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La Razón
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Es difícil ponerse en la mente de cualquier per-sona que una mañana se levanta y decide disparar contra una concentración de personas y mata a seis de ellas y hiere a otras catorce. Pero si esa persona es un joven de 22 años es todavía más difícil.
El joven pistolero de Arizona, Jared Lee Loughner, provocó una matanza el sábado en Tucson donde había una concentración de miembros del Partido Demócrata norteamericano encabezados por la congresista Giffords, que recibió un tiro en la cabeza y sigue en el hospital.
Por la información que se ha ofrecido desde el sábado, se conocen todos los detalles de cómo actuó el presunto asesino, Jared Lee Loughner, que usó una pistola automática con cargadores y de la conmoción nacional que se ha originado por el ataque a la representante demócrata y que ha logrado que las fuerzas políticas aparquen sus diferencias de momento.
Pero del joven Jared no se sabe nada salvo que fue detenido en el acto y ha pasado ya por el juez. No se conocen a sus padres ni a sus amigos. No se sabe si terminó de graduarse en el colegio y qué hacía en estos momentos para ganarse la vida. Si es mentalmente sano o un desequilibrado mental.
No hay en el joven Loughner ningún pasado político o terrorista, no se conoce ninguna referencia previa ni posterior a las personas que atacó en el supermercado de Tucson.
Parece que su actuación ha salido de uno de los muchos ejemplos de ataques en los violentos videojuegos, que abundan en los locales comerciales o en sus casas. Y lo único que le ayudó fue la facilidad para conseguir un arma en el mercado.