De vuelta a casa para contarlo

El cansancio de cuatro días de intensas experiencias no ha borrado las sonrisas de los miles de peregrinos que ayer comenzaban su «operación retorno de la JMJ». Su primera odisea la vivieron cuando intentaron salir de Cuatro Vientos: «En las estaciones de metro nos restringían el paso porque los trenes estaban saturados», comenta Bernabé, uno de los primeros en llegar al polideportivo del colegio de los agustinos.

Varias jóvenes se despiden en la estación madrileña de Chamartín
Varias jóvenes se despiden en la estación madrileña de Chamartín

Poco a poco van llegando los más despistados. «Salimos en dos horas hacia Eslovaquia y estamos destrozadas», explica Jana. A su derecha, junto a unas colchonetas, un grupo de Barcelona ultima sus maletas. «Me ha impresionado la fraternidad de la juventud de hoy», asegura Laura, de 17 años. Ya está pensando en la próxima, Río 2013. Lo que no se olvidará son los cuatro días que ha vivido en Madrid, junto a miles de católicos:
«Nos hemos intercambiado cruces, banderas y pulseras. Son los souvenirs que me llevo», añade.

Sandson, de Brasil, es más espiritual: «Yo me quedo con la acogida, aunque me he comprado una guía del Museo del Prado». Los más adelantados se dirigían directamente desde el aeródromo madrileño a las estaciones de tren y autobús. Jean Baptiste, de 22 años, está colocando su bicicleta en el autobús que le llevará hasta Orange, al sur de Marsella (Francia). «Desde allí retomaré mi camino en bici», explica, «hasta llegar a un pueblecito de Bretaña». En las filas para sortear el control de seguridad de la T4 las razas se entremezclan. Sin embargo, la multiculturalidad que se ha vivido estos días en Madrid se disipará en unos días. «Es increíble lo que consigue un mismo culto», explica el padre Anselmo, que vuelve con sus feligreses a Costa de Marfil.


«Me llevo un novio como souvenir»
En el aeropuerto de Barajas, las camisetas amarillas inundan los pasillos. En las tiendas de recuerdos también hay cola. «He comprado una mantilla para mi abuela», dice Luis, que vuelve a México. Pamela, mientras señala a un joven, asegura que el mejor recuerdo es el suyo: «Me llevo un novio».