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Ferreri y Azcona amor por los pelos

El director y el guionista escribieron «Se acabó el negocio», un filme sobre el abuso del amor

¿Pueden las mujeres barbudas soñar con una vida normal? En la reciente «El circo de los extraños», no sabemos si Salma Hayek considera que casarse con un vampiro significa llevar una vida normal. Lo que sí sabemos es que Marco Ferreri y su cómplice y co-guionista Rafael Azcona sabían que la vida de una mujer barbuda no tenía pinta de ser fácil, sobre todo si se cruzaba en su camino un desaprensivo de la calaña de Ugo Tognazzi. «Se acabó el negocio» (1964) es una obra maestra de esa comedia italiana de los sesenta que amarga en la boca, protagonizada por una pareja, bizarra como pocas, que nunca debería haberse conocido: ella, Maria (Annie Girardot), tiene nombre y corazón de virgen pero aspecto de gorila, con todo el cuerpo cubierto de pelo; él, Antonio, es un explotador diplomado que cree encontrar en esta mujer peluda, de alma pura y mirada inocente, el perfecto chivo expiatorio para su negocio, que consiste en comerciar con la diferencia de los demás, en convertirlos en aparador de lo que al resto, alérgico a la extrañeza del Otro, puede parecernos monstruoso.

Ferreri y Azcona se inspiraron en el caso real de Julie Pastrana, una mujer mexicana que, en el siglo XIX, y cubierta de pelo, murió al dar a luz un bebé idéntico a ella. Su marido embalsamó los cadáveres de esposa e hijo y se dedicó a exhibirlos por toda Europa como fósiles de barraca de feria. Hubo, pues, una exhibición de atrocidades antes de que Ballard la imaginara como depósito de un Apocalipsis futuro, y Ferreri y Azcona, atentos a la humillación que toda relación amorosa comporta, utilizaron esta historia escalofriante para hablar del sacrificio y el abuso que se cuece en un amor descompensado.

La mujer barbuda se enamora de su explotador en un caso insólito de violencia de género: la animalidad de su aspecto, que contrasta con su dulzura femenina, pone en jaque la virilidad del macho, tema caro al cine de Ferreri. El resultado saca ternura de lo grotesco en una situación terrible: el «strip tease» de la mujer-orangután o la ceremonia matrimonial con el hombre que va a seguir sacando tajada de su deformidad son momentos clave de la historia del cine italiano. Mientras tanto, Maria languidece de amor. Los ojos de Annie Girardot, intentando abrirse paso por la mata de pelo que los recubre, son conmovedores: es la devoción que siente el monstruo por lo «normal» después de mirarse en el espejo. Sólo así puede entenderse una pasión tan triste, tan entregada: el deseo de ser «normales» no puede hacer más que destruirnos, sobre todo si eso significa ser mujer y tener que afeitarse cada día.

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Marco Ferreri, el misógino
Desde «L'Ape Regina», donde un hombre es utilizado por su esposa casi como donante de semen de usar y tirar, hasta «La última mujer», donde la actriz Ornella Muti castraba a Gerard Depardieu, el cine de Marco Ferreri se mostró especialmente preocupado por la muerte de la masculinidad en la sociedad contemporánea.
Lo de que la mujer es el sexo débil es una falacia sin igual: la mujer decide, toma o deja, castiga o premia. En una filmografía tan misógina sorprende encontrar una película tan sensible con la causa femenina como «Se acabó el negocio»: quizá porque ocupa un lugar inclasificable en la obra de Ferreri, nunca ha sido considerada como la obra mayor que sin duda es.