraban.» (…)
Al llegar a Telecinco declaro lo que el general me ha autorizado: «Hay un general español, que fue director general de la Guardia Civil, jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, y lo fue en la época de los ministros del Interior Manuel Fraga, Rosón, Ibáñez y Martín Villa. Este general fue citado a declarar en la comisión GAL del Senado: es el general Sáenz de Santamaría y cuando el Partido Popular supo que iba a decir en el Senado todo lo que él sabía de la lucha antiterrorista, el Partido Popular decidió pasar página». Se monta un gran escándalo. (…)

Sábado, 23 de noviembre de 1996
«Pujol me confesó que obtuvo mucho menos del PSOE que del PP»

A las nueve y media llego al Palau de la Generalitat para entrevistarme con Jordi Pujol. Le hablo de un pacto de financiación que garantice la igualdad de los españoles cualquiera que sea su comunidad autónoma. Larga, distendida y amable conversación. Pujol considera que «cuando se preparaba la Constitución se hizo un mal servicio extendiendo la fórmula del café para todos. Me llamó Garrigues –recuerda Pujol–, mi único amigo en aquel Gobierno, para decirme que tenía que aceptar la generalización del hecho autonómico y que el sentido de responsabilidad de Cataluña tenía que quedar de manifiesto. No sé si la llamada de Garrigues era para halagarme o realmente era para apelar a mi responsabilidad, lo cierto es que le hice caso y volvimos a ser responsables... pero Cataluña es diferente y mientras España ha tenido cuatro siglos de decadencia, Cataluña no ha participado de esa decadencia y ahora que España va bien no puede darse un trato incómodo a Cataluña». Menciona una encuesta del CIS, según la cual «los españoles ven a Cataluña con una mezcla de rechazo y de admiración» y añade: «He padecido enormes agravios de los socialistas pero procuro olvidarlos; he obtenido mucho menos de los socialistas que del PP y por esta razón no puedo ahora aceptar el pacto que propones y poner en peligro lo que he conseguido, ya que buena parte de lo que el PP me ha dado es la financiación que me había prometido el PSOE. Debe haber –concluye– más autonomía de las regiones y menos solidaridad porque ya ha habido bastante. La región que más solidaridad necesita es Asturias».

Domingo, 20 de abril de 1997
«El ministro de Sanidad se pasó mandando condones al obispo»
A las siete de la tarde voy a la catedral (…).

La ceremonia es larga. Participan unos cuarenta obispos. Asiste el singular obispo de Sigüenza, Pla Gandía, con un aspecto llamativamente descuidado. Recuerdo (…) cómo, en 1990, (…) acepté un almuerzo que me ofreció en Sigüenza, en su palacio episcopal. Comimos los dos solos en un comedor enorme y sobre una mesa larga, muy larga. Cada uno en una punta de la misma. Me confesó que «estoy muy triste, incluso lloro mucho por las noches... Me despierto y lloro por la inmoralidad que hay en el mundo. Mire usted lo que me ha mandado ese ministro que tienen en Sanidad...» y me echa sobre la mesa un sobre dirigido al obispo con unos folletos del Ministerio de Sanidad en que se daban consejos sobre el uso de preservativos. «Como puede ver –prosigue–, con dinero público se invita a la corrupción moral de la sociedad.» Me di cuenta de que era imposible convencerle de nada. Salí del almuerzo y conté a mis colaboradores que había comido con una persona débil, llena de prejuicios y más cercana a Torquemada que a Juan XXIII. Desde luego no es el típico obispo listo, ocurrente y elegante. Para ser justos con él hay que decir que aunque el voto siempre lo pedía para el PP, en alguna ocasión nos echó flores por nuestra sensibilidad en materia de restauración de monumentos. Tampoco parece mala persona. Ahora, el ministro se pasó en el mailing, mandando condones al prelado.

Miércoles, 7 de mayo de 1997
Umbral: «Sara Montiel es una reina y no está en las monedas porque no le caben las tetas»
(…) Hoy grabo un vídeo sobre Sara Montiel. Quieren que le dedique unas palabras sobre su origen manchego. María Antonia Abad –que con ese nombre nació en Campo de Criptana nuestra popular actriz– fue ave precursora que se atrevió a poner su sentimiento delante de sus intereses y su libertad delante de sus perjuicios. «La algarabía de tu arte –digo– ha suscitado entre tu pueblo una enorme cantidad de adhesiones.» Hablo del poeta León Felipe que, según Sara Montiel, fue quien le enseñó a escribir. «Los artistas no tienen biografía, tienen destino», añado. Acabé dando las gracias a la artista por ser nuestra amiga y por permitirnos compartir su destino lleno de éxitos y belleza. De otros participantes en el vídeo, por provocador, llaman la atención las palabras de Franciso Umbral. Dijo que era una reina y que «si no la ponían en las monedas era porque no le cabían las tetas».

Martes, 25 de mayo de 1999
«Almunia me dice en el avión: "Vete haciendo a la idea de que serás el candidato"»
(…) Viajamos a Bilbao, al entierro de Ramón [Rubial], en un avión de Air Europa. Casi lo llenamos los dirigentes del Partido Socialista. A mí me toca al lado de Joaquín Almunia, quien me dice que «debes estar preparado para ser el candidato a la presidencia del Gobierno, después de las elecciones autonómicas del 13 de junio. Si logras buenos resultados en Castilla-La Mancha y yo creo que los vas a obtener, no tendrás más remedio que aceptar la nominación. Puede ser que esperemos unos meses o que lo hagamos inmediatamente, pero debes ir haciéndote a la idea de que serás el candidato para las próximas elecciones porque no tenemos otra alternativa. Otra posibilidad es Javier Solana, pero con la guerra de Kosovo está achicharrado».
Me inquietan y perturban sus palabras. Mi obsesión, le digo, «es ganar las elecciones autonómicas y, sólo a partir del día 14 de junio, pensaré en lo que me dices, pero en todo caso no puedo dimitir de presidente de Castilla-La Mancha para ser candidato a la Moncloa». Insiste con buenas maneras y da la impresión de que habla de buena fe.
A la salida del avión y mientras vamos en el autobús desde el aeropuerto de Sondica hasta el hotel Ercilla, en Bilbao, Felipe, que se sienta a mi lado, asegura que «ya sé lo que te ha propuesto Almunia y estoy de acuerdo en que seas el candidato. Debes decidirlo pronto. Mañana ceno con el grupo Prisa y trabajaré en esa dirección». También añade Felipe: «Me ha llegado una información escrita de que en La Moncloa quieren ir a por ti con dossiers y ataques permanentes y no creas que este comportamiento del PP se debe al fraude del lino sino a la posibilidad de que seas el candidato a la Presidencia del Gobierno». Queda en enviarme información.
(…) De vuelta a Madrid llenamos otra vez el avión los dirigentes del PSOE. Rubalcaba comenta en broma, mientras avanza por el pasillo del avión: «Me dan ganas de quedarme en el aeropuerto porque si se produce un accidente yo sería el único sustituto de todos vosotros».