Neirasis

La Razón
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Hay algo más complicado que irse: que te vayan. Hoy es el día que tienen pensado destituir a Neira. Aprovechando la veda abierta, podían cesar también las decisiones políticas, de un lado y de otro, tomadas a golpe de telediario, a flash de foto y a tiro de cámara. No pueden ni deben, por vergüenza y por dignidad, elevar a la categoría de emblema social una supuesta heroicidad fraguada en programas de televisión, donde la casquería y la inmoralidad se dan la mano según soplen los vientos.
Ahora un huracán etílico ha barrido a un prefabricado héroe con pies de barro que, afortunadamente, salió de una muerte anunciada –segundo a segundo en esos mismos platós– y se dejó caer de lleno en el mundo de las tertulias televisivas y los reportajes de papel cuché.
No entraré en las palabras de Neira sobre su autoproclamada moralidad intachable; se define sólo como lo ha venido haciendo en sus apariciones donde el insulto, la mofa y las lecciones de civismo artificial eran la tónica. Allá él. Pero sí en las declaraciones de ministras, presidentas y de las cansinas feministas de carné y subvención. Exigen responsabilidad a las que tienen enfrente. A ver si es verdad y empiezan por ellas mismas. Si puede ser, señoras, no pierdan el culo por ser las primeras en poner una medalla o hacer un nombramiento oportunista, siempre a cargo del contribuyente. Déjense, aunque les cueste, de populismo y demagogia barata con tanto observatorio y observen lo que realmente sucede. Comprendemos su desesperada sed de titulares. Pero prediquen con el ejemplo, que para eso les pagamos.