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No es un ultimátum José Antonio Vera

La Razón
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Lo más llamativo de la primera ronda de contactos entre el presidente electo y los líderes sindicales es el clima razonable de diálogo que parece respirarse a la hora de abordar un tema siempre espinoso como el de la reforma laboral. Rajoy tiene claro cuáles son sus cuatro primeros objetivos y a ello se ha puesto antes de que sea investido presidente y de que nombre Gobierno. La reforma laboral es el primero. Los otros tres afectan al sistema financiero, la lucha contra el déficit público y la batalla en Europa para lograr que España no se quede descolgada de la primera velocidad del euro. Este último depende mucho de los anteriores y por eso se ha puesto manos a la obra el presidente del PP con las reformas laboral y financiera.

Bueno es que sindicatos y empresarios emprendan las conversaciones con voluntad de superar discrepancias y de lograr un acuerdo entre todos antes de Reyes. Particularmente moderado se manifestó el líder de Comisiones, Fernandez «Toxo», mientras que estuvo más distante Méndez.
Tanto Méndez como «Toxo» dan por seguro que habrá una nueva reforma laboral, e incluso parecen dispuestos a aceptar que sea el Ejecutivo quien finalmente decida, caso de no haber acuerdo. Ciertamente no creo que el país esté para manifestaciones o huelgas, y sería bueno que todas las partes dieran muestras de madurez sellando un pacto que beneficiará sobre todo a la sociedad española.

Es verdad que una reforma laboral no puede por sí misma, al menos a corto plazo, solventar el problema del desempleo. Pero es un pilar fundamental para la recuperación. Rajoy no está por imponerla, y de hecho no quiere que su posición se interprete como un ultimátum. Por eso le ha dicho a ambos líderes: poneos de acuerdo en los temas básicos, y si al final hay alguno sin solución, el Gobierno mediará para alcanzar el consenso. Es razonable.