España

De Bildu a Ben Laden

Ayer, 2 se mayo, no fue el heroico pueblo madrileño el que salió a la calle para celebrar la victoria sobre el enemigo, sino el pueblo norteamericano, con su presidente a la cabeza.

La Razón
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De nosotros mismos cabía esperar mucho más el día en que era eliminado Ben Laden, tal vez que cientos de ciudadanos se concentraran en Atocha, en torno al monumento del 11-M, para rendir homenaje a las víctimas y honrar a la justicia. Pero nadie se movió y el soleado 2 de mayo se nos fue en retóricas de casino provincial y, aún peor, en críticas a la explosión de orgullo que sacó al pueblo norteamericano de sus casas. En la zona cero de Manhattan y frente a la Casa Blanca, miles de jóvenes se reunieron para celebrar de forma espontánea la muerte del líder de Al Qaida. «Es la victoria de un pueblo unido», vino a decir Obama en un breve discurso a la nación en el que empleó la elocuencia de quien se sabe protagonista de la historia, no mera comparsa. La distancia entre EE UU y España es anímica, no geográfica, y mientras en el primero sus ciudadanos escriben los renglones del futuro, en la segunda una parte de sus habitantes arrastra pesadamente los pies ante el enemigo terrorista, al que les da escúpulos combatir y vencer.

Así, al mismo tiempo que Obama proclamaba el valor de la unidad, el lendakari vasco asumía como una contrariedad que el Tribunal Supremo ilegalizara todas las listas electorales de Bildu. Mientras que allí el país se mostraba orgulloso de sus marines, aquí se acusaba a los americanos de actuar «por odio». ¿Qué otra actitud cabe esperar de quienes incluso han salido en defensa de Troitiño y De Juana Chaos? Sí, también esta vez los estadounidenses nos han dado una lección de coherencia y de civismo democrático. Más que en la tragedia, la grandeza de una nación se mide en las horas del triunfo, en cómo lo alcanzan y en cómo defienden sus principios morales frente a los que intentan destruirlos con dinamita. Ayer nadie acudió a Atocha a contarle a las víctimas del 11-M que el jefe de sus asesinos había sido ajusticiado. Ni siquiera hubo discursos como el de Obama para recordarnos que ningún chantaje terrorista cegará el camino de libertad porque lo combatiremos unidos, sin ceder un solo palmo, hasta su derrota. Ayer, los héroes del Dos de Mayo fueron los norteamericanos, que también han hecho justicia a las víctimas de Atocha.