Concha Velasco: «Ahora actúo sin artificios con toda la celulitis»

Encarna a una ex prostituta judía en «La vida por delante»

Concha Velasco: «Ahora actúo sin artificios, con toda la celulitis»
Concha Velasco: «Ahora actúo sin artificios, con toda la celulitis»

¡Qué difícil ser Concha Velasco! Ustedes dirán: un personaje ya familiar para la generación de mis abuelos, pero que los veinteañeros siguen señalando por la calle. Pocas, como ella, son carne rosa de portada y, al mismo tiempo, actriz de culto. Quién puede presentar un concurso televisivo sin dejar de ser considerada una dama del teatro, o, aún más complicado: exhibir su posicionamiento político y agradar a los que votan al partido contrario. Como para predicar su versatilidad con el ejemplo, me recibe ordenando su camerino –«cada fotógrafo que llega me lo desorganiza»– y me despide comentando que su hijo le dijo el otro día que «vergüenza ajena» se dice en inglés «Spanish shame»: «Así que ya ves cómo estamos». Ha arrasado en Barcelona y en una enorme gira con «La vida por delante», la versión de José María Pou de la obra de Romain Gary, que triunfó en París y en el cine, gracias a la cual Simone Signoret logró el Oscar en 1977.

- Pues eso, como decía antes: Qué difícil ser Concha Velasco, ¿no?
- Pues no, simplemente soy muy sincera, no oculto nada. Soy más bien cobardica, pero cuando tomo una postura me siento en la obligación de mantenerla.

-Sin embargo, con el anuncio de su retirada parece que le pasa como a los toreros...
-Pues sí, y lo lamento. Lo dije en una entrevista un día que tenía un humor de perros: había dejado de fumar, engordé diez kilos... me veía vieja y horrorosa. Lo solté y luego, una chica de Valladolid como yo, tiene que mantenerlo. No se pueden decir cosas así de rotundas.

-Su personaje es una ex prostituta judía que funda una especie de hospicio para hijos de otras compañeras. Pero, además, carga con un pasado inasumible para cualquier humano: sobrevivió a Auschwitz.
-Perdió a toda su familia, aunque hay algo peor, según ella cuenta: «En todos los países hay gente racista, en Francia menos, pero a mí me denunció un francés racista que además era mi marido».

-Curiosa frase en días como estos.
-De ahí la vigencia de esta historia. Se escribió cuando se echó de Argelia a los árabes con pasaporte francés (los pied noir). Y ahora, con la expulsión de los gitanos en Francia, vemos que todo sigue igual. Ésa es la mayor tristeza de esta función: pensaba que estábamos contando una historia que ocurría antes y no es así. También se rechaza a la gente por su ideología, la religión... Quizá no hemos sabido manejar la libertad.

-¿Es duro interpretar a un personaje en pleno declive físico cuando uno tiene la misma edad?
-En mi vida sufro mucho por ser mayor. A todas las mujeres nos gustaría ser eternamente jóvenes para seguir gustando. Cada vez que me presentan a un señor lo primero que digo es que tengo 70 años para que no se atrevan a decirme nada. Elegí este papel para salir al escenario sin artificios, con toda la celutis.
 
-Una mujer tan coqueta como usted, ¿cómo se siente al ver Madrid plantado de carteles en los que está tan vieja y mal pintada?
-Si algo tiene esta empresa es que lanza muy bien los espectáculos. Me recuerdo mucho a mi madre en la foto. Estuvimos dos días hasta que logramos la mirada ausente que José María Pou quería.

 -Hablando del director, sus amigos le habían advertido que era muy exigente. ¿Cómo resultó?
-Lo fue aún más. Al principio no le pillaba el punto. Es más, hasta que no hicimos las fotos del cartel no sabía lo que él quería. Cuando creía que ya había conseguido algo me hacía ensayar otra vez. Nos pasábamos ocho horas repitiendo escenas con sólo un plátano y una botella de agua en el cuerpo.

 -El otro personaje central es un chico de 14 años que recogió cuando tenía tres. ¿Qué aprende una anciana de alguien de esa edad ?
-A las personas mayores nos encanta que nos escuchen. Qué iba a hacer ella sin él, pero Momo es un pillo. Son dos egoístas: sólo un viejo de 80 años es tan egoísta como un joven de 17. ¿Por qué se entienden tan bien los abuelos con los nietos?


Cita pendiente con Amenábar
Le propongo que imagine decir adiós con una película de Alejandro Amenábar, que no se cansa de repetir que es una de sus actrices favoritas de todas las épocas: «Le adoro, además creo que la crítica y el público han sido injustos con "Ágora". Sé que no me va a dar nunca un papel en su cine porque después de esta película, que le ha costado mucho dinero, tiene que buscar un reparto internacional.Me vale con que haya dicho que le gusto».



- DÓNDE: T. La Latina.
- CUÁNDO: Miércoles y jueves, 20:30 h., viernes y sábado, 19:30 y 22:30, domingo, 19 h.
- CUÁNtO: de 18 a 28 euros. 902.400.222.