América

Casi crudo

La Razón
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Sasha Obama ha estado estos días pegándose un chapuzón en las aguas de la bahía de Saint Andrew, en Panama City Beach, Florida, acompañada de su padre. A Sasha la recordarán perfectamente porque estuvo hace unas semanas en España acompañando en esa ocasión a su madre, que fue recibida por lo mejorcito del costumbrismo patrio. Cuando Sasha vino a España algunos medios de comunicación, todos ellos malvados, criticaron el dispendio de su señora madre, aunque los portavoces oficiales se apresuraron a decir que lo había pagado todo de su propio bolsillo, así que enseguida el mundo entero pudo respirar un poco más tranquilo. Sin embargo, perversos canallas sin corazón siguieron importunando a la mamá de Sasha y sobre todo a su papá por olvidarse del Golfo de México. Gracias a otro viajecito vacacional, Sasha ha podido reparar la afrenta con su simpático baño y demostrar de esta manera que la gente se pone nerviosa enseguida. Tampoco ha sido para tanto. Tres meses de vertido diario de petróleo se limpian en un santiamén y además los peces no hablan, qué leches. Si esto llega a pasar con Bush en la Casa Blanca y las que se bañan son las gemelas que le tiraban a los palomos, tenemos manifestaciones mundiales e indignación interplanetaria, pero, ay, al papá de Sasha se le perdona todo. Tanto tiempo esperando el feliz advenimiento, así que ahora no vayamos a ponernos estupendos por unos cuantos millones de barriles de petróleo vertidos al mar. Lo que ha ocurrido en las costas de Estados Unidos muestra que todo lo que puede hacerse mal o sale mal es capaz de coincidir en el tiempo. Incompetencia absoluta, desastre organizativo y caos resolutivo. Y lo que es peor: el descrédito eterno para las petroleras, siempre antipáticas pero sumamente necesarias hasta que se nos ocurra otra idea más brillante y posible. El propio papá de Sasha también ha contribuido a que parezcan mucho más sospechosas.
La primera medida que tomó Obama fue la de plantear una moratoria en la construcción de plataformas perforadoras en la zona afectada. Así dicho parece hermoso. Al rato no tanto. Si EE UU no puede sacar petróleo del Golfo de México tendrá que conseguirlo en otras zonas y transportarlo hasta allí, con lo que se incrementará el tráfico de buques (que liberan los restos de crudo que se pegan a las paredes) y habremos hecho un pan como unas tortas. Pero quizá la política, la interprete quien la interprete, está reñida con la cordura y la calma. Y de eso no se libra ni el papá de Sasha.