Linchamiento electoral

La Razón
La RazónLa Razón

Desde hace mucho tiempo, la Comunidad Valenciana es punto de mira del PSOE. La tremenda victoria del Partido Popular, primero con Eduardo Zaplana y ahora con Francisco Camps, es un aguijón perpetuo. A Zaplana le investigaron hasta los calcetines, sin encontrar jamás indicio delictivo alguno. A Camps le acosan sin piedad por los trajes, mientras se olvidan asuntos turbios en municipios socialistas alicantinos. Es la doble vara de medir. Una corrupción de la izquierda tiene bula. Si se trata de la derecha el acoso es feroz, con ayuda de sempiternos corifeos mediáticos. Mariano Rajoy y la cúpula popular han cerrado filas con Camps y su secretario general, Ricardo Costa. Ello predice que los dos políticos valencianos tienen segura su defensa y limpias las manos. El hecho de que ambos declaren como imputados se presenta como acusación, cuando es todo lo contrario. La imputación permite defenderse personalmente ante el juez y aclarar los hechos en versión propia. Es lo que deseaba el presidente valenciano, para zanjar cuanto antes algo que busca su desgaste político y, de paso, también el de Rajoy. El PP valenciano fue clave en la consolidación del liderazgo de Rajoy. Por ello, esta campaña persigue cargarse a dos por el precio de uno. Los socialistas son maestros en linchamiento cuando las urnas les dan la espalda. La próxima semana es clave para Paco Camps. Pero se siente, se presiente, que en este caso no habrá cazador cazado.